Opinión

2 Oct 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

¡Debatamos sobre el aborto!

Invito a las personas a que se concentren en un debate profesional, técnico y respetuoso sobre el tema del aborto.

Está fuera de mi alcance el sentimiento que atraviesan aquellas mujeres que han experimentado un aborto. Y por aquellas me refiero a las que por diversas circunstancias no lograron culminar el curso natural de un embarazo. El contraste biológico que el hombre tiene con respecto a la mujer naturalmente conlleva a la imposibilidad de experimentar en carne propia la vivencia de un aborto. Sin embargo –y a pesar de la risible y grotesca obviedad de mi argumento que podría ser omitido– esto no es impedimento para que el hombre se pronuncie y debata sobre el tema.

Nuestros diputados constituyentes plasmaron una disposición tan simple, llana, y tajante en nuestra norma suprema que para unos representa la piedra más molesta en sus zapatos y para otros una barrera infranqueable que protege sus convicciones. Es sin duda una de las disposiciones constitucionales más discutidas en el ámbito jurídico y fuera de este. Y por eso, el debate en torno a este tema debe otorgarnos resultados que calmen las reacciones indebidas que algunos sectores, divididos en sus posturas, tienen. ¿Cómo se debate el tema del aborto? Para ello se deben tomar en cuenta ciertos elementos jurídicos que nuestro sistema recoge y alejarse de toda pasión irracional que la discusión pueda provocar.

Los argumentos pueden ser de toda índole: científicos, religiosos, morales, éticos, sociales, y todos deben ser respetados. Ahora bien, en la mesa de discusión nacional –que espero se haga– hay que tomar en cuenta la pluralidad de pensamiento que existirá y qué tan influyente puede ser el argumento que se utilice tomando en cuenta las convicciones de los demás.

Si usted cree en un ser superior y su argumento es de carácter religioso, considere que probablemente el que discute con usted no conozca a un ser superior o no crea en uno. Por eso, medite la estrategia que tomará. Después de todo, ajustarse a un debate predominantemente técnico no constituye una negación a la fe que profesa. No tenga miedo. Por otro lado, aquellas personas que invocan el lema “sus rosarios fuera de nuestros ovarios” repiensen su maniobra. Respeten las convicciones de los que siguen una convicción religiosa y concéntrense en un debate técnico.

En cuanto a los elementos jurídicos que deben considerarse en el debate, resalto los siguientes: las personas nacidas y no nacidas son titulares del derecho a la vida. Ningún derecho fundamental es absoluto. Existen límites a su contenido esencial; la colisión de derechos del mismo rango –vida del nasciturus v. vida de la embarazada– se puede ponderar y eso no es inconstitucional.

Me parece oportuno resaltar el análisis constitucional que el magistrado Rodolfo González hace en su voto particular concurrente en el caso de B.C. Él considera que el reconocimiento de la persona humana desde la concepción, por decisión del constituyente, no elimina en absoluto las colisiones entre derechos. Sí descarta la idea de la viabilidad del no nacido y también el sistema de plazos como forma de solucionar tales colisiones. Ahora viene lo interesante. Expresa posteriormente que “el reconocimiento prescrito en dicha disposición no excluye el sistema de indicaciones”. Lo anterior introduce al debate la siguiente interrogante: ¿es necesario reformar el artículo 1 de nuestra Constitución para permitir alguna de las formas de interrupción del embarazo en El Salvador?

La infructuosidad y complejidad del debate en mucho se debe a la insistente voluntad, por ambas posturas, de imponer su verdad. Seguramente la solución la deben construir ambos, cediendo posturas y reconociendo argumentos. Esa es la parte más difícil: advertir la posibilidad de que nuestros cimientos no sean los correctos, el temor a quedarnos sin una plataforma que nos sostenga. Es entonces cuando debemos recordar la capacidad que tenemos de dar origen a nuevas ideas. Invito a las personas a que se concentren en un debate profesional, técnico y respetuoso sobre el tema del aborto.

           

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