Opinión

12 Ene 2018
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Deseos electorales 2018

“Si los políticos son corruptos, aprovechados, vividores y otros adjetivos que quieran agregarles, es exclusivamente responsabilidad nuestra por permitir su permanencia en un puesto público”.

 

Todo lo bueno tiene que terminar. Nos tomamos un par de años libres de ruido electoral. Se acabó la época de paz y a las puertas de las elecciones legislativas, y municipales; ya es inevitable que estemos inundados de propaganda partidaria, molestos carros sonoros, vallas publicitarias con rostros “photoshopeados” y miles de poemas para enamorar al votante.

No es culpa de los políticos que la campaña se base en shows, entretenimiento, pan y circo para convencer a la gente de votar por ellos. Su objetivo es lograr el cargo de elección popular y buscan la manera más factible para convencer a las mayorías. Ahí está el resultado: los que más humo venden son los que ganan.

Ahora que en 2018 volvemos al ruedo electoral, en nuestras manos está evitar prestarle atención a este ejercicio barato de campaña partidaria y debemos exigir a los candidatos realizar prácticas encaminadas a ennoblecer la política, a tratar de convencer al elector a través de ideas, cambios desde el sector público y propuestas reales de trabajo que beneficien a la colectividad.

Debido a que la realidad y necesidades de los diferentes municipios son distintas, resulta complicado detenerme a esbozar ideas sobre las exigencias que podemos hacerles a los candidatos a Concejos Municipales. Pero, sí es posible efectuar cuestionamientos a los aspirantes a Diputados de la Asamblea Legislativa, y nuestro voto dependerá de sus respuestas y compromisos que adquieran. Aquí van algunas ideas.

  • Acreditaciones académicas y experiencia profesional. El trabajo legislativo requiere de una pericia técnica compleja, puesto que su quehacer profesional será proponer, estudiar y debatir proyectos de Ley que luego de aprobados, tendrán efectos, consecuencias o beneficios generales.

El candidato tiene que dominar las atribuciones constitucionales y legales del Órgano Legislativo y debe tener conocimientos en derecho constitucional, parlamentario y en su respectiva profesión. Es cierto que una persona no lo puede saber todo, sin embargo, es necesario que sus conocimientos y experiencia estén por encima del nivel promedio. Confiemos nuestro voto en la persona más preparada, no en la más popular.

  • Plataforma legislativa. A un candidato que nos quiera comprar nuestro voto con calendarios, camisas, gorras, escobas, lentes, CD’s, pasteles, etcétera, mejor preguntémosle cuáles son sus propuestas de trabajo. Y como sé que muchos venden fantasías, la segunda pregunta es qué o cómo hará para cumplir con esos proyectos. Confiemos en los que presentan coherencia entre el objetivo y el procedimiento, además de ser materialmente posible de cumplir.
  • Elecciones de segundo grado. El próximo período legislativo marcará una época crucial para garantizar la incolumidad del Estado constitucional de derecho. Tenemos que consultar la opinión de los aspirantes acerca del trabajo de la Sala de lo Constitucional y del Fiscal General de la República, y cuestionarlo sobre el tipo de profesional que pretende apoyar para ostentar esos cargos. Es necesario comprometerlo para evitar prestarse a elegir por cuotas partidarias y decantarse por la persona más preparada, desvinculada de partidos políticos, independiente, con excelente trayectoria profesional e intachable expediente académico.
  • Beneficios extras. Es imperativo preguntarles a los candidatos si utilizarán los beneficios extras que genera ser diputado, respecto a los bonos, viajes pagados con fondos públicos, viáticos, vehículos y demás. Escudriñemos si el candidato tiene interés por servir a su país, velar por la independencia de poderes y legislar para las mayorías, o solo quiere el puesto para disfrutar de las mieles del dinero y el poder.

Si los políticos son corruptos, aprovechados, vividores y otros adjetivos que quieran agregarles, es exclusivamente responsabilidad nuestra por permitir su permanencia en un puesto público. Es evidente que aún predomina la alimentación de la pobreza, los shows mediáticos y la retórica vacía para lograr réditos electorales, pero el soberano tiene el poder para presionar a los candidatos y exigirles dignificar la función pública, trabajar siempre por el bienestar común y enarbolar de orgullo a sus representados.

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