Opinión

3 Abr 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

Aborto, vale la pena hablar al respecto

¿Qué puedo decir yo que no se haya dicho ya del aborto? Si buscas un artículo a favor o en contra del mismo, mejor sigue buscando, aquí no lo vas a encontrar. Esta es únicamente la perspectiva de su servidor sobre cómo factores externos del tema pueden influir, y hasta tergiversar, las verdaderas consecuencias de la regulación del aborto.

El 24 de abril de 1997, con la entrada en vigor del Código Penal, El Salvador se integró al selecto y diverso grupo de países que contemplan una prohibición absoluta al aborto: Chile, Ciudad del Vaticano, El Salvador, Malta, Nicaragua y República Dominicana. Prohibición que, hasta el día de hoy, aún se mantiene y se mantendrá por un largo tiempo, por muchas piezas de correspondencia que cualquier partido político presente.

No me malentiendan. Como ya dije, no soy “Pro vida” ni tampoco “Digna”, me considero un observador externo sin el mayor interés en el tema que el que me exigen mis estudios en derecho, como el conocimiento de la actualidad política del país. Y sin miedo a equivocarme puedo afirmar que mientras El Salvador tenga una predominante población con marcadas tendencias morales, el aborto seguirá siendo un tabú.

Quiero hacer hincapié en la palabra tabú, y como no he utilizado la palabra “controversial” o “polémica” para describir el contexto en el que se desenvuelve el tema del aborto en la realidad salvadoreña; la RAE define tabú como: “prohibición de tocar, mencionar o hacer algo por motivos religiosos, supersticiosos o sociales”. Esto ya no puede ser tolerado, vale la pena hablar del aborto.

Y es que en El Salvador, jueces de la moralidad sobran. Ambos lados de la moneda están llenos de inexplicables convencionalismos, que se siguen repitiendo en el tiempo. Mientras que los que están en contra del aborto se creen paladines de la vida, defensores de la naturaleza humana y la esperanza del futuro de la juventud; el otro lado se ven como luchadores por las mujeres, el siguiente paso de la igualdad social y liberadores de la opresión.

En pocas palabras, cada lado cree tener razones inapelables del por qué el otro lado dice tonterías. Y así nunca avanzaremos como sociedad, debemos dejar atrás las ideas cerradas y preconcebidas, un tema de tanta importancia en la coyuntura política no se merece esto.

Aceptar cuestionamientos sociales verídicos sobre el aborto, por poner un ejemplo y citando las palabras del Doctor Melitón Barba: “Valdría la pena preguntarse si nuestra sociedad está preparada moral y culturalmente para conducirse como lo hacen otras que poseen valores éticos acendrados, educación y cultura que la nuestra no posee, cada mujer que quisiera desembarazarse lo haría alegando haber sido violentada sexualmente…”,  palabras que fueron dichas en la década de los setenta, anticuadas lingüísticamente hablando, sí, pero que a mi forma de ver la situación debe ser tomado en cuenta al momento de hablar de la regulación del aborto.

Tomar en cuenta verdades incomodas sobre el aborto, como es su alta tasa nacional de práctica clandestina; si el Estado puede impedir que la salud y el bienestar tanto físico, como psicológica de las mujeres sea puesto en peligro por prácticas insalubres e inseguras, ¿por qué negarse?

Que lo dicho por los grupos de presión y partidos políticos que censuran a los demás sobre este tema, alegando sus propias concepciones, sea ignorado y condenado, el pensamiento cerrado que profesan es el obstáculo de El Salvador. Y las acciones realizadas por los movimientos feministas y grupos de apoyo sea aplaudido, pero no por el aborto en sí, sino por traer al debate nacional un tema espinoso, que los diputados suelen ignorar por el bien de sus votos.

Si seguimos por este camino no tardaremos en hablar del matrimonio igualitario, también vale la pena hablar sobre eso.

  • Jeny Alfaro

    Cuando el país entienda que justicia, libertad e igualdad no pueden confundirse quizá y sólo quizá podamos hablar de eso…

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