Opinión

19 Abr 2017
Opinión | Por: Verónica Ruiz

Cortos circuitos cerebrales

El cerebro humano es fascinante, es el centro de mando de nuestro cuerpo, controla nuestros movimientos, sensaciones, sentimientos, emociones, pensamientos, recuerdos, prioriza funciones como los latidos del corazón, presión sanguínea, temperatura corporal y muchas cosas más. En pocas palabras, todo producto de reacciones electroquímicas que se trasmiten a través de terminaciones nerviosas y que recorren nuestro cuerpo.

La inteligencia artificial avanza rápidamente, las computadoras son cada vez más poderosas, con mayor capacidad de procesamiento y almacenamiento, más eficientes y compactas; pero, aun así, las computadoras más avanzadas, están lejos de ser comparables con la capacidad y eficiencia del cerebro humano.

Y aun así a veces en el cerebro pueden ocurrir actividades electroquímicas fuera de lo normal, lo que provoca interrupciones entre las comunicaciones eléctricas entre las neuronas, como un corto circuito, y esto desemboca en una crisis convulsiva.

De acuerdo a la OMS, 50 millones de personas en el mundo padecen de epilepsia, haciendo de esta una de las enfermedades neurológicas más comunes y de estas, aproximadamente el 80% viven en países con ingresos económicos medios a bajos, en donde es mayor riesgo de enfermedades como el paludismo o neurocisticercosis, traumatismos cerebrales por accidentes o mala praxis durante los partos. La mayoría de estas personas no reciben el tratamiento adecuado.

En El Salvador se cuenta con poca información sobre qué es y cómo auxiliar a una persona ante una crisis convulsiva. No se tienen informes recientes de cuantos pacientes con epilepsia hay en El Salvador, la última cifra data del 2007 en donde el Ministerio de Salud (MINSAL) reportaba 39 mil pacientes con epilepsia. En un país con cinco epileptólogos, la mayoría de los pacientes son tratados por neurólogos, sin embargo, en los hospitales públicos los pacientes esperan hasta 9 meses para ser atendidos por un especialista y la historia es similar en el ISSS. Una consulta con un neurólogo privado oscila entre los $30 y $70 dólares. Ni el sistema de salud público, ni el ISSS cuentan con las mejores medicinas para tratar este padecimiento, estos gastos deben correr por cuenta del paciente y puede llegar a sumar mucho más que un salario mínimo.

Siempre escribo sobre ciencia, pero esta vez quise hacer una pausa para hablar de la epilepsia, enfermedad con la que he lidiado por más de la mitad de la mi vida; y aunque no pienso que ha sido una limitante para llevar una vida normal, pero si muchas cosas se convierten en un reto mayor.

Muchas personas han recibido cursos de primeros auxilios, pero aun así hay algunas ideas equivocadas. Según la Epilepsy Foundation, los primeros auxilios ante una convulsión son:

 

Que NO debe hacer:

– No intente forzar a la persona a que no se mueva. Restringir el movimiento de la persona puede provocar que ambos se lastimen, además puede provocar confusión, miedo y estrés en el paciente.

– No intente darle agua, comida o pastillas a la persona, a menos que esté TOTALMENTE alerta.

– NO COLOQUE NADA EN LA  BOCA DE LA PERSONA. Durante una convulsión los músculos de la cara y la mandíbula pueden ponerse tensos causando que la persona muerda con fuerza, si esto ocurre y hay algo en la boca de la persona, esta podría quebrar el objeto, quebrarse un diente o lastimarse la mandíbula. Tampoco debe colocarse una toalla o tela dentro de la boca de la persona, en ocasiones cuando uno convulsiona puede salivar mucho, incluso vomitar, la boca debe estar despejada para que cualquier líquido salga o podría irse a los pulmones y causar asfixia. No se preocupe, es imposible que una persona se trague su propia lengua.

¿Cuándo llamar al 911?

– Si la convulsión dura más de 5 minutos.

– Si la persona: tiene otra convulsión poco después de la primera, se lesiona durante la convulsión, si padece de alguna otra enfermedad como diabetes, problemas cardíacos o si está embarazada, si presenta problemas para respirar o si lo solicita.

Sobre todo, seamos solidarios y comprensivos con quienes padecen de epilepsia, o cualquier otra enfermedad. Eduquémonos y compartamos información con otros para que seamos capaces de actuar como es debido y ayudarnos los unos a los otros.

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