Opinión

23 Ene 2014
Opinión | Por: Julio Saravia

¿Derechos Humanos o Derechos para Criminales?

La Declaración Internacional de Derechos Humanos dice ser el fundamento de la libertad, la paz y la justicia en el mundo.  Además, estos fueron creados luego de las atrocidades ocurridas en la I y II Guerra Mundial, debido a que el desconocimiento e irrespeto de estos mismos derechos generaron actos de crueldad en contra de los seres humanos.

Pregunto yo: ¿Cómo es posible que estos derechos que buscan protegernos del mal, protejan a su causante? En El Salvador los homicidios, las violaciones y las extorsiones se encuentran a la orden del día. Y estas personas que se han tomado la paz, la libertad, la justicia y el respeto de nuestro país son protegidos por los derechos que suponen proteger a las víctimas. No logro comprender como cuando un perro ataca a una persona inocente es sacrificado, pero un violador se sale con la suya o si tiene mala suerte pasa unos días en prisión.

¿A quién protegen los Derechos Humanos? ¿A los criminales o a sus víctimas? Esta es una respuesta que no solo nuestro país debe buscar sino toda la comunidad internacional que se ve afectada hasta el día de ahora por la delincuencia. No podemos como Estado, como personas seguir permitiendo esta paradoja que en lugar de apoyarnos les da una especie de fuero a los delincuentes.

Un país, que ya le dio respuesta a esta interrogante y ha combatido la delincuencia hasta el tope ha sido Singapur.

Antes de 1960, Singapur se encontraba en la lista de los países con el más alto índice de criminalidad; existía además la impunidad, un desastre de gobierno, la corrupción y el tráfico de influencias que ayudaba a los criminales de todo nivel a salirse con la suya y así entorpecía el combate a la delincuencia.

Fue hasta 44 años después que Singapur comenzó a ver seguridad en las calles. Tras la llegada de Lee Hsien Loong, hijo mayor del dictador singapurense, vinieron cambios radicales que daban solución a un problema tan complejo como la delincuencia, que se había escapado ya de las manos del Estado al igual que en nuestro país.

Singapur acogió la pena de muerte y el trabajo forzado para los acusados de homicidio y violación, pero además, esta pena también se le aplica a todo aquel funcionario público acusado de corrupción siempre y cuando existan pruebas concretas de ello. Los violadores en su particular caso no solo eran sentenciados de esta forma sino que además eran expuestos a la luz pública y sus juicios eran televisados, de manera que todo aquel que fuera tentado por delinquir se enterará de lo que le esperaría si así lo hiciere.

Estas medidas tomadas en Singapur ante los Derechos Humanos son autoritarias y represivas y violan quizá más de uno de los artículos de su Declaración Internacional. Sin embargo, éstas han logrado su objetivo de obligar a todo aquel ciudadano que cometía actos delictivos a cambiarse al buen camino. Singapur es ahora uno de los países más seguros no solo de Asia sino que del mundo entero.

Debo aclarar que Singapur lleva años bajo una dictadura, y no es exactamente el mejor sistema que puede adoptar un país. Sin embargo, las políticas que ellos han acogido en el tema de seguridad para combatir la delincuencia han sido acertadas.

En nuestro país tristemente ocurre algo bastante similar a lo que sucedió muchos años atrás en Singapur. Los criminales de todo nivel se han tomado nuestro país. Nos impiden andar libremente por las calles, las mujeres temen ser violadas, la corrupción se ha tomado las instituciones públicas y somos víctimas de las extorsiones tanto de funcionarios públicos que piden mordida a cambio de un beneficio o como la de los pandilleros.  

No es ningún secreto que la delincuencia se ha escapado de las manos del gobierno y que ningún presidente ha tenido la capacidad de combatirla. Además, los Derechos Humanos son un tropiezo para erradicar la criminalidad. No es con soluciones superficiales que se va a luchar contra los delincuentes, necesitamos un combate serio en contra de la delincuencia y a personas serias para que lo ejecuten.

No podemos seguir así. Debemos no solo de exigir sino que trabajar para tener un país donde exista la paz, la libertad, el respeto y la justicia.

 

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