Opinión

11 Dic 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

Cazadores de corruptos

El político, funcionario y empleado público tiene que realizar sus actividades lo más transparente posible, solo así se podrá controlar toda la actividad estatal y sus irregularidades. 

El 9 de diciembre ha sido designado como el Día Internacional contra la Corrupción por decisión de la Asamblea General de la ONU. El principal objetivo es combatir este fenómeno social e instar a los países para que ratifiquen la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.

El Salvador, por supuesto, ha ratificado la Convención con el fin de eliminar la corrupción de pies a cabeza. ¿Qué efectos ha tenido este tratado en nuestro país? En los últimos años diversos actores han destapado supuestos casos de corrupción –digo supuestos ya que por el momento no hay sentencias condenatorias– que han estremecido a la sociedad y que incluso han sido factores determinantes en períodos electorales.

Lo curioso de estos casos es su fuente: programas radiales, periódicos, publicaciones, discursos, etc. Sin embargo, es poco común ver que los casos provengan de una institución oficial después de una larga y profesional investigación. No me mal entiendan, no tiene nada de malo que un periodista saque a la luz investigaciones sobre casos de corrupción. Todo lo contrario. Es admirable, requiere mucho valor y, lo más importante, es una manifestación del ejercicio de la libertad de expresión, periodismo y búsqueda de la verdad. No hay nada más saludable que eso.

El problema con que las fuentes que destapan casos de corrupción sean únicamente estas es que deja en evidencia la inútil operatividad de las instituciones estatales a las que también les corresponde esta tarea. Los cazadores de corruptos son todos menos la Fiscalía General de la República (FGR), Corte de Cuentas de la República, Policía Nacional Civil (PNC), etc.

Lastimosamente, los casos más recientes han sido utilizados como instrumentos para desprestigiar, cuando en realidad un caso así debe ser utilizado para buscar la verdad, corregir lo que hay que corregir y finalmente hacer todo lo posible para evitar que vuelva a suceder. Desde luego, generalizar sería un error. No puedo incluir a los periodistas que han dedicado horas y recursos para descubrir la verdad y dejar en evidencia la sospechosa gestión de fondos. Es el mejor ejemplo de cómo debe tratarse un caso de corrupción, con el único fin de querer eliminar este fenómeno.

Si un político destapa un caso de corrupción esperando el momento oportuno –tiempo electoral– el único hedor que sentirán muchos de los ciudadanos es el de la bajeza, el oportunismo y la hipocresía. La bajeza por querer hacerlo con el único fin de desprestigiar al oponente, por no tener mejores ideas para ganarse un voto y la hipocresía por no tener el valor de hacerlo con el único fin de eliminar a los corruptos sin tener que pensar en lo que ganará a cambio (los votos). Por supuesto que sería ridículo establecer fechas para denunciar la corrupción con el único objetivo de no hacerlo con fines electorales; no es esa mi sugerencia.

La tarea más importante es dotar de dientes a las instituciones cholcas para que puedan operar contra la corrupción. El fenómeno no solo es social, también es institucional. Entre más transparente sea la institución, menos posibilidad de corrupción existirá. El político, funcionario y empleado público tiene que realizar sus actividades lo más transparente posible, solo así se podrá controlar toda la actividad estatal y sus irregularidades.

 

 

 

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