Opinión

7 Ago 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

Cultura de diálogo

Es difícil eliminar un problema cuando se encuentra enraizado hasta en el último hueso de la sociedad salvadoreña. La violencia en El Salvador se ha ido cultivando por décadas y es el resultado de la suma de diversas conductas que podrían considerarse equívocas.

La violencia no solo se observa por los homicidios que diariamente fustigan al país, también se manifiesta en el día a día. Por ejemplo, se crea violencia cuando los conductores embisten todo a su paso en las calles provocando histeria colectiva, choques, y que algunas personas saquen la mano por la ventana ovacionando su dedo medio, seguido de bocinazos conocidos como “la vieja”, que de cierta forma son reacciones que podrían categorizarse como violentas. También se cultiva la violencia cuando se impone una idea sobre otra cerrando las puertas al consenso, debate sano y apertura al diálogo.

La definición de violencia, en un sentido más lato, incluso podría abarcar aquella conducta legislativa, que en el uso de sus facultades, abusa de su poder aplastando las minorías e ignora con conocimiento de causa intereses comunes. De todas formas violenta es toda aquella persona que “obra con ímpetu y fuerza” en una forma negativa.

Lo importante es reconocer que la violencia se encuentra en cada rinconcito de El Salvador y que en lugar de dar escobazos resulta más conveniente pasar un escobazo para limpiar la violencia. La cultura de diálogo es un primer paso. Escuchar ideas distintas –lo cual no debe confundirse como una invitación a compartirlas- sin necesidad de armar un escándalo o pegar el grito al cielo y entender porque la otra persona piensa distinto probablemente evitaría comentarios necios y fanáticos. Sin duda ponerse en los zapatos del otro es parte de esta cultura de diálogo.

En las mesas de diálogos no caben etiquetas peyorativas. Se debe ir con una apertura sana y crítica. Sin lugar a duda se trata de un ejercicio valioso pero difícil, pone a prueba la capacidad de escucha y empatía con los demás.

La violencia podría ser un fenómeno ocasionado por la falta de diálogo. No es de extrañar que los más violentos hoy en día son esas personas que no fueron escuchadas, atendidas, y tomadas en cuenta unas décadas atrás. Aquellas personas que para solucionar un problema recurren a conductas violentas son probablemente aquellas que más necesiten aprender a dialogar. Otras probablemente no logren impregnarse de esta cultura, pero al menos deben intentar.

¿Cómo comenzar? ¿Cómo ser parte de la cultura de diálogo? Se comienza por lo más básico, escuchar atentamente y lograr entender a la otra persona. No se debe confundir escuchar con estar de acuerdo, ya que diferir en una idea puede ser algo inevitable. Lo que no es permitido es violentarse y fanatizarse por pensar distinto. El primer lugar donde se debe comenzar esta cultura es en casa. Finalmente, esta práctica es algo que debe fomentarse bastante, ya que muchos de los problemas nacionales están esperando ser resueltos en una mesa de acuerdos nacionales, incluyendo la violencia.

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