Opinión

6 Mar 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Crónicas de un tedioso día

Felicidades a los ganadores de las elecciones, y a los que no, también felicidades porque ganaron experiencia.

Es la cuarta ocasión que tengo el privilegio de votar: en las elecciones municipales y legislativas de 2012, las presidenciales de 2014 (dos veces), y la reciente contienda. Primera vez que tengo la fastidiosa oportunidad de ser parte del ejército de personas que participamos en sacar adelante las elecciones. Solo fue simple curiosidad.

Con todos los ánimos centrados en velar porque en el centro de votación asignado se mantenga el orden, se cumpla con la legalidad en la elección y se puedan solventar rápidamente las anomalías, se inició un día que pintaba para largo, pero no imaginaba que fuese tanto.

Se abrió el centro de votación a las 7:20 a.m. Por más que se quiso ser puntual, muchas Juntas Receptoras de Votos (JRV) no terminaban de prepararse. Transcurrieron las votaciones sin mayores alteraciones, a excepción de las dudas que tenían muchas personas, principalmente de la tercera edad que no sabían cómo era eso del “voto cruzado”. Peculiaridades como “¿y esta cosa también? ¿Para qué es? ¿Para qué voy a votar por estos hijos de p… si no hacen nada?” (refiriéndose a la papeleta de los candidatos al Parlacen), vociferaba una señora que estaba a punto de votar. Frases similares escuché de otras personas. Primera conclusión: ya lo imaginaba pero lo comprobé, faltó mucha orientación acerca de las formas de cómo votar.

El mayor sobresalto ocurrió cuando avisaron y denunciaron que a una persona le hurtaron el DUI los miembros de una JRV. Un supervisor de un partido político informó que ayudó a encontrarla en el padrón electoral y le devolvió el documento; segundos después le comentó que los miembros de esa junta le extraviaron el DUI. La versión de ella era que cuando le devolvieron el documento después de encontrarse en el padrón, iba hablando por teléfono y se lo entregó a una persona de la junta y luego no lo encontró. La versión de los miembros de la junta era que en ningún momento vieron ese documento. Ella interpuso denuncia ante la fiscal electoral y la policía, pero no le permitieron votar.

A las 5:00 p.m. terminaron las votaciones. Empezaba lo que junto con mis compañeros de turno habíamos augurado: lo complicado del conteo de votos. El 70 por ciento de las juntas receptoras de votos no sabían el mecanismo del cuenta votos y cuenta marcas. A las 11:00 p.m. muchos no habían terminado el recuento de las elecciones del Parlacen. Vale la pena mencionar que las papeletas del Parlacen y sus candidatos recibieron congratulaciones (insultos) de parte de las JRV. Segunda conclusión que también había vaticinado: la mayoría de miembros de JRV no estaban suficientemente capacitados para el recuento de votos y llenado de actas de cierre y escrutinio.

Seguía el conteo y continuaba la velada. A la una de la madrugada me resigné a que iba a amanecer allí. En una junta receptora apenas iba iniciando el conteo de papeletas de la Asamblea Legislativa, aunque los miembros ya habían practicado y era más fluido el conteo. Mucho más lo fue en los concejos municipales, que a la 1:30 a.m. iba terminando la  junta receptora de votos 7340, que por cierto fue la más organizada. Me congratulo con ellos por eso.

A las 3:00 a.m. terminó la última JRV e iniciaba, para los delegados, el proceso de recolectar los paquetes electorales para transportarlos a la sede de la JEM. Conclusión final: cansado, agotado, pero al final de todo no fue tan fastidioso día. Fue una buena experiencia.

Por cierto, felicidades a los ganadores de las elecciones, y a los que no, también felicidades porque ganaron experiencia. Espero que al momento de la publicación de esta columna, el TSE haya publicado los resultados.

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