Opinión

7 Abr 2015
Opinión | Por: Jaime Ayala

Daniel Ortega y las luces chinas

Aunque pareciera que en un primer momento el aspecto parece más político y nada incidente, la verdad es que hoy más que nunca la geopolítica está afectando la manera de hacer negocios.

El mundo de los negocios está cambiando. Las empresas se enfrentan a un mundo volátil, incierto y ambiguo. De forma muy similar les sucede a los países y sus gobiernos. Cada vez, las estrategias a implementar, aunque en su esencia más básica sean muy similares, implican asumir mayores riesgos y ser más agresivos en el impulso de proyectos que generen desarrollo económico y humano. Y una de las herramientas usada más tradicional desde hace siglos es la geopolítica.

Es un arte, una ciencia, estrategia y, sin duda, un riesgo. Aunque pareciera que en un primer momento el aspecto parece más político y nada incidente, la verdad es que hoy más que nunca la geopolítica está afectando la manera de hacer negocios. Los países han hecho geopolítica a lo largo de la historia de la humanidad. La Inglaterra de Winston Churchill, pasando por la URSS de Stalin, la administración Obama y hasta la Nicaragua de Daniel Ortega, son algunos de los ejemplos más reconocidos a lo largo de los años.

Es, hoy por hoy, una de las ciencias con mayor riesgo para el mundo. Las guerras, por ejemplo, afectan el comercio y generan sanciones, como el caso más reciente entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, la geopolítica es también una gloriosa oportunidad para los líderes que saben explotarla. Tomemos el caso de China, que ha fijado su vista en el área del Océano Pacífico, con el fin de establecer un camino propio para el comercio con países centroamericanos y de Sudamérica, proyecto que competiría con una de las infraestructuras más importantes de la región.

 El Canal de Panamá, construido por Estados Unidos hace ya más de cien años, ha representado un enorme proyecto generador de crecimiento económico para Panamá y para los países que lo utilizan. Durante años, el canal -que está a punto de finalizar su más reciente ampliación- ha sido un ícono de las relaciones políticas entre Estados Unidos y la región centroamericana, además de representar cierto tipo de punto de poder de la nación norteamericana, a pesar de que ellos no controlen la infraestructura.

Nicaragua no quiso escuchar dos veces el llamado de China, y Daniel Ortega, actual presidente de la nación, concentró esfuerzos importantes en preparar el camino para tal obra. Lo cierto ahora es que el proyecto fue concesionado al grupo empresarial chino HKND Group, lo que supone una inversión de más de 50 mil millones. Heinz Dietrich, investigador de la UAM de México, dijo lo siguiente sobre el canal: “Para China sería un golazo geopolítico frente a Estados Unidos y una respuesta a lo que hace Washington, al trabar alianzas en la región cercana al país asiático”.

El Salvador, por otro lado, se está quedando atrás. En un país donde las millas marinas superan en más de seis veces el territorio terrestre, es incomprensible que uno de los mayores esfuerzos geopolíticos de la nación -la construcción de un corredor logístico que conecte Guatemala  y Honduras con los puertos más importantes del país- aún se encuentre en sala de espera. No hay duda de que, bien desarrollado, este proyecto generará empleo y atraerá inversión, pero una nación subdesarrollada debería ser más efectiva con este tipo de proyectos más osados.

 Muy seguramente, Nicaragua recibirá con las puertas abiertas a los nuevos inversionistas que  han comenzado a poner sus ojos- y más importante aún, su dinero- en la nación centroamericana, producto de las futuras operaciones chinas en el país. Ver más allá de dónde se pierde la vista en el océano tiene sus ventajas.

El juego de la geopolítica, bien jugado por los gobiernos, puede ser un arma muy potente para atraer inversiones. A veces puede parecer que es un arte destinado únicamente a dictadores y presidentes de grandes naciones, pero en este nuevo mundo de negocios, las visiones y horizontes deben ajustarse a los nuevos retos.

 

 

 

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