Opinión

12 Nov 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

De calcetines y puertas abiertas

Los rumores ya se hacían escuchar. Aquella conferencia de prensa no hizo más que confirmar lo que ya muchos habían anticipado días atrás. Norman Quijano, actual alcalde de San Salvador, y supuesto candidato- hasta ese momento- para una reelección, renunciaba a una nueva candidatura con solo cinco meses para las elecciones. “Siempre he pensado que si mi partida es más beneficiosa para el país y para mi partido que mi permanencia en él, pues me aparto. Arena no puede ir a otra elección dividida. Especialmente cuando se trata de defender una de las plazas más emblemáticas del país, por lo que les exhorto a unirse en torno al candidato que propongan o elijan”, mencionó Quijano.

Enfrente tenía un monstruo. Su competidor no era para menospreciarlo, pues se trataba de Nayib Bukele, el joven del partido de izquierda que hace apenas tres años no representaba a nadie en el panorama político. Hoy, bajo la apariencia de ser una especie de líder para los jóvenes, va a intentar ganar y gobernar la alcaldía capitalina. Cada frase que dice explota en Twitter. Es capaz de llenar auditorios y universidades de muchachos listos a escucharle. Incluso, sus calcetines de colores son centro de atención.

Las preguntas que surgen son interesantes. ¿Por qué dejar pasar tanto tiempo para finalmente abandonar la lucha? ¿A qué se refería Norman Quijano con “otra elección dividida”? ¿Es realmente Nayib Bukele un buen candidato o es solo una figura popular? ¿En qué podrían basare las propuestas que presentarán ambos competidores?

Quienes han seguido la historia sabrán, ya que casi en tiempo récord la dirigencia arenera escogió a Edwin Zamora como nuevo candidato a la alcaldía. El señor Zamora es un respetado empresario, con una larga trayectoria de trabajo en el país, lo cual no le ha impedido generar miles de empleos en sus empresas. También es uno de los actuales diputados por el mismo partido Arena, uno que prometió incansablemente una política de puertas abiertas mientras realizaba su campaña. Como el mismo candidato reconoce, establecer dicha política ha sido complicado para el actuar de un solo candidato dentro de la Asamblea Legislativa.

Examinando un poco el panorama pudiera decirse que Nayib es, en apariencia, un político efectivo. Llegó como alcalde a una pequeña ciudad de la que nadie comentaba, ha planteado y ejecutado proyectos que han sido del agrado de la población y en el proceso ha ganado popularidad a nivel nacional. El candidato de derecha, por su parte, ha estado más en el ojo del huracán. Uno que constantemente se posiciona en el Palacio Legislativo sin que su actuar individual como parlamentario pueda ser criticado.

Nayib, también, es figura del actual partido que domina la administración gubernamental, uno que no ha sido bien críticado, y que más que ganar parece perder terreno en el campo político. Un voto de castigo para el FMLN, a través de las elecciones municipales, no sería algo extraño de esperar. A diferencia del actual alcalde capitalino, Edwin Zamora es un actor que también se encontraba fuera del campo político. Aunque ha tenido deslices, es difícil encontrar algo con lo que sus contrincantes puedan realizar una campaña sucia o de bajo nivel.

El mensaje de Nayib constituye un llamado a apostar por la juventud y, según dice él, la renovación. Por su parte, y aunque muchos insistan ridículamente, Edwin no es, quizá, la mejor carta de renovación en la candidatura, pero sí representa a un personaje influyente, que no teme a los retos y que pueda aportar enormemente al funcionamiento de una alcaldía.

Ambos son empresarios y ambos recién han ingresado al panorama político de El Salvador. Es más, los dos parecen ser tan buenos candidatos que hasta parece tentador pensar que la batalla por la alcaldía de San Salvador pueda ser limpia y lejos de provocaciones ridículas. Dos buenos candidatos mejorarán la competencia y las propuestas. Esperemos que esto no lleve al populismo o a una guerra desenfrenada de promesas irrealizables.

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