Opinión

25 Nov 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

DESARROLLO

¿Cómo nos estamos educando? ¿Qué estamos haciendo de diferente ante aquellos que manejan la nación de tan mala manera?

 

Viajar a través del mundo tiene sus enormes ventajas. Además de abandonar la comodidad, lo cotidiano y aquello que hasta cierto punto convierte nuestra vida en monótona, es posible conocer distintas poblaciones que abren nuestra mente a nuevas culturas. Pero más importante aún, nos hace aprender de éstas en aspectos que probablemente nunca experimentaríamos en nuestra nación.

 

Sin ánimos de personalizar o parcializar el texto, me encuentro en la disposición de hablar un poco sobre el caso de Chile, un país ubicado en el fin del mundo, en Sudamérica, allá donde acaba la tierra y comienza el hielo. Se puede hablar mucho de esta bella nación: su creciente economía en los últimos años, el enfoque de sus políticas públicas o incluso hasta la particular manera en que se comunican.

 

Sin embargo, todo lo anterior puede encontrarse fácilmente en libros, bases de datos y sin duda en internet. Fue así como en los últimos meses me dediqué a observar, junto con el transcurso del tiempo, la vida estudiantil en una destacada universidad en la capital de Chile. La experiencia no solo ha sido enriquecedora, sino que al mismo tiempo me ha permitido comparar y reflexionar sobre muchas de las premisas que en El Salvador se dicen prácticamente sin pensar en el significado de las mismas.

 

Las últimas semanas me encontré en una situación bastante reveladora. Mientras caminaba por dicha universidad, se me acercaron un par de jóvenes con papeles en las manos. Me preguntaron si ya había decidido mi voto. Ante mi casi involuntaria cara de perplejidad –dado que no tenía idea de qué hablaban-, uno de ellos se identificó y me entregó el papel. Comenzaron a hablar de una asociación temporal formada por ellos y que estaba compitiendo en las elecciones universitarias. Rápidamente entendí que estos jóvenes eran candidatos. La nota contenía diversas propuestas, así como un pequeño párrafo de por qué debían ser electos.

 

El tiempo transcurrió y llegó el día de las elecciones. Para mi enorme asombro, profesores, instructores de las asignaturas e incluso los mismos estudiantes incentivaban a votar. No era raro escuchar el típico “Si no votas, no te quejes”. El día pasó de lo más normal y las urnas cerraron a una hora determinada.

 

La semana siguiente noté otro evento que llamó mi atención. Se había declarado la semana de la diversidad en la universidad y de esta manera se incentivaba a respetar los derechos de las personas que integran la comunidad LGBT. En el campus se observaban mensajes y fotografías que hacían alusión al tema. Por otro lado, también observé una serie de factores a destacar. Desconozco realmente la seriedad con la que los estudiantes votaban o el porcentaje de estos que lo hacía. Lo mismo sucedió con el segundo evento.

 

No obstante, lo que destaco enormemente es el camino que siguen estos jóvenes. La continuación de estas prácticas a través de los años solamente va a concluir en algo de lo que El Salvador carece: desarrollo. La juventud salvadoreña, sobre todo la universitaria, clama constantemente por la renovación de sus políticos y el relevo generacional. Pero ¿será que realmente estamos listos para aceptar el desafío? ¿Cómo nos estamos educando? ¿Qué estamos haciendo de diferente ante aquellos que manejan la nación de tan mala manera?

 

El abandono de los fanatismos de todo tipo y la práctica de más y mejores acciones que conlleven a la unión juvenil, en ámbitos de educación secundaria y superior, comenzará a formar una percepción cultural más avanzada en la juventud salvadoreña. Formar conciencia política, electoral o sobre el respeto a los derechos humanos a todos los ciudadanos sin distinción, es un factor que debería instruirse desde la infancia y continuar a través de los años.

De esta manera, tal vez en unos años El Salvador pueda dejar de preocuparse por bajos índices de participación electoral, argumentando que el tribunal encargado de las elecciones no colocó suficientes afiches en universidades y empresas. Para generar desarrollo, hay que tener visión, y una muy amplia.

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