Opinión

2 Ene 2018
Opinión | Por: Fernando Colocho

Año 2018 sin pensamiento político binario

Este día recibimos un nuevo año en nuestras vidas, es decir, una nueva oportunidad para aprender de los demás, alcanzar metas, crear proyectos, conocer lugares y contribuir al desarrollo de tu alrededor.

Pero, no será un año cualquiera, será un año decisivo para el rumbo político que nuestro país adoptará a raíz de las decisiones que tomemos hoy. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) oficialmente ha convocado para las elecciones de diputadas y diputados a la Asamblea Legislativa y de Concejos Municipales, el próximo 4 de marzo. Esta elección será determinante, pues trazará una nueva correlación de fuerzas para la elección presidencial del año 2019.

Dependiendo de la proporción que alcancen las dos fuerzas políticas mayoritarias en la Asamblea Legislativa y del resultado en determinadas alcaldías clave, las estrategias electorales presidenciales podrán enfocarse en proyectos que gozarán de la gobernabilidad requerida, o en una oposición mayoritaria que podría eventualmente bloquear cualquier iniciativa planteada.

En este punto es importante mencionar que, tanto en las elecciones 2018 como la del 2019, cada vez más los sectores jóvenes y la ciudadanía con pensamiento independiente representan una mayor proporción del padrón electoral; eso significa que para ganar una elección de manera contundente se requiere más allá del voto duro partidario. Para ganar se necesita atraer la atención del centro. Aquel centro que no se deja seducir por brillantes espejos y spots propagandísticos bien elaborados que juegan con emociones, y venden ideas al subconsciente. El centro demanda números, consensos, apertura de pensamiento, independencia de los intereses partidarios y propuestas claras, realistas, factibles y sostenibles.

El problema será que el centro, ese amplio porcentaje descontento con los partidos políticos, padezcan del mismo mal que sus respectivos extremos, un pensamiento político binario.

Este concepto se ha acuñado desde las ciencias informáticas, para describir un sistema de pensamiento centrado en los polos de un espectro. O sea, es blanco o es negro; es bueno o es malo; es capitalista o es socialista; es derecha o es izquierda… y así sucesivamente.

Si la definición en sí no resulta preocupante, retomo un extracto del artículo de Olga Rodríguez, publicado en eldiario.es para resaltar su gravedad en nuestras sociedades: “el planteamiento binario establece que “si críticas al PP es que eres del PSOE”. “Y si criticas al PSOE estás haciendo un gran favor al PP”. Hay en esa intención de cercar la realidad, en ese secuestro de todos los matices, en esa condena a quienes analizan la actualidad con todas sus variantes, una voluntad de control de los mensajes y de las mentes, una imposición de la polarización – “o estás conmigo o estás contra mí”-, una estrategia de asfixia a la creatividad en el plano político y a la profundidad en el plano periodístico”.

Sería una verdadera contradicción que los jóvenes actuales, quienes critican constantemente a la clase política por su desinterés por el pueblo, por su tendencia a la corrupción y su énfasis en intereses personales; terminen expresando una estructura de pensamiento igual de limitada. En pleno 2018 no podemos seguir aplaudiendo ciegamente a ningún partido político, ni sentir repudio por otro por algo más que sus colores o su bandera. Esta nueva sociedad no responde a resentimientos de guerra, tienen mayores niveles de preparación académica y un pensamiento más globalizado. No podemos defraudarnos a nosotros mismos apreciando la realidad únicamente en tonos de blancos y negros. Sí existen los matices, los niveles de gris, las propuestas buenas y las mentiras electorales. Es nuestro deber elevar el nivel de nuestros funcionarios públicos y llevarlos de los discursos emocionalistas vacíos a los verdaderos debates con líneas claras, y prioridades definidas.

Nosotros podemos influir en la configuración de poder dentro de la Asamblea Legislativa y de manera más concreta en los gobiernos locales. Pero, ejercer esa responsabilidad demanda que tengamos coherencia, respeto a nuestra ética intelectual e informarnos objetivamente. ¿Estamos a la altura del reto?

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