Opinión

21 Feb 2014
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Común Denominador

En estos tiempos de calentura electoral es cuando vemos el lado más oscuro de la gente y de los políticos en general. Estamos en un momento bastante particular, en donde una segunda vuelta nos tiene a todos tensos. No faltan los comentarios, posts y tuits sobre temas de economía, aprobando o descalificando administraciones anteriores.

La polarización es notoria. Muchos que caemos en este “sparring” político frecuentemente asumimos una postura de “o estás conmigo o estás contra mí. Es muy difícil encontrar puntos medios, muchos nos lo tomamos demasiado a pecho. Tanto así que frecuentemente se renuncia a argumentos, caemos en tal fanatismo que es más fácil etiquetar a las personas que enfrentarlas con argumentos.

Probablemente esto es lo que más le interesa a quienes tienen el poder político, crear esta narrativa atractiva para que la gente se la crea, se divida y así tener una “causa” para mantener o llegar al poder.  La actitud casi siempre es la misma, “quien no piensa como yo es mi enemigo y merece ser castigado”, “no estar a favor de mi partido automáticamente lo vuelve un seguidor del otro”.

Si nos ponemos a pensar las cosas de manera más calmada quizá nos damos cuenta que no pensamos tan distinto después de todos Siempre hay gente con malas intenciones, que hacen daño y quieren manipular, pero me rehúso a creer que sea una mayoría. Respetar los derechos humanos no es de derechas o de izquierdas. Tampoco lo es querer que se respete la ley y las instituciones. La rendición de cuentas y el uso debido de los fondos del Estado tampoco conoce ideologías.

Tenemos más cosas en común por lo que nos deberíamos de dar crédito. No caigamos en la trampa de la polarización, donde sólo porque alguien tenga tendencias distintas tengamos tal pereza mental de siquiera escuchar lo que tiene que decir, de lo contrario solo somos loritos repitiendo eslóganes que leímos en algún MUPI por la calle.

Conversar con personas que piensan como usted siempre es bonito, pero no se sale de lo mismo. Para crearse criterio, desafiar, repensar y enriquecer nuestras posturas debemos nutrirnos de distintos tipos de pensamiento. Probablemente nuestras intenciones son las mismas: reducir la pobreza, generar riqueza, tener más libertades civiles y económicas, mejorar la educación y las oportunidades de la gente. Lo que nos hace distinto es que queremos tomar diferentes caminos, y en esto tenemos opiniones distintas: si los caminos nos llevan a la misma meta.

Uno de los grandes problemas de este país es precisamente eso, que nos es difícil escuchar sin complejos las ideas de los demás. Muchos prefieren “no darse color” porque inmediatamente se les descalifica con alguna etiqueta, y cualquier argumento que salga de la boca de esta persona, por bueno o malo que sea, ya no tiene validez o peso.

Si usted está convencido de sus ideas, de sus posturas frente a diferentes temas está bien que actúe acorde, que lo exprese. Es importante que las ideas se debatan, que se pongan temas sobre la mesa en vez de personas. Involúcrese, que sus ideas de cambio no se queden en su cabeza, en la plática de la cena o en su teclado. El país necesita más gente comprometida con sus ideales que con cúpulas partidarias de otras décadas, nuestra generación tiene una gran oportunidad. Como dijo el presidente Kennedy: Si no somos nosotros ¿Quién? Si no ahora ¿Cuándo?

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