Opinión

25 Ago 2015
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

¿Aún hay esperanzas?

El Salvador es conocido, entre otras cosas, por las pupusas y por ser uno de los países más pequeños del continente. Sin embargo, desde hace algunos años está siendo reconocido por los problemas sociales que lo aquejan.

Hace algunos días regresé de un intercambio estudiantil en el extranjero y aunque la experiencia fue increíble, algo que me llamó la atención, y que de cierta manera me hizo sentir mal, fue conocer la percepción que tienen en el exterior de los salvadoreños.

Cuando alguien se daba cuenta de que soy salvadoreña me preguntaba sobre las pandillas, sobre la violencia en el país o que si era cierto lo que se oía en las noticias. Pero algo que llamó mucho mi atención es la manera en que algunas personas nos generalizan y estereotipan.

Cierto día hablaba con un joven caribeño y me manifestaba que en una clase que recibió en la universidad supo que El Salvador ocupa los primeros lugares en criminalidad en Latinoamérica. Luego, el joven hizo un comentario insinuando que quizá todos los salvadoreños somos delincuentes.

La verdad fue muy triste oír eso. No sólo fue triste saber que cuando un extranjero escucha “El Salvador” se le viene a la mente la palabra “pandillas” sino que también fue muy lamentable sentirse estigmatizado y hasta cierto punto discriminando.

El hecho de provenir de un país donde la violencia no cesa, que parece desmoronarse cada día más, no nos hace delincuentes ni malos a todos. No todos somos corruptos o violadores, esto es sólo la excepción y no la regla.

Hoy quiero expresar que así como hay cientos de jóvenes queriendo entrar a grupos delincuenciales, también hay cientos de jóvenes queriendo ingresar a una universidad, con anhelos de superarse, de cumplir sus sueños profesionales y de ver un país transformado.

Aún existimos jóvenes que luchamos por un mejor El Salvador, que trabajamos en lugar de robar, que nos estamos preparando y que deseamos ser parte de la solución y no del problema. Sí, aún existimos ese tipo de jóvenes.

Más allá de la situación que estamos viviendo en El Salvador aún hay mucha gente trabajadora, hombres y mujeres que se esfuerzan a diario por llevar el sustento a sus familias. Yo soy de las que cree que aún hay esperanzas a pesar de todo lo que estamos atravesando.

Pero ¿en quién ponemos esas esperanzas? Lo cierto es que los que están en el poder no saben qué es vivir en la pobreza, no saben qué es trabajar de sol a sol para que luego los extorsionen; no saben qué es ganar menos del salario mínimo al mes y sacar a toda una familia adelante. No saben qué es privarse de un derecho tan fundamental como la educación por falta de recursos económicos; no saben el dolor desgarrador de una madre al llorar porque han matado a su hijo. La realidad del salvadoreño es esa y sin embargo los que tienen la obligación de trabajar por cambiarla no lo están haciendo.

Entonces, ¿en quién ponemos nuestras esperanzas? Pienso que primero en Dios, que es el único que puede ayudarnos a sobrellevar esta situación y al único que podemos rogar por nuestras vidas. Pero también la esperanza está en nosotros mismos. Es hora de no quedarnos de brazos cruzados. Es tiempo de reclamar por nuestros derechos como ciudadanos, respetando por supuesto los derechos de los demás. Es momento de salir a las calles y expresar lo que no nos gusta y luchar por eso que queremos cambiar.

Pero para ello tenemos que dejar atrás todo tinte y bandera política. Si queremos ponerle fin a tanta violencia tenemos que unirnos de tal manera que los tres poderes del Estado junto a los gobiernos locales, empresa privada y la población estemos en la misma sintonía.

Tenemos que cortar la corrupción de raíz, cual higuera que no da frutos, no importando del partido o institución que sea y comenzar a recapacitar. Si no nos unimos como país nunca venceremos todo lo que hoy nos hace daño.

19 Oct 2018
“El Nayib”, un bote salvavida
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

“El Nayib”, un bote salvavida

18 Oct 2018
Pequeñas acciones para grandes cambios
Opinión | Por: Erick Hernández

Pequeñas acciones para grandes cambios

16 Oct 2018
Combinar la política y los desastres, no falla
Opinión | Por: Karen López

Combinar la política y los desastres, no falla

12 Oct 2018
Herencia de San Romero al país y para el mundo
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Herencia de San Romero al país y para el mundo