Opinión

15 Ago 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Debates ideológicos

Hace unas semanas tuve el placer de presenciar un debate realizado por y para jóvenes. Felicito a quienes han dirigido la iniciativa y espero siga siendo de provecho para la sociedad. Más allá de argumentar sobre los temas que se discutían, me parece vital rescatar ciertos puntos que siguen estando en boca de muchos que se mantuvieron al tanto de la situación.

En primer lugar, me alegra darme cuenta de que este evento generó cierto incentivo crítico en las personas, tanto en adultos como jóvenes. Había ya pasado una semana desde el debate y muchos estudiantes aún seguían comentado sobre las diversas posturas mostradas por los protagonistas. Personas a quienes nunca había escuchado expresarse de esa manera, y sobre esos temas, finalmente lo estaban haciendo. Y de esto existe mucho más que rescatar, pues no consiste solo en lo que se ha generado, sino en lo que se puede formar en el futuro.

No hay duda de que si queremos formar ciudadanos críticos, es necesario hacer cosas diferentes. En esta época, a veces leer los periódicos y mirar los noticieros no es suficiente. No solo se genera conciencia crítica escuchando a los demás, sino también definiendo criterios propios y argumentos aplicables a la realidad. Es así como se vuelve una tarea indispensable para las universidades, y por supuesto para los jóvenes, aprender a generar ciudadanos más críticos y responsables.

Por otro lado, a partir de esta discusión se han generado muchas posturas sobre si un debate puede ser ideológico o no, y quizá más importante aún es si deba serlo. En El Salvador existe un nuevo discurso sobre la sociedad civil. “Dejemos atrás las ideologías”, dicen muchos; o “Yo no tengo ideología, porque ninguna funciona.” Aclaro que todas estas posturas son respetables, pero como dijo un respetado jurista salvadoreño: “cada quien siempre tiene su corazoncito ideológico”.

Y es que la aversión a las ideologías se deriva, muy probablemente, de la pésima política partidista que vivimos cada día. No hay que confundir. Un asunto es simpatizar con ARENA o FMLN, por ejemplo, y otro muy distinto es ser de izquierda o derecha. Bajo esta premisa, entonces, un debate sí puede ser ideológico, y de hecho siempre lo es, solo se modifica su magnitud. Constantemente leemos artículos entrevistas, etc., con poca o ridícula inclinación hacia un sector político en específico. Quizá escribir desde o contra una ideología no es lo que realmente perjudica, sino intentar disimular que se es lo más objetivo posible, cuando en realidad no sucede así. Escudarse en las estadísticas no siempre refleja objetividad, sino responsabilidad.

Ahora me refiero a las palabras de Carmen Aida Lazo, una de las juezas de aquel debate,  muy respetada académica y profesional: “A los jóvenes no debemos enseñarles qué pensar, sino cómo pensar”. Y quizá más que enseñarles cómo, también es vital recordarles que existen muchas maneras de hacerlo, pero que nuestro país urge de un  modelo propositivo y sostenible. Los profesores y demás académicos tienen el deber de instruir a los jóvenes para que no cometan los errores del pasado, porque si revisamos la historia nos podremos dar cuenta que enseñar qué pensar puede desembocar, incluso, en conflictos armados de 12 años.

Las ideas no se pueden tildar de erróneas por ser de izquierda o derecha. El tiempo nos ha demostrado que las sociedades son cambiantes y que ambas posturas pueden ser igual de dañinas o beneficiosas si se lo proponen. Sin embargo, sí se puede desmeritar un argumento por su naturaleza poco propositiva e insensatez ideológica. Hace ya más de 20 años, muchos de nuestros actuales funcionarios se sentaron, de manera muy similar a como nosotros intentamos hacerlo, para atacarse con frívolos argumentos ideológicos. Agradezcamos que ellos nos demostraran que seguir ahondando en esas posturas solo puede traer más guerra y división social.

Seamos jóvenes competitivos, pero con conciencia social; astutos, pero también responsables. No les pido que nos definamos por un camino (llámesele izquierda o derecha), pero sí pongámonos de acuerdo hacia dónde queremos llegar. 

  • Aplaudo tu argumentación Jaime. Si me lo permites, me gustaría relacionarlo con el famoso caso de estudio “Robin Hood” de la materia, Estrategia de Negocios:

    http://www.cunef.edu/libreria/Case_Analysis.pdf

    Uno debe saber en que cree, que defiende y hacia donde quiere llegar para mantener coherencia de pensamiento, sentimiento y obras. De lo contrario, uno pertenece con suerte a una chusma, a una banda de montoneros.

    • Jaime Ayala

      Gracias por leer y comentar. Voy a darle una buena leída a lo que me recomiendas. Saludos!

    • Jaime Ayala

      Gracias por leer y comentar. Voy a darle una buena leída a lo que me recomiendas. Saludos!

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