Opinión

10 Mar 2017
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

A un año de las elecciones

“El reprochable trabajo del FMLN le pone en bandeja de plata la oportunidad a ARENA para lograr adeptos. Pero al parecer, ya les gustó ser segundones”.

Estamos a meses de aguantar bombardeos, los partidistas están afilando sus ataques de propaganda partidaria buscando subir a la silla edilicia u obtener un curul en la Asamblea Legislativa (AL) de cara a las elecciones del próximo cuatro de marzo. Ya veremos a los candidatos preparar tortillas, bailar con las señoras, cargar niños, regalar escobas u otro tipo de ridiculez para lograr la empatía del público y convencerlos de que son los más simpáticos, y merecen ostentar el cargo público.

A pesar que la campaña no inicia legalmente, eternamente estamos en campaña partidaria; vemos políticos en las noticias y constantes shows en los pasillos de la AL, Casa Presidencial, las Alcaldías y por doquier. Esa actuación de los funcionarios y partidos políticos es utilizada como parámetro para medir la aceptación pública de una persona o un instituto político, que se materializa, en primer lugar, en resultados de encuestas y por último, en la obtención del voto popular en las siguientes elecciones.

Partiendo de lo anterior, me permito plasmar ciertas consideraciones acerca de las actuaciones de los dos principales institutos políticos. Los dos hacen plausibles méritos para perder las elecciones. Es una competencia del menos peor o quien comete menos errores.

El viejo y eterno FMLN no quiere soltar el hueso, y todavía permanecen las mismas caras longevas e históricas del conflicto bélico. Los mesías que pretendieron cambiar el país a partir de 2009 arguyendo que los 20 años trajeron miseria, delincuencia, desigualdad social y serios problemas económicos, son los que ahora lo administran igual o peor que en los anteriores períodos presidenciales, y han demostrado que son buenos para pelear en la guerra y crear ilusiones, pero no para crear estrategias de desarrollo y superación para el país. Este partido, que en aquel entonces luchó contra la oligarquía, creció odiando a los ricos y supuestamente defendió a la clase más desfavorecida, se olvidó de su discurso y se concentró exclusivamente en acumular riquezas a costa del erario.

El FMLN no conoce la palabra renovación, relevo generacional o palabras similares. Ninguna persona joven ha dado la cara por este partido, ni se le ha brindado espacios para sobresalir; la dirigencia del partido, voceros, diputados, alcaldes y demás cargos siguen siendo dominados por los mismos arrugados rostros que conocemos desde 1992 para atrás, pero en escenarios distintos. Este partido tiene abismales puntos en contra, más que a favor.

El reprochable trabajo del FMLN le pone en bandeja de plata la oportunidad a ARENA para lograr adeptos, pero al parecer ya les gustó ser segundones. Es mejor quedarse callados, a promover sus causas y al mismo tiempo tener un comportamiento totalmente contrario. Es mejor quedarse callados, a ser incoherentes e hipócritas.

Quieren dar el primer paso promoviendo austeridad, pero una alcaldesa organiza manifestaciones para exigir el pago del Fodes y al mismo tiempo les paga estadías en un hotel de playa a los empleados; utilizan sus seguros privados para tratamientos artificiales y no han creado propuestas para promover la austeridad en su partido y en las instituciones en que tienen presencia (AL).

Alardean ser un partido democrático, pero censuran a los que piensan diferente a su dirigencia, condenan a los que critican a su propio partido y meten a la silla eléctrica a quienes promueven causas contrarias a las que dicta el status quo. Su Juventud Republicana Nacionalista es una buena pantalla para fingir que les dan espacios a los jóvenes y son escuchados. Su lema debería ser: “Les damos apertura, pero les arrancamos la cabeza si piensan diferente que los jefes”.

¿Es pecado exigir al partido mayor transparencia en sus finanzas? Es algo que por ley están obligados a realizar. ¿Es aberrante brindar opiniones pro-aborto? Confieso que estoy en contra de sus causas, aunque eso no significa que deba irrespetar y callarles la boca a quienes las promuevan. Nada les costaba decir: “vamos a considerar sus propuestas”, luego los ignoran y punto. Se evitan las críticas.

No hay partido político que pretenda trabajar por el país. Al menos, políticamente no están preparados. Urge que suelten el hueso y le den paso a la época posguerra, para que trabajen con libertad, sin ser títeres.

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