Opinión

10 Oct 2018
Opinión | Por: Verónica Ruiz

Alfred Nobel

La semana pasada se anunciaron los ganadores de los premios Nobel, pero ¿cuál es el origen de tan famosos reconocimientos? Alfred Nobel fue un químico, ingeniero e inventor sueco, tiene a su nombre más de 300 patentes, entre estas la más famosa, y con la construyó su fortuna, fue la dinamita; además de inventor, era empresario y a los 60 años compró una fábrica de metales, que eventualmente se convirtió en una fábrica de armamentos de guerra.
La vida iba bien para Nobel, tenía todo lo que la sociedad aplaude, era millonario, sin importar cómo había ganado ese dinero. Pero, en 1888, su hermano, Ludving murió y por equivocación un periódico francés publicó un obituario para Alfred Nobel, en este se leía: "Ha muerto el mercader de la muerte" y mencionaba como sería recordado por sus innovadoras ideas, que contribuyeron para el desarrollo de tecnología más eficiente para matar más personas en el menor tiempo posible.
Al leer esto Nobel quedó perplejo, lo hizo recapacitar en cuánta razón había en ese
obituario y no quería ser recordado de esa forma, así que decidió cambiar su
testamento.

En 1896, Alfred Nobel sufrió una hemorragia cerebral y a sus 63 años, fue entonces cuando se dio a conocer su testamento, en este establecía que el capital invertido de su fortuna, debía convertirse en "un fondo cuyo interés será distribuido cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad", este dinero habría de repartirse en cinco partes iguales, a quienes hayan realizado el mayor descubrimiento o mejora en las áreas de física, química y psicología o medicina, a quien haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista en el campo de la literatura, y una parte a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre naciones, la abolición o reducción de ejércitos existentes y para la celebración, y promoción de congresos por la paz.
Pero, los premios Nobel no funcionan como los premios de la academia de cine en los que cada año hay una conferencia de prensa en la que anuncian a los nominados y luego, una ceremonia para anunciar a los ganadores. Y no cualquiera puede nominar a alguien, cada año el comité Nobel manda formularios a personalidades reconocidas (aproximadamente 3,000) en diferentes áreas, para que ellos nominen a quien consideran merece el reconocimiento.

Las nominaciones, además de ser muy exclusivas son confidenciales, la Fundación
Nobel, en sus estatutos prohíbe la divulgación de información sobre las nominaciones, durante los 50 años posteriores a esta. Es decir, que si alguna vez un salvadoreño fue nominado a un premio Nobel, para que ahora lo sepamos, tuvo que haber sido nominado en 1968.
A lo largo de su historia, 17 latinoamericanos han ganado un premio Nobel, de estos 3 han sido centroamericanos, Miguel Ángel Asturias y Rigoberta Menchú, guatemaltecos ganadores del premio Nobel de literatura y paz, respectivamente; y Oscar Arias Sánchez, expresidente de Costa Rica, ganador del premio Nobel de la paz.
El Salvador cuenta con dos nominaciones al premio Nobel de la Paz, el Ministro de Relaciones exteriores Miguel Ángel Aranjo nominado en 1935 por la Asamblea
Legislativa, y José Gustavo Guerrero nominado en 1948 y 1949 por su trabajo como presidente de la Corte Permanente de Justicia Internacional.
Hasta ahora, no hay pruebas de que un compatriota haya sido nominado a un Nobel en ciencias, de lo que sí hay pruebas es de la falta de investigación científica de la que padece el país. Y también, hay pruebas de que El Salvador cuenta con mucho talento tenemos muchos potenciales científicos capaces de alcanzar grandes logros, personas que de haber nacido en una nación que valorara y desarrollara el conocimiento podrían cambiar el mundo.

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