Opinión

31 Oct 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿Acierto educativo?

Hace dos semanas, tuve la oportunidad de estar en el Paréntesis, programa de MedioLleno en la Tarde sin Estrés de la Radio Fuego 107.7 fm. La discusión principal se basó en un programa gubernamental implementado desde 2009. Desde sus inicios, el proyecto ha pretendido insertar la ciencia, innovación y tecnología como una prioridad en el sistema educativo de nuestro país, para contribuir a una nueva generación de profesionales.

Para emprender esta idea fue necesaria la creación del ya no tan nuevo Viceministerio de Ciencia y Tecnología, que se ha encargado de establecer alianzas y convenios que han repercutido en oportunidades para los estudiantes, con énfasis en el sector público. De esta manera, la institución ha otorgado becas para que los bachilleres realicen estudios en el exterior. Al mismo tiempo, también realiza otro tipo de convocatorias. Por ejemplo, hace unos días cerró la convocatoria para un postgrado en México en áreas relacionadas a la Química, Física, Biología, Ingeniería, Biotecnología y Ciencias Agropecuarias.

Además, el viceministerio realiza diversos programas como talleres, capacitaciones (tanto a profesores como a estudiantes) y ferias para insertar los conocimientos de ciencia y tecnología en las escuelas. La institución es dirigida por Erlinda Hándal Vega , quien posee un currículum admirable con respecto a logros científicos y académicos. Dicho sea de paso, en febrero de este año fue aprobada la Ley de Desarrollo Científico y Tecnológico, con la que se busca asegurar cierta continuidad por parte de administraciones futuras.

Ahora bien, antes de que todo esto parezca propaganda para el gobierno, siempre existen dudas y comentarios sobre las acciones relevantes a nuestro país. ¿Es efectivo todo este proyecto? ¿Será sostenible en el tiempo? ¿Debe mantenerse? Poco puede decirse hasta el momento sobre esta nueva experiencia para los estudiantes y docentes, pues quizá los resultados podamos verlos de aquí a 10 años.

Muchos países como Finlandia, Israel, Corea del Sur y Singapur no solo invirtieron en educación en el pasado, sino también en tecnología, lo cual ha repercutido enormemente en la calidad de vida de sus habitantes. En escritos anteriores, he manifestado la necesidad de que el país realice una inspección social y estadística en el sistema educativo para ser más efectivos al marcar nuestras directrices para el futuro. Pudiera suceder que este programa sea un acierto total, pero eso no deja de lado que muy probablemente haya sido una decisión casi a ciegas.

Esto no significa que el proyecto deba ser suspendido o cancelado, pero copiar lo que sucede en otros países no siempre garantiza un éxito en las condiciones actuales de nuestra nación. La buena noticia es que al menos estamos replicando algo positivo. La introducción de los estudiantes a la ciencia y tecnología no solo significa una cuestión de índole escolar, sino también laboral y de competitividad. Invertir en mejoras de capital humano de este tipo y que, dicho sea de paso, se haga a instancias internacionales puede resultar extremadamente positivo para el país.

En muchas ocasiones, periodistas y académicos le han recriminado a los países latinoamericanos sobre el exceso de estudiantes en áreas sociales y humanas, mientras que en las grandes potencias los rumbos de esas naciones son liderados por ingenieros y científicos. Veámoslo de esta manera: los candidatos presidenciales de El Salvador son un profesor, un odontólogo, otro militar, un abogado y un bachiller-locutor. Sin ánimo de ofender estos trabajos, les comento que el presidente de China es un ingeniero químico y el de Singapur un banquero y físico con doctorado en  matemática.

Es muy cierto que la democracia no entiende de requisitos académicos para ocupar una silla presidencial, pero cada vez se vuelve más necesario involucrar a la ciencia en nuestras decisiones políticas. Me gusta pensar que este nuevo proyecto es un acierto para el país y que podrá ser sostenible y continuado por las próximas administraciones públicas. Dentro de la aún incierta política educativa de nuestro país, este programa representa una nueva oportunidad para generar desarrollo en el largo plazo. Lastimosamente, por el momento solo la historia podrá juzgarlo.  

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