Opinión

1 May 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Dedicado a los nuevos alcaldes y diputados

No permitan que se contaminen por políticos que viven aprovechándose de su cargo para recetarse bonos, regalos, viajes y viáticos a expensas del dinero del pueblo.

Felicitaciones, alcaldes y diputados. Felicidades por el triunfo obtenido en aquel ajetreado 1 de marzo. Felicidades por ganarse la confianza que el pueblo depositó en ustedes para dirigir los designios de nuestra nación. Felicidades, porque con su trabajo, esfuerzo y mucha dedicación en campaña, desbancaron a los dinosaurios que pretendían jubilarse en ese puesto público.

Lamento que ustedes, diputados de San Salvador, no tomarán posesión este día, por culpa de la ineficacia e ineptitud del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Por el momento quedaron en el limbo y a la espera de que algún día terminen el recuento de votos.

El resto de nuevos diputados y alcaldes, además de estar alegres, continúan pensando en la enorme responsabilidad y las obligaciones que adquieren a partir de este día. No es para menos. No es fácil ejercer tan delicados cargos, especialmente por la permanente vigilancia y fiscalización de parte de algunas instituciones del Estado, del periodismo investigativo y de la inmediata reacción ciudadana.

Si decidieron entrar a este rodeo, espero que sea por cambiar la realidad política que está afectando grandemente a El Salvador. No permitan que se contaminen por políticos que viven aprovechándose de su cargo para recetarse bonos, regalos, viajes y viáticos a expensas del dinero del pueblo. No se dejen influenciar por funcionarios que transan negocios privados y obtienen beneficios mediante artimañas y fraudes legales. Rechacen a los que hacen de la política un negocio familiar. El país no necesita a esos políticos, no quiere a personas que a partir de este día se olvidan de quienes los llevaron hasta allí. Si los votantes los eligieron a ustedes es porque ya están hartos de ver más de lo mismo, cansados de tanta corrupción, asqueados de conductas antiéticas e indignados de ver demasiadas acciones repudiables que no abonan en nada al desarrollo del país.

Es de conocimiento popular el desfile en la Asamblea Legislativa de personajes cínicos y arrogantes, la existencia evidente de maletines negros, el inconstitucional transfuguismo cuando los intereses convienen, el compañerismo abnegado cuando se trata de recetarse bonos y de la enemistad capital que impera en las negociaciones con intereses contrapuestos. De esa epidemia está prohibido contagiarse, nuevos diputados, porque el país necesita una cura urgentemente, y ustedes, si es cierto que no salvarán la nación por sí solos, pero con su trabajo, dedicación, responsabilidad, puntualidad, austeridad, transparencia, ética, apertura a la gente y aprobando decretos pensando en el bienestar del pueblo, este los premiará y habrán dado un giro brusco y necesario para enderezar el camino que nos está llevando al precipicio.

A ustedes, nuevos alcaldes, sabemos que les espera un trabajo de laberinto, pero que no valdrá ninguna excusa para realizar una decepcionante gestión. Tendrán que escabullirse de acostumbradas subordinaciones y de aglomeradas tentaciones. Deberán ser la razón por la que la gente se interese en la política y se anime a votar. Estarán obligados a actuar con sensatez, honradez, transparencia y sobre todo, a ejecutar obras visiblemente beneficiosas para los diferentes estratos sociales. Está prohibido ser uno más de los mismos. De su actuación depende que los votantes los premien o castiguen en los posteriores comicios. Ustedes deciden cuál opción quieren que prevalezca.

Por último, los tiempos en que la bandera partidaria los acobijó ya pasaron. No pueden ahora acobijar a su partido político. Protéjanse de la ceguera que provoca el fanatismo partidario y olvídense de perseguir intereses minoritarios e ilegítimos. Como gobernantes que son, a partir de hoy, representan al pueblo entero: a los que votaron por ustedes, los que votaron por otro, los cansados de la política, los niños y adolescentes que aún no votan. A TODOS, buena suerte.

Atentamente: un joven ciudadano que quiere una transformación positiva en su país.

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