Opinión

11 May 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

Carta para un corazón inclusivo

Según el Banco Mundial, unos mil millones de habitantes, o el 15 % de la población mundial, viven con algún tipo de discapacidad y la prevalencia es mayor en los países en desarrollo, y El Salvador es uno de ellos. Se sabe que es más probable que las personas con discapacidad, en promedio como grupo, experimenten situaciones socioeconómicas adversas, tales como: menor nivel de educación, peores condiciones de salud, alto desempleo y tasas más elevadas de pobreza. Es más difícil enfrentar este tipo de situaciones cuando las familias han sido desintegradas y en su mayoría son madres las que lideran los hogares y asumen los retos que la capacidad especial de sus hijos demanda.

Para un hijo que ha visto a su mamá no separarse en ninguna etapa de rehabilitación y preparación ante cualquier discapacidad, un agradecimiento sincero es el mejor regalo que podría ofrecerle. Es por eso que presento la historia de Óscar Guerrero, que ha luchado casi siete años con una discapacidad física y que se ha mantenido triunfante, gracias a la fortaleza de su madre.

“Sé que te lo he dicho por muchos años, pero hoy tengo la oportunidad de agradecerte por acompañarme durante mis dos vidas. Así es, una empezó en el momento en que nací y la segunda después del accidente. Es difícil que alguien pueda imaginar la vida que lleva una madre cuando su hijo  ha sufrido una “explosión de una malformación arteriovenosa en el cerebro”. Más tú nunca te diste por vencida, he hiciste que la fe tuviera más fuerza que los diagnósticos que existían. Años luego de esto, te enfrentaste junto conmigo ante las barreras arquitectónicas, mentales y culturales de esta sociedad. Y has hecho innumerables esfuerzos para que nadie me cierre las posibilidades de rehabilitarme física, psicológica y espiritualmente. Nunca has tenido pena de pedir ayuda para que alguien me cargue o ayude para movilizarme ante la inaccesibilidad de la gran mayoría de los lugares del país. Sé lo mucho que has luchado para financiar todo lo que mi nueva vida implica y lograr cubrir mi tratamiento, rehabilitación, medicinas, movilidad y todo lo demás que se ha ido añadiendo a cada circunstancia. Desde el principio, has llevado la mayor parte de la carga en el hogar, pero afortunadamente en el camino hemos encontrado muchas personas que nos han acompañado.

Son casi siete años los que han pasado después del accidente y puedo decir que ha sido gracias a ti que he logrado dar todo de mí en lo académico y laboral. Estoy consciente que en eso he sido privilegiado porque en un país como el nuestro la inclusión no es un derecho accesible para todos. Nosotros hemos despertado a una “Ley de Equiparación de Oportunidades para Las Personas Con Discapacidad” que desde que fue escrita en el año 2000, no demanda una sanción al no ser cumplida. Tú me demostraste que es posible superar los diagnósticos negativos que afirmaban que nunca podría valerme por mí mismo, pero tú me enseñaste nuevamente aprender paso a paso cada movimiento que me está permitiendo ser lo más independiente posible.

 

Gracias madre porque yo sé que nunca estaré solo y nada tendrá la grandeza del amor que me has demostrado a lo largo de mi recorrido”.

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