Opinión

12 Jul 2016
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

De camino a casa quiero ser libre, no valiente

En países como El Salvador donde los actos de violencia son el pan de cada día, es normal sentir miedo siempre que andamos en la calle. Es común ver hacia todos lados para estar alerta ante cualquier evento que pueda suscitarse.

Pero esta vez no quiero escribir sobre la delincuencia, robos o asesinatos. Hoy quiero tocar un tema muy sensible: el abuso y acoso sexual que las mujeres, niños y niñas viven a diario.

Vivimos en una sociedad tan machista que a las mujeres desde niñas se nos educa para “evitar ser violadas”, como si la culpa fuera de las víctimas. Se nos dice que tenemos que ser “valientes” y cuidarnos, cuando lo ideal sería ser libres sin temer a que nada nos pase.

Según el Observatorio de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia la Policía Nacional Civil (PNC),  recibió 484 denuncias por delitos de violencia sexual: estupro, violación en menor e incapaz, agresión sexual en menor e incapaz y violación, en el período de enero a marzo de 2016. Esto simboliza más de cinco denuncias cada día.

Lo cierto es que todos estamos expuestos a ser víctimas de abusos sexuales, y por supuesto esta situación no exceptúa a los hombres. Sin  embargo la mayoría de casos se da en las niñas, niños y mujeres.

No todas las mujeres hemos sido víctimas de una violación, pero la mayoría sí nos hemos enfrentado a acosos, sobre todo en la calle y muchas veces hasta intentos de violación.

Aún recuerdo un día que iba camino a mi trabajo. Todo estaba bien hasta que de repente vi un tipo que venía caminando en la misma acera que yo, en dirección contraria, y desde que me vio comenzó a decirme cosas realmente desagradables y obscenas. Sentí mucho miedo pero traté de ser “valiente” y lo único que se me ocurrió fue sacar mi teléfono.

Ese día, a diferencia de otros, la calle estaba sola, no pasaba ningún carro ni había más personas, solamente ese tipo y yo. Comencé a caminar más rápido y me pasé al otro lado de la calle, pero el hombre en lugar de continuar su camino comenzó a seguirme. Los latidos de mi corazón aumentaron, yo no sabía qué hacer.

Llegamos a un punto de la calle donde él me alcanzó, me rodeó y comenzó a tocarme. En ese momento pensé que iba a pasarme algo peor. Como yo llevaba el teléfono en la mano lo único que se me ocurrió fue fingir que le llamaba a mi padre (y digo fingir porque ni siquiera tenía saldo en mi celular). Marqué pero la llamada nunca se realizó sólo dije llorando: “papá venga porque un hombre quiere hacerme daño”. Cuando el tipo oyó eso, salió corriendo como un cobarde.

Me quedé en shock por un momento. Me sentía tan frágil, débil, indignada. Pude haber sido abusada sexualmente en plena calle y estoy segura que muchos hubieran dicho que era mi culpa, por “vestir de la manera que visto” por andar “sola en la calle”, por el simple hecho de ser mujer.

Gracias a Dios no fui abusada sexualmente. Pero ese acto fue realmente un abuso y por mucho tiempo permanecí callada, muchas veces callé. Callé cuando de niña otras personas también intentaron hacer lo mismo, personas cercanas a mí y en quiénes confiaba.

Pero esa no ha sido la misma suerte con la que han corrido miles de niñas, niños y mujeres. No, ellos han vivido la agonía de ser abusados y han tenido que luchar con las duras consecuencias.

Lamentablemente hemos visto como normal que este tipo de cosas sucedan, no sólo en El Salvador pues esta es una realidad que pasa en todo el mundo.

Ahora se ve como algo normal que nos silben en la calle como si fuésemos animales. Nadie dice nada si un tipo sin escrúpulos se masturba en plena vía pública o en el autobús (no estoy exagerando) pero si nos indigna que una madre amamante a su pequeño en la calle.

El abuso sexual es real, tanto éste como el acoso se siguen viendo como algo natural. Se da en los propios hogares, en la calle, en el transporte público, en las escuelas, en los trabajos, en el teatro, en todas partes. Y lo más triste es que los victimarios son en su mayoría conocidos y/o familiares.

¿Hasta cuándo dejaremos que esto pase? Ya basta de seguir intentando “ser valientes”, lo que necesitamos es ser libres.

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