Opinión

26 Jun 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Abogacía: desprestigiada profesión

¿Quién quiere agudizar más la nefasta reputación de esta noble profesión? Se necesita de mucho esfuerzo conjunto para devolverle el honor que merece.

Una prestigiosa en su esencia y en la realidad desprestigiada profesión se celebra cada 30 de junio. Dicha celebración data de 1984 con el Decreto Nº 108, que menciona: “La Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, considerando: I- Que el profesional del Derecho es de vital importancia en el desarrollo del país, en los órdenes social, económico y político; II- Que el profesional del Derecho vela porque se cumpla el principio de legalidad y seguridad jurídica, propugnado a la vez por la consecución de la justicia como valores de la cultura universal; III- Que por las anteriores razones, los abogados son depositarios de fe pública en su apostolado velando por la justicia y la legalidad en las actividades públicas y privadas, contribuyendo así a la paz y el progreso del país; POR TANTO, en uso de sus facultades constitucionales DECRETA: Art. 1.- Declárase el treinta de junio de cada año “Día del Profesional del Derecho […]”. Fue publicado en el Diario Oficial Nº 104, Tomo 283, de fecha 5 de junio de 1984.

Quiero enfatizar que no todos los profesionales del derecho son abogados. Hay que acabar con este paradigma. Ni son abogados por el hecho de estar autorizados por la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Son abogados los que defienden a su cliente en los tribunales, los que brindan asesoría jurídica, los que se dedican a la práctica de esta digna carrera.

La costumbre social coloca a la profesión del derecho en un gremio de corruptos, ladrones y otros calificativos no muy gratos. Lastimosamente, la abismal diferencia de precios en los trabajos jurídicos solo por rasgar unos cuantos centavos, la hipocresía entre colegas, el compadrazgo poco evitable, los actos antiéticos o ilegales y los incontables procesos judiciales de abogados en calidad de imputados, ha permitido que la opinión mayoritaria desprestigie esta profesión.

Ante tanto pisoteo de la sociedad, es necesario cambiar la mentalidad y posterior actitud de los profesionales del derecho. Conviene unir el gremio y que sea referente ejemplar en el país y en Latinoamérica; sin embargo, hay tantas organizaciones y asociaciones de abogados que defienden sus propios intereses, generan divisionismo y empujan por tener a su gente en los altos cargos. Como propuesta e ilusión, es necesario crear un Colegio de Abogados, de donde surjan los grandes trabajos científicos de las ciencias jurídicas, de donde nazcan los proyectos de ley, que sea la institución que controle las actuaciones de los abogados litigantes, donde se decreten parámetros determinados para cobrar honorarios, que funcione como corriente de pensamiento jurídico, que organice eventos jurídicos internacionales, diplomados, postgrados y diversos estudios legales que sean influyentes en la sociedad.

Hay una cantidad excesiva de profesionales del derecho, lo sé, pero también hay mucho campo por explotar. En todas las instituciones del Estado, autónomas o semiautónomas, en el Órgano Judicial exclusivo para profesionales del derecho, en las empresas privadas, en cada acto o contrato solemne realizado a persona natural o jurídica, se necesita un abogado o notario, y los que sobresalen y obtienen el monopolio son los distinguidos y eminentes profesionales. El resto sigue hundiendo el prestigio de esta carrera. ¿Quién quiere agudizar más la nefasta reputación de esta noble profesión? Bien, se necesita de mucho esfuerzo conjunto para evitarlo y devolverle el honor que merece, esfuerzo que debe acompañarse del hambre de conocimiento, del humanismo, la ética, honestidad, conciencia firme y no despegarse del objetivo permanente de consecución de justicia.

Retomo un texto de Ángel Ossorio, de su libro “El alma de la toga”: “En el Abogado, la rectitud de la conciencia es más grande que el tesoro de los conocimientos. Primero es ser bueno; luego ser firme; después ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; la pericia, en el último”.

“No pases por encima de tu estado de conciencia, no afectes una convicción que no tengas y procura la paz como el mayor de los triunfos”. Feliz día casi colegas profesionales del derecho.

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