Opinión

30 Nov 2015
Opinión | Por: Ricardo Hernández

¿Deserción escolar o resultados PAES?

El único error que cometió Cristian al salir del instituto fue acompañar a Sandra hasta la otra parada de autobús. Ambos sabían que esa cuadra (esos 150 metros aproximadamente) estaban prohibidos para Cristian, pero la insistencia de la muchacha fue tal que, al final, el joven aceptó.

Todavía no habían llegado a la cancha cuando un cipote de unos 14 años les silbó, bajó corriendo hasta la calle y llamó a Cristian aparte.

Le pidió una cora.

-Fijate que no ando- le dijo.

-Vos no sos de aquí, ¿va? Ya me dijeron que andás vacilando con los de allá arriba.

-No, vos, si querés revisame el teléfono. Yo no le hablo a nadie. Mirá. Yo no vacilo con nadie de allá arriba.

-La onda es que un día de estos te vamos a vigiar, ¿va? Ya no te quiero ver por estos lados, ¿va?

Cristian se encogió de hombros y se metió las manos a los bolsillos. El niño se dio la vuelta sin dejarlo de ver de modo amenazante. Cristian regresó hasta donde estaba su compañera Sandra.

Cristian regresó triste.

-Yo creo que ya no voy a venir a estudiar aquí.

-¿Por qué? ¿Qué te dijo?

-No, nada, solo que ya no voy a venir para evitar problemas.

Y ya no dijo nada más.

Al día siguiente, la señora Morán llegó al instituto a retirar los papeles de su hijo*.

Esto sucede en muchas escuelas de El Salvador.

Esto sucede a diario.

Ministerio de Educación, Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, Policía Nacional Civil, ¿qué planes desarrollan para que esto ya no le siga pasando a miles de jóvenes? Según datos recientes, los índices de deserción escolar han ido en aumento. Indagaciones del periódico digital El Faro revelan que la deserción escolar se duplicó durante los últimos cinco años por razones asociadas a las amenazas de las pandillas.

Ministro de Educación, tenemos una generación que está creciendo en un clima de miedo, ¿realmente cree que a muchos jóvenes les importa más sacar una mejor nota PAES que llegar con vida a sus hogares y escuelas?

Señores del gobierno y sociedad en general, ¿de qué sirve dar un par de uniformes para elevar, supuestamente, las notas de la PAES si los estudiantes, de llegar a graduarse, les resultará difícil encontrar un empleo (en el mejor de los casos, digno) para elevar su calidad de vida?

Por más que el presidente se comprometa a mejorar los resultados educativos, ¿de qué servirá si antes no se cambia el entorno y las condiciones en las que viven estos muchachos? ¿De qué sirven las computadoras, paquetes y alimento escolar, si a nuestra niñez y juventud se le obliga a emigrar de sus comunidades? ¿Son estas las políticas que están apegadas a las necesidades de nuestra sociedad? ¿Son estas las políticas que urgen e importan en el gobierno?

El Salvador duele, sobre todo, cuando el crimen y la impunidad están a la orden del día. Cuando casi la mitad de salvadoreños desea emigrar, como lo demuestra esta encuesta de hace un año,  porque consideran que aquí no tienen ningún futuro.

Creo que nadie puede negar que tenemos un país donde el miedo, el crimen, el desempleo y la corrupción nos están obligando a desertar. Antes de hablar de #BuenVivir y prometer que se invertirá más en educación (con un presupuesto recortado), deberían de cambiar este terrible estado primero, y luego comenzar a hablar de mejorar.

*Este relato está basado en un hecho real que ocurrió a uno de mis estudiantes en 2014.

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