Opinión

11 Dic 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Carta a los jóvenes

Nunca he sido muy dado a escribir cartas a grupos enteros, pues me parece que, si no se tiene cuidado, puede perderse el sentimiento que busca transmitirse a través de esta. Y aunque quizás muchos queramos seguir aferrados a solo escribir cartas para enamorar o despedir, la fácil redacción de un texto así se puede prestar para ocasiones como esta. Hoy quiero escribirles una carta a ustedes, jóvenes, y, por qué no, no tan jóvenes, a los que se atreven a participar, leer y comentar, y a los que no también.

Como ya les dije, soy un tanto tradicionalista con esto de las cartas, así que les pido disculpas si los aburro. Saltémonos la parte del saludo cordial y vayamos al grano: ¿no está hartos de tanta política? Porque yo sí. Y no piensen que voy a decirles que se comprometan y actúen ustedes mismos por un mejor país, porque- seamos sinceros- ese consejo se oye demasiado vago. Y me di cuenta de eso hace un buen rato, pero no iba a venir a contarles que lo descubrí y me quedé sin nada que hacer. Esa sería una pésima carta.

Así que sí, ahí estaba yo, un joven universitario como ustedes, harto de la gran mayoría de políticos, funcionarios y demás. Y entonces, puse en práctica uno de los mejores consejos que espero les funcionen: me equivoqué. Cada día cometía errores en algo diferente y, si podía, repetía el del día anterior. Aunque suene a chiste, no se imaginan la cantidad de buenos resultados que eso me ha traído.

Por un día, leía noticias en un periódico que casi nadie suele leer, de esos que la gente pasa desprestigiando (ojo: de todos los colores). Simplemente, me ponía a comparar, analizar el punto de vista del autor e intentar comprenderlo. Créanme, a veces se tornaba imposible. Otro día, tomé un libro de esos que nadie recomienda, de los que no hacen películas ni campañas de marketing.  Empecé a hojearlo y terminé leyéndolo todo. No estuvo nada mal.

Fui donde mis padres y abuelos a preguntarles sobre sus creencias políticas y religiosas. Empecé a cuestionarles algunas cosas que simplemente no me hacían lógica. Descubrí que muchas de estas, a pesar de que los hacían felices, tampoco les hacían mucho sentido. Luego, fui donde mis amigos/as y me peleé con ellos por las mismas discusiones. Algunos se burlaron y alejaron, pero otros me escucharon, analizaron y comenzaron a cuestionarme a mí también.

¿Qué trato de decirles? Yo también he sido como muchos de ustedes que intentan resolver las problemáticas del país en sus cabezas bajo modelos económicos y políticos. Pero me di cuenta de que para ponerlos en práctica debo estar allá arriba donde se declaran bonos navideños y demás insultos. Y para llegar allá creo que me falta un buen trecho.

Dejé de criticar tanto al presidente solo por burlarme y comencé a escucharle, analizarle y sacar mis propias conclusiones. Recordé que no es lo mismo insultarlo detrás de la computadora, que ir a sentarme y discutir contra él. Me di cuenta de que un gran parte de mi enojo dependía de cómo decidía que me afectara lo que sucedía. Es cierto, los diputados se recetan un bono navideño cuando eso podría utilizarse en mejores oportunidades, pero eso no me impide disfrutar mi vida ni hacer que otros salvadoreños tengan una mejor navidad.

Así que sí, equivóquense. De lo único de lo que se pueden arrepentir es de no haberlo hecho. Cometer un error significa hacer algo fuera de lo planeado, de lo establecido, de lo prescrito y lo dictado. Regalen más de una sonrisa por día. Bailen, enamórense, duden y piensen. Si quieren nuevos resultados, tienen que hacer nuevas cosas.

Estoy seguro de que a más de alguno esto le resultó en extremo vago. Incluso hasta a mí en algunas partes, pero me cuesta romper el tradicionalismo. Ya se puso de moda escribir cartas a funcionarios, pero a veces hay que escribirle algo a quienes desearíamos cambiar -aunque sea por un día- lo que sucede en el país.

 

  • Luis Carlos CISNEROS

    Las cartas a las masas no tienen destinatario, lo
    pienso. De ninguna manera debe hartar la política a los gobernados. A Jaime Ayala es necesario recordarle que se informe debidamente y de varias fuentes no generalizar sus ideas que evidencian una falta de apropiación de la información. Decir que es vago exigir un compromiso de los jóvenes lectores hacia las instancias que formulan la política es asegurar la continuidad del mecanismo de ejercicio de gobernación que él mismo critica. Estas ideas no
    pueden sino venir de una mentalidad católica tradicionalista a quien a él mismo le dirijo (no una carta) sino la invitación a informarse mejor, abandonar toda idea que su redacción es clara y superar sus pensamientos.

    • Jaime Ayala

      No es abandonar el compromiso, es comprometerse diferente y de mejor manera. No sé a qué te refieres con el punto católico (no sé a qué viene al caso ese comentario). La carta no es un llamado a abandonar la política, sino a cuestionarse, pero de verdad. Saludos.

      • Luis Carlos CISNEROS

        Me alegra mucho leer que la negación del compromiso no es un llamado a lo largo de tus ideas expuestas en esta columna que examinamos. No es necesario que prestes mucha atención al punto donde determino las características de la estructura de tu
        pensamiento aún tradicionalista. Recuerda que tus líneas no me han aburrido a
        mí y que aunque sea un lector asiduo y crítico te espera a la siguiente producción
        y a la vez debo felicitarte por tener la osadía de iniciar redactando párrafos
        en este medio de dudosa penetración mediática. Me alegra mucho también que haya evidenciado que la no negación del compromiso te permitió leer otras fuentes
        alternativas de información. Ahora bien, dudo que tu compromiso político se
        manifieste a un grado mayor. Es siempre necesario superar la cuestión de la
        duda metódica propuesta hace muchos años por René Descartes y hace poco en un foro por el economista Roberto Rubio-Fabián que muy poco propone.

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