Opinión

27 Jun 2017
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

Al pueblo, pan y circo

En definitiva, pareciera que en nuestro país vivimos bombardeados por el espectáculo, el show mediático, la fanfarria y otras estrategias, que se articulan bajo la mesa, con la misión principal de mantenernos entretenidos y de alguna manera, adormecidos, ante los sucesos políticos que marcan nuestra realidad. Existe evidencia de este precepto en la historia salvadoreña, y es que al parecer, los ciudadanos disfrutan muchísimo del circo político que despierta las pasiones y perversas emociones en los periodos electorales.

En contrapeso, diferentes organizaciones de la sociedad civil se continúan consolidando para luchar en favor de sus derechos y en la búsqueda de soluciones a las peticiones que demandan. El objetivo de estas luchas es posicionar sus propuestas en la agenda pública, para que sean tratados los temas como el derecho al agua, la reforma al sistema de pensiones, la legalización del aborto, entre otros. La dirección estratégica contribuye a la verdadera incidencia política.

Pero, para saber más sobre el origen del titular como una famosa frase, debemos conocer que: Panem et circenses, es una locución latina peyorativa que significa «pan y circo». Tiene su origen en la Sátira X del poeta romano Juvenal, uno de los grandes satíricos que criticaba a la decadencia romana. Juvenal sostenía que el pueblo no se preocupaba por la política, que se quedaba sereno y que sólo ansiaba dos cosas: pan y espectáculos circenses para vivir entretenidos y contentos. Los gobernantes solían ofrecer grandes espectáculos y en tiempos de hambruna, repartían alimentos como pan o trigo, con el fin de calmar el hambre. Las intenciones eran claras: obtener a cambio la obediencia, la confianza y la pasividad de las personas frente a los asuntos relacionados a la política.

Las elecciones del 2018 para elegir diputaciones a la Asamblea Legislativa y concejos municipales se aproximan, y es pertinente recordar la importancia que tiene estudiar y analizar los fenómenos sociales, con una rigurosidad política –no partidista- y un ojo crítico que conlleve hacia verdaderas reflexiones sobre nuestro sistema. Ya que, como pueden observar, la precampaña ha iniciado en diferentes plataformas, pero principalmente, en las redes sociales donde circulan banderas, apellidos, frases célebres y propuestas para mejorar el país.

Debemos estar preparados para todo.  Y “todo” aquí, significa soportar toda la campaña sucia, los escándalos, la mofa, el escarnio, y entre tantas cosas absurdas que alejan la atención del público de lo que realmente interesa: la idoneidad del candidato y el seguimiento y evaluación de la gobernanza que practican nuestros representantes en el poder. Y de manera peculiar, es la era de los memes, que florecen por doquier, a toda hora y en cualquier día. Nadie está exento de ellos y de las mentes ocurrentes que las crean. A todo esto, lo que menos prevalece en nuestra sociedad es una cultura política de altura.

El escritor italiano Nicolás Maquiavelo, utilizó la expresión del titular en su libro “El príncipe”, para referirse a que “se debe distraer al pueblo, con fiestas y espectáculos; es decir, si al pueblo se le da pan y circo, no tendrá tiempo para razonar sobre otras cosas por estar entretenidos y se dispondrá del poder a su conveniencia”. ¿Es lo que está pasando en El Salvador? Ciertamente sí, no hay un solo día en el que no haya una cortina de humo recorriendo nuestros 21,041 km² de territorio. Todo aquello que sirva para evitar que la gente sepa o vea lo importante, constituye una cortina de humo.

Dejemos de recibir el pan, para comenzar a exigir una auténtica reconciliación. Evitemos el circo, y presenciemos algo mejor: más desarrollo, progreso y crecimiento del tejido social y económico de El Salvador. Enfrentemos la adversidad con nuevas herramientas. Superemos los errores, rescatemos el presente y garanticemos el futuro

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