Opinión

31 Dic 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Defendiendo lo indefendible

No cabe duda de que el fin de año se presta para interpretaciones muy comunes en todas partes del mundo, tanto así que digamos que un escritor no puede quejarse de no poseer una excusa para redactar aunque sea algo tremendamente malo.  Se puede agradecer por lo hecho, arrepentirse del pasado o proponer nuevos retos para el futuro.  Sin embargo, en pocas ocasiones algo se cuela entre la cena con el pavo y las pláticas más estériles en la mesa de los viejos.

 

De más está decir que las elecciones están a la vuelta de la esquina y que el diario a vivir ha vuelto a ser el circo que era hace cinco años. Si para los políticos es mejor pedir perdón que pedir permiso, pues ojalá que al menos hicieran lo primero. Pero, ¿y qué les podemos decir si nosotros les hemos permitido jugar a su placer? ¿Qué hacer si se sigue bailando su música?

 

Me levanto en un país donde abogados y médicos sacan un curso de Economía en menos de lo que termina la entrevista del presidente, y en donde el máximo argumento de los economistas es decirle “prepotente e irresponsable” a su presidente, cuyo gobierno no es – dicho sea de paso- el peor. Escucho golpes que salen del hígado, cargados de rencor, y no de ideas ¿Esto es lo que son los jóvenes? ¿Estas son las manos que van a dirigir el país?

 

“Es un prepotente, me da pena ajena”. “El país nunca ha estado peor”.  “Este tipo es una vergüenza, un irresponsable y este es un gobierno nefasto”.  Eso es gran parte de lo que mi mente alcanza a recordar sobre las expresiones de muchos mientras nuestro Presidente Mauricio Funes concedía una entrevista en CNN. Fue ahí cuando mi mente dio un pequeño viaje en el tiempo e hizo clic. Sabía que esas expresiones las había escuchado antes en algún lugar. ¡Exacto, en la Asamblea Legislativa! Esos jóvenes se convertían en lo que tantas veces han criticado: personas poco propositivas que golpean más con el hígado que con las ideas. Veía “todólogos” y no ciudadanos de una nueva generación.

 

Los jóvenes no vivieron la guerra, es cierto, pero a veces siguen hablando como si lo hubieran hecho. Antes, mataban por manifestarse, por defender lo que se consideraba correcto, lo indefendible. Elegían presidentes con el dedo y si no te gustaba, se solucionaba con sangre derramada. Llegaba el ejército a investigar a los hogares y si se llevaban a alguien, difícilmente aparecía vivo. Conducías por la calle, saltaba la guerrilla y de repente estabas en medio de una emboscada. No repitan la guerra, aprendan de ella.

 

De no haber sido por quienes se alzaron en armas, no tendríamos el avance en democracia que vivimos por ahora. No podríamos expresarnos con la libertad que tenemos. Pero sucede que, en el buen salvadoreño, el gusto nos rebalsa. No se valora aquello que le hizo falta a nuestros padres, porque ya nacemos con marca registrada en derechos humanos.

 

Lo indefendible lo define cada uno. No me hace lógica recriminarle ser bachiller al presidente si muchos malos diputados tienen una largo currículum de títulos, además de que es un insulto de mal gusto para aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar. No me hace sentido rasgarse las vestiduras por el bajo crecimiento económico de este quinquenio si tenemos más de 15 años con el mismo problema (basta con ver los datos). No es nada nuevo. ¿Por qué sacar esa carta hasta ahora y convertirla en algo político?

 

Investigar, escuchar y razonar. No hay que perderse con lo primero que se oiga ni con lo que se nos cuenta.  A veces basta conseguir un par de datos para empezar a curiosear y atreverse a defender algo aparentemente indefendible. ¿Qué no fue, acaso, hace un par de días que se celebró el nacimiento de uno de los más grandes defensores en la historia de la humanidad? ¿O es que ese ejemplo no cuenta porque fue hace más de 2000 años?

 

La monotonía de la vida no está en la repetición de una rutina, sino en saber que se ha perdido la capacidad de admirar algo cotidiano, algo -a veces- aparentemente indefendible.

25 Jul 2017
Legado de 3D para El Salvador
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

Legado de 3D para El Salvador

24 Jul 2017
Feliz No Cumpleaños, “Nayibcito”
Opinión | Por: Mario Matheu

Feliz No Cumpleaños, “Nayibcito”

24 Jul 2017
La mujer y El Salvador: Más que solo un útero
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

La mujer y El Salvador: Más que solo un útero

19 Jul 2017
¿Por qué a los jóvenes no nos interesa la política?
Opinión | Por: Karen Vargas

¿Por qué a los jóvenes no nos interesa la política?