Opinión

8 Jul 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿Cuál es el miedo, Ana Vilma?

Ya no debemos permitirles a los políticos lo que los salvadoreños conocemos como “tirar la piedra y esconder la mano”.

Desde que empecé a interesarme por el mundo de las discusiones políticas, nunca he dejado de escuchar la fuerte postura de que los jóvenes debemos juzgar a nuestros políticos, criticarlos y exigirles que sean el reflejo de una nueva ciudadanía activa y comprometida con el desarrollo de la nación. ¡Pero vaya que somos cómodos! Lo único que hemos hecho – desde que tengo memoria – es alimentar a los malos funcionarios con nuestra falta de autocrítica partidaria.

Lastimosamente, muchas grandes plumas y voces siguen atadas a quienes pretenden mantener al margen el actuar de los ciudadanos. Y esta doble moral nos está consumiendo de nuevo con el más reciente caso de Ana Vilma de Escobar.

Cerca del final de febrero de este año, la diputada arenera, dentro de un enorme calor electoral, arremetió contra el expresidente Funes, acusándolo de infracciones como (y cito) un “fraude procesal por orden superior”, “…si el presidente está  habilitado física y mentalmente para gobernar…”, “…para nadie es un secreto que el presidente lleva una vida desordenada, que consume alcohol y otras sustancias…”, “…que el presidente no pudo ser operado de inmediato debido a los niveles de alcohol…”. Por último, aseguró que no temía que en algún momento se le demandara por estas declaraciones.

Lo cierto es que lo que pasó aquella noche en el redondel Masferrer sigue siendo un misterio. Que eso se mantuviera así, en aquel entonces, era ganancia para el partido Arena que en plena contienda electoral urgía de votos para elevar a su candidato. Quien piense que las declaraciones de la diputada no se relacionan con el aspecto electoral necesita evaluar seriamente los lentes con que está viendo el mundo.

Si el expresidente iba en ese automóvil aún es difícil de probar. Incluso puede ser que Ana Vilma tuviera total o parcialmente la razón en sus declaraciones, eso tampoco lo sabemos con seguridad. Pero no es eso lo que se debate en este momento. Lo que sí aconteció es que la diputada cuestionó seriamente la conducta moral de Mauricio Funes, acusándolo de abusador del alcohol y otros delitos más graves. Claro, ¿qué importaba si el expresidente se molestaba? Al contrario, eso ayudaba. La acusación destruía la imagen del funcionario y el FMLN restaba votos.

Ya una vez pasada la contienda, es hora de revisar cómo quedaron las cartas sobre la mesa. Por un lado tenemos a un conveniente partido Arena, que se desmarca de las acusaciones al considerarlas una persecución política que distrae al poder Legislativo de su actuar. ¡Vaya excusa! El mismo partido que ha guardado un silencio excepcional en la captura del ya ridiculizado expresidente Francisco Flores y acusado hasta el cansancio al también exmandatario Mauricio Funes, pretende frenar la lucha contra la impunidad. ¿O es que acaso solo hay que perseguir la impunidad cuando se trata de otros?

El incidente de febrero con la diputada acusada fue meramente electoral, y quizás en gran parte las reacciones del FMLN y demás partidos también lo sean en este momento. Pero algo es cierto: es momento de parar estos abusos. Poseer un cargo público no debe ser un privilegio para disparar declaraciones a nivel nacional. Implica ser responsable y ser un ejemplo para los demás (al menos en el caso utópico).

Mauricio Funes debe ser investigado, como todo expresidente y como parte de un proceso de transparencia. Francisco Flores debe, también, ser capturado y llevado ante la justicia. Por último, Ana Vilma de Escobar tiene que responder por sus fuertes declaraciones, con todo el derecho a defenderse, como le garantiza el sistema jurídico salvadoreño. Ya no debemos permitirles a los políticos lo que los salvadoreños conocemos como “tirar la piedra y esconder la mano”. Todos están obligados a responder, como muchos debieron haberlo hecho en el pasado. Después de todo, si la diputada arenera está tan segura de su información y, cómo dice el dicho, el nada debe, nada teme, ¿cuál es el miedo?

 

  • Rafa Hércules

    Muy buena columna y estoy totalmente a favor de que se someta a cualquier funcionario público del que se sospeche ha cometido un ílicito ante las instancias judiciales correspondientes… PERO… en el caso de la la diputada Ana Vilma de Escobar la Asamblea cometió una ilegalidad, se cambio de último momento el dictamen por el cual iba a discutirse en Comisión, lo anterior, desconociendo el procedimiento interno normado por la misma Asamblea Legislativa. Repito estoy a favor de que se investiguen y se lleven a juicio, en caso de améritarlo, a los funcionarios sospechosos de corrupción, sin embargo no puede hacerse violentando sus derechos y mucho menos los procesos establecidos para este efecto. Aquello que la Constitución llama “debido proceso”. Esta barrabasada de cambio de dictamen lo único que provocará es que se declare la nulidad del proceso por inobservacia de un procedimiento legal.

    • Jaime Ayala

      Gracias, Rafa.
      Y sí, creo que yo también estoy de acuerdo en eso. Es una artimaña electoral y producto de la misma aritmética legislativa que, para mi opinión, es un efecto de nuestra democracia. Nos daña, sin duda lo hace.

  • Osckr Manu-l

    Le falta profundidad y objetividad, sin mencionar una redacción más firme y sin tantos eufemismo. Felicito el ejercicio, continua para ir creciendo.

  • Adilson Alvarado

    Jaime, ¡bien dicho! En lo personal me parece que es un buen argumento; lo más sobresaliente es tu punto de vista apartidista que no había tenido la oportunidad de leer acá, te felicito ampliamente.

    Dicho esto, sobre el tema opino que es necesario sino más bien obligatorio que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto, creo que la población ha cambiado, los jóvenes hemos cambiado y exigimos políticas transparentes y eficientes; no basta solo con señalar las faltas cometidas por funcionarios públicos, es preciso que el peso de la ley al igual que a todos los Salvadoreños les pase factura.

    Saludos

    • Jaime Ayala

      ¡Gracias, Adilson! Y de acuerdo, los jóvenes hemos cambiado, pero a veces no sé si para bien o para mal.

  • Gabriela Bolaños

    Ojalá algún día ya no tengamos pleitos y conspiraciones de qué hablar….

  • gby

    esta señora no conoce la vergüenza, y así como ella hay “muchos”, lo que demuestran es ser personas irresponsables y poco profesionales sin ninguna ética ni moral. son personas que los únicos logros y reconocimientos que obtienen son a base de los errores de los demás. cada vez que veo una discucion así en un medio de comunicación o difusión, no se si reír o llorar, por que lo único que nos están diciendo es que “somos lo suficientemente ineptos como para apoyar lo que hacen y lo que dicen”. nuestros modelos educativos han estado diseñados para que ignoremos totalmente estas situaciones, por eso es que muy pocas personas se pronuncia en contra de esto, por que no sabemos como exigir ni pronunciarnos en contra de estos sucesos.
    pero estas interacciones son los primeros pasos para grandes logros, en un futuro, que solo nosotros decidiremos si es mas temprano que tarde.

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