Opinión

24 Feb 2015
Opinión | Por: Jaime Ayala

De Miami a La Habana

Es importante que la nación cubana comprenda que la posible suspensión del embargo le abre un mundo de posibilidades para comerciar y establecer relaciones.

El 17 de diciembre de 2014 será un día siempre recordado por la historia latinoamericana. En un día miércoles, Cuba y Estados Unidos reanudaron las relaciones diplomáticas entre ellos, para abrir paso al retiro del embargo que la nación norteamericana mantenía a la isla. Más de 50 años de sanción quedaron en el pasado. “El aislamiento sometido a la isla no ha funcionado; es hora de cambiar de política”, manifestaba Barack Obama, a lo que su contraparte cubana comentaba que “es hora de mejorar el clima entre ambos países”.

Durante años, y tras la caída de la Unión Soviética, Cuba se estableció como el motor del equipo anti capitalista, vendiendo un modelo a sus ciudadanos y al mundo, donde el bienestar emanaba de fuentes distintas a las que pregona el capitalismo. Lejos de la discusión filosófica sobre estas dos corrientes, lo que realmente vale la pena preguntarse es ¿qué se avecina para el pueblo cubano a la vuelta de la esquina?

Tan solo hace unos días, la empresa de audiovisuales Netflix anunció que buscaría ingresar al mercado cubano. La decisión del grupo implica plantearse serios cuestionamientos: ¿cómo penetrará Netflix ofreciendo un producto de 7.99 dólares en un país cuyo salario medio ronda los 20 dólares mensuales (los precios se ajustan a este salario) y cuando el pago se realiza en línea? La decisión de la compañía no es únicamente casualidad, ya que tanto Mastercard como American Express anunciaron que abrirán operaciones en la isla durante los próximos meses.

La intuición es muy similar a lo anterior. Los cambios sucederán en la isla. La liberalización económica que no ha sucedido durante tantas décadas comenzará a suceder. Sin embargo, también hay que prever; tras decenas de años de sanción es entendible que tantos empresarios quieran aterrizar en la isla para iniciar operaciones, pero de ahí a que eso pueda mantenerse a través del tiempo es una situación un poco más cuestionable. Permitir la entrada de compañías multinacionales traerá crecimiento a la nación cubana, no solo en la medida que se aumenten los flujos de capital, sino también porque generará cambios en los salarios.

Y ahí es donde el mundo se abrirá para los cubanos, y para el gobierno también. La globalización poco a poco irá tocando las puertas de la isla y la administración gubernamental de los Castro se verá obligada a implementar una política exterior, una que desafíe los retos de la geopolítica actual. No se trata de modificar el gen principal del sistema cubano, algo que Raúl Castro ya comentó al afirmar que no busca cambiar el modelo del país.

Si nuevas empresas llegan a la nación, el gobierno se verá en la necesidad de justificar tasas de recaudación, lo cual también le permitirá implementar medidas sociales para beneficiar a la población. La interrogante principal es cómo la administración manejará todos estos recursos. ¿Focalizará nuevos programas o trabajará para mantener un alto gasto dirigido a toda la población?

El juego del siglo XXI ha comenzado para Cuba. El reto a corto plazo es trabajar en calmar la sobre expectativa que la reanudación de las relaciones diplomáticas está generando entre ambas naciones. La estructura social y económica de la isla es compleja, y ese es el reto en el mediano y corto plazo. ¿Cómo se enlazan la llegada de nuevas compañías y un crecimiento esperado con la visión social de un país que ha estado aislado por décadas?

Es importante que la nación cubana comprenda que la posible suspensión del embargo le abre un mundo de posibilidades para comerciar y establecer relaciones. Por el momento, la discusión ha estado centrada en qué le va a ofrecer el mundo a Cuba, pero es necesario que los líderes cubanos reflexionen estratégicamente sobre qué pueden ofrecerle ellos al mundo entero. Y más importante aún, cómo el nuevo crecimiento se verá traspasado a su población.

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