Opinión

9 Oct 2013
Opinión | Por: Oswaldo Serrano

Asumamos la responsabilidad

Hace unos domingos, escuché unas palabras que sin duda llamaron poderosamente mi atención. Justo ese día, me agarró la tarde para ir a Misa y logré ir hasta las 5:00 pm; para mi sorpresa comenzó puntual, algo inusual porque el Padre Vladimir, sacerdote de la parroquia, no lo es. Un cura misionero sería el encargado de la Misa.

La celebración de la palabra transcurría normal, pero por la hora -digamos que sí- el sueño invadió mi cuerpo, y comencé a quedarme dormido en la banca… El tiempo transcurría, hasta que llegó la hora de la homilía, yo estaba entre dormido y despierto cuando el Padre, cuyo nombre nunca supe, comenzó a hablar de un tema que me despertó; eso, y sus gritos.

Él hacía referencia a una problemática actual, la violencia que aqueja a nuestra sociedad, su voz se elevó hablando con tal propiedad que era imposible no poner atención. Compartió su forma de ver las cosas y despertó el interés de muchos por sus palabras. “La sociedad actual es la única culpable de los problemas que tenemos”, frase que causó murmullo entre los presentes. “No podemos exigir paz si nosotros como padres de nuestros hijos no la inculcamos”, dijo entre otras frases. Incluso, hizo la pregunta: “¿Las personas nacen malas o se hacen? Yo no soy psicólogo, pero de inmediato conteste en mi mente: ¡Se hacen!”

Desde una perspectiva general, los bebés no tienen consciencia de lo que hacen y los niños no saben qué es bueno y que es malo. Sin embargo, durante la infancia y la adolescencia es cuando se define la personalidad de las personas. En ambientes de hostilidad y abandono, debido a la falta de valores cívicos y morales, de respeto y amor por la vida y el poco temor a Dios, es como muchos jóvenes crecen y se desenvuelven día con día. Por estos y otros factores, sin temor a equivocarse, cualquiera puede identificar que inciden negativamente en la formación del carácter y pensamiento.

Si bien es cierto, lo económico afecta, pero no es determinante. Muchos jóvenes de proceder humilde luchan y salen adelante en contra de las dificultades financieras. Por otro lado, se da también el caso que personas favorecidas económicamente, se aprovechan de la necesidad de algunos y caen en malos pasos. La educación y formación familiar es clave en estas situaciones, inculcar a los hijos a luchar y no ser presa del camino fácil es lo que verdaderamente determina sus acciones.

Para muchos padres, la idea de criar a sus hijos siempre es la mejor, con la mejor intención, pero la intención no siempre basta. En una sociedad extremadamente corrupta como en la que vivimos, más que tener la intención, se debe ser determinante y proceder a la acción.  Gracias a Dios, somos más los jóvenes que queremos hacer las cosas bien y que hemos tenido la fortuna de que nuestros padres no fallaron en nuestra formación.

Ahora, como miembros activos de nuestra sociedad, es nuestra responsabilidad que futuras generaciones no sean víctimas de la corrupción, así como nosotros somos jóvenes ahora, en un futuro seremos padres y seremos quienes deben guiar el camino de un nuevo ser. Y para quienes son padres jóvenes, el reto de formar ciudadanos de bien ya comenzó. Si queremos paz, sembremos paz desde la el seno familiar, asumamos la responsabilidad. 

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