Opinión

23 Feb 2018
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Dale, votemos

Nuestros ascendentes sufrieron una dictadura. El voto era restringido para un sector privilegiado, la mujer estaba condenada a la imposibilidad de votar  y ansiaban tanto el derecho al voto; la única opción fue organizarse y provocar revoluciones.

 

Así, el mundo comenzaba a reconocer el derecho al voto sectorizado;  era prohibido para las mujeres, los analfabetas, esclavos y pobres. En Inglaterra, a partir de 1918 se les permitió el voto a las mujeres mayores de 30 años; en 1930, solo las mujeres con estudios universitarios podían votar.

 

En El Salvador, los derechos políticos -entre ellos, el voto-, apareció desde la primera Constitución Política sin mencionarlo expresamente. Fue hasta la Constitución de 1939 que se establecieron los derechos políticos del ciudadano, reconociendo el sufragio directo y público. Las posteriores leyes primarias han ido perfeccionando teóricamente este derecho.

 

La Constitución vigente establece el sufragio como un derecho y un deber, en los artículos 72 y 73, respectivamente. La jurisprudencia constitucional lo reconoce como la actividad más importante de legitimación política del Estado, por el cual los ciudadanos pueden elegir a las personas que ejercerán el poder en su nombre y representación.

 

Respecto a la Asamblea Legislativa, desde antaño, los partidos políticos colocaban en los primeros lugares a sus favoritos y tenían casi seguro su triunfo, en razón que el elector solo podía marcar la bandera del instituto político sin tener opciones reales de elegir directamente al candidato que deseaba que lo representara. A partir de la inusitada sentencia 61-2009, la Sala de lo Constitucional modificó la configuración electoral y abrió las puertas al voto directo (por rostro) y las candidaturas independientes.

 

Es motivo de orgullo que de a poco están empoderando a la ciudadanía para elegir a sus representantes, algo impensable hace unas décadas o un siglo. Pero sin duda, es normal en el ser humano mantenerse inquieto, pues mientras más logros obtengamos, nos surge buscar otras exigencias y crear nuevas cruzadas.

 

Un sector se ha pronunciado por el voto nulo, como forma de expresión política para exigirles a los representantes de partidos políticos que mejoren su oferta electoral, pues ninguno ha logrado convencer al votante. Esto también tiene como propósito evitar que se financien los partidos con dinero público producto de la deuda política. Dicha expresión es válida, respetable y entendible principalmente en este momento coyuntural en el que impera la manifestación masiva de descontento hacia los partidos y sus dirigentes.

 

Lo negativo del voto nulo es que servirá para nada. En nuestro medio aún se mantienen rasgos del voto duro para los partidos políticos más poderosos y serán estos quienes definirán las elecciones. Es decir, se mantendrán en el poder los despreciables dinosaurios y los votonulistas tendrán como premio de consuelo la disminución de la deuda política al reducir la cantidad de votos obtenidos por los tradicionales.

 

En contraste, es físicamente imposible rechazar la totalidad de la oferta electoral, si así fuese, estaríamos exigiendo candidatos con súper poderes. En lugar de decantarse por el voto nulo, tomémonos la tarea de explorar más allá de las vallas publicitarias, de las noticias mediáticas, de los anuncios en redes sociales. Investiguemos el perfil, propuestas y cuestionemos a todos los candidatos independientemente del partido que representen o sean no partidarios, y a partir de ese universo de información, seguro estoy que más de uno cumplirá nuestras expectativas y se ganará nuestro apoyo.

 

Aprovechemos la oportunidad del voto por rostro y cruzado, depositemos nuestra confianza en los candidatos que prediquen con el ejemplo y demuestren que el interés colectivo lo tendrán por encima de su bienestar individual, que lucharán por su pueblo, que llegarán a servir y trabajarán para levantarnos de este estancamiento provocado por tanto oportunista.

 

No renunciemos a nuestro derecho al voto. Después, también tendremos derecho de exigirles a los elegidos que guarden coherencia entre su gestión y el discurso de campaña.

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