Opinión

10 Mar 2016
Opinión | Por: Óscar Melgar

Construyendo un mejor El Salvador a través del desarrollo sostenible

El desarrollo sostenible es definido como la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. El término fue utilizado por primera vez en el informe titulado: Nuestro Futuro Común en 1987, perteneciente a la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo.

Hoy en día, el desarrollo sostenible representa para la comunidad internacional una oportunidad y agenda para transformar la vida de millones de personas que se encuentran sumidas en la pobreza, escasas oportunidades en cuanto salud y educación, problemas ambientales, injusticia, desempleo, entre otras. Para ello, la comunidad internacional elaboró un conjunto de 17 objetivos a los que denominó: Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con 169 metas, adoptados recientemente en la ciudad de Nueva York (Septiembre 2015), por 193 naciones miembros de las Naciones Unidas. Entre los objetivos podemos destacar: poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad promoviendo las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida. Reducir la desigualdad en y entre los países. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenible. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, luchar contra la desertificación, detener e invertir en la degradación de las tierras; y por último, el fortalecimiento de los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Para El Salvador, los ODS abren un abanico de oportunidades para construir acciones creativas que promuevan la transformación en una mejor calidad de vida para miles de salvadoreños. La importancia de este modelo de desarrollo recae en la combinación e integración de los sectores: económicos, sociales y medio ambientales bajo un mismo enfoque.

El modelo actual de desarrollo que se trata de implementar en El Salvador es el Buen Vivir, un concepto que en pocas palabras, busca generar un equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. En el país, la mayor iniciativa del Gobierno se materializa en la realización de festivales que cuentan con actividades culturales y el acercamiento de otras instituciones del Estado para brindar servicios más personalizados, hacia distintas poblaciones que en el día a día pudieran no recibir. Sin embargo, aunque se aplaude la iniciativa, el concepto del Buen Vivir es más amplio y debería convertirse en una filosofía de vida, que permita desarrollar una mejor relación entre ser humano y naturaleza; característica que se deja de lado en el Plan Quinquenal del Gobierno que solamente establece entre sus pilares fundamentales: empleo, educación y seguridad ciudadana.

El Salvador posee ventajas que lo convierten en un espacio perfecto para construir una sociedad basada en el desarrollo sostenible. Por ejemplo, el espacio geográfico del país permite que el Gobierno Central, junto con los gobiernos municipales, establezcan agendas en común por medio de una comunicación y planificación coordinada; a través de la realización de programas que busquen generar oportunidades en el área social, económica y ambiental. Otra de las ventajas para poder construir el desarrollo sostenible es que se abre a generar alianzas con diversos sectores, aprovechando las capacidades de cada uno en la resolución de conflictos. Por ejemplo, los gobiernos municipales deberían fomentar alianzas con la empresa privada para prevenir la violencia, fomentar la educación o crear zonas de esparcimiento cultural en equilibrio con el medio ambiente. Siendo más concreto, la Ciudad de Soyapango cuenta con un alto volumen de empresas que podrían considerar hacer, a través de responsabilidad social, las acciones planteadas.

La tercera ventaja es que El Salvador sigue siendo un receptor de fondos internacionales que pueden ser aprovechados al máximo en acciones de desarrollo sostenible en beneficio de las zonas más vulnerables, y que incentiven o se reproduzcan en nuevos espacios. Aunque la visión del buen vivir es una acción aplaudible para el actual Gobierno, el mismo podría fortalecerse generando acciones en materia de desarrollo sostenible para el progreso de todos. Igualmente, es de vital importancia asimilar que se necesita de la integración y esfuerzos de los demás sectores del país (empresa privada, sociedad civil y organismos internacionales, Iglesia, entre otros) para construir un país con mejores condiciones.

La situación actual en El Salvador es sumamente difícil por aspectos como la violencia y la inseguridad que se viven. Sin embargo, no podemos seguir planteándonos un escenario fatalista, basado en la polarización y en los desacuerdos, sino aprovechar las ventajas que tenemos y construir un mejor país no solamente para las generaciones futuras sino para nosotros, las generaciones presentes.

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