Opinión

25 Jun 2013
Opinión | Por: Juan Martínez

¿Dejar morir el náhuat?

Al abrir Facebook hace unos días me sorprendí por la cantidad de personas expresando su indignación ante un artículo publicado en El Diario de Hoy relativo al idioma náhuat. Me parece que la causa de tal indignación es el hecho que la columna parece sugerir que la lengua pipil debería dejarse morir, y que nada se perdería, debido a la carencia de uso práctico de la misma. Me parece que dicho artículo plantea una visión demasiado simplista.

Lo primero que llama la atención en dicha columna es la falta de, tan siquiera, el mínimo nivel de conocimiento acerca del idioma que critica. El náhuatl, del que habla el autor, es la variedad que se habla en México y, aunque guarda ciertas semejanzas, confundirlo con el náhuat (variedad hablada en El Salvador) es como no saber distinguir entre el español y el portugués.

Pero algo más indignante, es el asociar el proceso de revitalización de la lengua pipil con la ideología comunista. Los primeros intentos para rescatar el náhuat fueron realizados por CONCULTURA en 1989 (¿era el gobierno “comunista” en aquel tiempo?), y a partir de 2003 es la Universidad Don Bosco la que ha liderado un nuevo proceso de rescate. Al asociar al náhuat con los “comunistas”, el autor de dicho artículo comete el mismo error que algunos personajes públicos, quienes toman a Monseñor Romero por bandera, degradando su memoria al nivel de politiquería.

Finalmente, es claro que el autor no tiene una perspectiva clara del valor de aprender un idioma. Aunque es cierto que la comunicación es uno de los fines del lenguaje, su estudio brinda muchísimas otras satisfacciones, una de las cuales es el profundizar el conocimiento de sus hablantes. Por ejemplo, quienes hayan estudiado a profundidad el idioma japonés comprenderán que la utilización de ideogramas, así como la estructura gramatical casi invertida, refleja (e influye en) la mentalidad japonesa, más inductiva y más enfocada en la armonía entre los objetos y el entorno.

El español y el náhuat se han venido influyendo mutuamente desde el momento en que se encontraron, llevando a una forma de hablar “propiamente salvadoreña”, la cual todavía utilizamos en el día a día. Por lo tanto, el aprendizaje del náhuat puede ayudarnos a comprender y disfrutar con mayor profundidad algunos aspectos de nuestra identidad cultural. Después de todo ¿quién no creció con el “¡vení comé ya!”? ¿A quién no le dijeron “bicho feyo”? frases que adquieren su sabor particular gracias al uso de estructuras gramaticales que se cree son derivadas del náhuat.

Dado que los esfuerzos por recuperar la lengua pipil son principalmente privados, y motivados por el interés de un grupo de individuos con intereses meramente culturales (que además comparten el conocimiento de forma gratuita), no veo el punto de desearle la muerte a un idioma que no le estorba a nadie. Es cierto, la enseñanza obligatoria del náhuat en las escuelas públicas sería una medida insensata: gran parte de la población salvadoreña desconoce reglas gramaticales y ortográficas básicas del idioma español necesarias para manejarse en un ambiente formal de trabajo. Adicionalmente, la proficiencia promedio en el idioma inglés, de gran importancia para el crecimiento económico y la generación de empleos, es todavía demasiado baja. En estas circunstancias, desviar recursos hacia la enseñanza obligatoria del náhuat sería un paso atrás en materia educativa, su difusión debe basarse en el interés genuino por conocerlo, no en la imposición. El náhuat es un activo valioso para nuestro país, como símbolo de nuestra historia y como una oportunidad interesante para fortalecer la marca-país.

 

A la comunidad náhuat-hablante ¡sujsul padiush (muchas gracias) por la información!

 

Juan Martínez- Columnista de opinión de MedioLleno

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