Opinión

3 Ago 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

Combustibles fósiles una enfermedad

“Prácticamente todos nuestros problemas medioambientales se pueden reducir a nuestra adicción a los combustibles fósiles, primariamente el petróleo”.

– Dennies Weaver

Nuestra época vive el proceso de transición hacia energías limpias, un período que está dejando sin consumidores al antiguo oro negro, el cual por muchos años ha podido abastecer necesidades creadas para el ser humano. Por ambición de muchos se convirtió en esencial para todo, desde la movilización hasta productos derivados de él como los plásticos, asfalto, gasolina, aceites, entre otros.

El Salvador es puramente importador de este tipo de combustibles, no producimos, por lo tanto, simplemente consumimos. Pero, al ser así somos clientes fieles a quienes lo producen o lo distribuyen. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), para el 2011 nuestro país consumía energía procedente de los combustibles fósiles en un 47.87%, es casi la mitad de toda la matriz energética nacional. Para años más recientes, la energía geotérmica, hidroeléctrica, biocombustibles y solar han ido incrementando su presencia, por lo que esto va preparando al mercado para ir incorporando también energías como la eólica, olamotriz, mareomotriz y biomasa.

Dicho lo anterior necesitamos ir incentivando la producción de energías renovables, construyendo infraestructura adecuada para su distribución y control, aprobando leyes que no permitan la monopolización de las mismas y que puedan contribuir a la creación de empresas que inventen, y patenten dispositivos para el uso diario de las personas; los cuales su funcionamiento dependa de las energías limpias. Nuestro país obligatoriamente debe alinearse a los acuerdos internacionales para ir disminuyendo a lo mínimo o a nada el uso de los combustibles fósiles.

Nos enfrentamos a una de las batallas más grandes de este siglo, por un lado, el mercado del petróleo y por el otro el surgimiento, crecimiento y posicionamiento de las energías renovables. Nos encontramos en medio, ya que consumimos gasolina o diésel para movilizarnos, además que la mayoría de los productos derivados del petróleo también están presentes en nuestros hogares. El Gas Licuado de Petróleo (GLP) presente en casi todo ya sea directa o indirectamente ya que se utiliza en procesos para la creación de productos de uso diario, es otra manera mediante la cual contribuimos a la demanda de estos; y así siguen explotando este bien natural, guardado en nuestro planeta y formado durante millones de años. La disminución de sus precios puede llevarnos a preferirlos, pero con el paso del tiempo las opciones energéticas alternativas también van disminuyendo sus precios, por lo que llegaremos a un punto el cual no habrá vuelta atrás. Por consiguiente, debemos acelerar el paso para llegar ahí y poder divorciarnos de una vez por todas de los combustibles fósiles.

Hasta el día de hoy, nuestro gobierno no ha dado propuesta en cuanto al plan para invertir en la proliferación de las energías limpias del país. ¿Cuáles serán los incentivos para que los empresarios nacionales e internacionales aprovechen el sol, el viento, las mareas o los desechos orgánicos que produce nuestro país? ¿Qué facilidades aduaneras habrá para la importación de vehículos eléctricos o alternativos a los convencionales que tanto contaminan? ¿Qué apoyo habrá para inventores e innovadores que quieran producir y exportar en este mercado de energías renovables?

Soy un ciudadano que conoce la urgencia y prioridad que debe llevar este tema al gobierno, a los tomadores de decisión nacionales y a la sociedad civil. ¡Dejemos de financiar nuevos proyectos de combustibles fósiles!

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