Opinión

13 Ene 2017
Opinión | Por: Kevin Sánchez

De la paz negociada, a la paz consensuada.

16 de enero de 1992, la guerra civil que destrozó al país por 12 años llegaba a su fin y en el horizonte irradiaba un futuro esperanzador. Era el comienzo de una nueva etapa en la historia de El Salvador; una historia llena de paz, justicia y desarrollo; prácticamente era hacer realidad el sueño que tanto habíamos buscado, una nueva historia estaba por escribirse.

Conforme fue pasando el tiempo empezaron a verse los primeros cambios sustanciales en el país. Surgieron instituciones respetuosas de la justicia y la democracia, un cuerpo de seguridad formado para el respeto a los derechos humanos y demás cambios que paulatinamente mejoraron la vida democrática de El Salvador. Todo parecía marchar por el camino correcto en el país, pero el aspecto económico, el tema que intencionalmente ambos bandos en conflicto menos tocaron durante las negociaciones de la paz, seguía siendo un punto de quiebre en la sociedad salvadoreña. A tal grado que generó un nuevo escenario social que conllevaría también a nuevas problemáticas sociales.

Esa misma problemática que afectó, durante décadas, a la sociedad salvadoreña, ahora había cambiado y traía consigo nuevos retos para las autoridades, y la sociedad civil del país. Lo que en el pasado había sido una lucha política e ideológica por el aparato estatal, se deslumbraba ahora en una lucha social contra el crimen organizado, el narcotráfico y sobretodo las pandillas.

Esa es la guerra que afrontamos día con día después de los acuerdos de paz, una guerra que nos está dividiendo cada día mas y cobra la vida de al menos 14 salvadoreños a diario. La delincuencia y el crimen organizado se han convertido en el principal problema a combatir de todos los gobiernos, sin cambios esperanzadores.

Este año que se conmemora el 25° aniversario de la firma de los acuerdos de paz existe, al igual que en esa época, un solo clamor popular que pide el cese definitivo de la violencia en nuestro país. Es el momento para que todos abonemos, desde nuestra realidad, a la construcción de una nueva sociedad, donde el respeto, el bien común y la paz se nos conduzcan a ese camino que hace 25 años creímos posible.

Vivir en paz no debe verse como algo utópico; es cierto todavía hay muchos problemas por resolver en nuestro país, pero ese debe ser nuestro objetivo como salvadoreños. Hacer de este país un lugar mejor, donde todos tengamos igualdad de oportunidades para desarrollarnos como personas y donde la emigración forzada por la violencia o la pobreza, así como otros problemas más, sean cosa del pasado.

Pueden pensar que soy un poco iluso por tener esa visión, pero esa visión es la que todos debemos tener para cambiar la realidad del país en el que vivimos. Si hemos salido de peores circunstancias podemos, como nación, dejar a un lado nuestras diferencias y hacer que nuestro país valga la pena.

Así como hace 25 años nos pusimos de acuerdo a pesar de nuestras diferencias y decidimos que la paz era el camino del desarrollo; así mismo, con las situaciones actuales que nos aquejan, podemos unirnos como una sola nación y ver a nuestro país salir adelante.

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