Opinión

9 Ene 2013
Opinión | Por: Oswaldo Serrano

21 años después…

El Salvador hizo historia el 16 de enero de 1992 con la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a una guerra civil que duró un poco más de 10 años luego de un proceso complejo de diálogo con mediadores internacionales entre las partes involucradas. Los diversos enfrentamientos que se generaron entre los ex guerrilleros y los militares de aquel entonces dejaros miles y miles de muertos e insuperables heridas en cientos de familias que perdieron a sus seres queridos. Y el próximo 16 de enero, se cumplirán 21 años de esta histórica fecha.

 

Vale hacer una reflexión sobre las secuelas de nuestra sociedad dos décadas después.  Encontramos muchas familias que año con año recuerdan el día, lugar y hora en los que sus familiares perdieron la vida. Otras, aún viven con la incertidumbre si sus allegados siguen con vida. También hay quienes saben que sus seres queridos están vivos, pero deben lidiar con la distancia, que por la misma guerra emigraron a otros países buscando un poco de paz. Por otro lado, se recuerdan las fechas de los eventos que sin duda marcaron a El Salvador, la masacre del Mozote, el asesinato de Monseñor Romero, las muertes de los jesuitas, las ofensivas, siendo la de 1989 una de las más violentas, entre muchos más

 

Es normal que las personas recuerden todo esto, unas cosas más crueles de otras. Sin embargo, 21 años después, encontramos más que recuerdos. En algunos casos, encontramos personas que lejos de ver hacia adelante y tratar de buscar consuelo, se empeñan en recalcar esas heridas, buscan culpables y guardan rencores en quienes no tuvieron la culpa.

 

Un simple ejemplo, hace unos días escribí en mi cuenta de Twitter algo referente al rótulo “la violencia contra la mujer no se debe callar” que está contiguo a la Residencia Presidencial, expresaba que quizá era una señal subliminal, por aquello de los rumores que hay sobre lo bélico del Presidente, y cierto político salvadoreño, Roberto D’aubuisson compartió con sus seguidores lo que escribí, segundos después hubo una réplica de un usuario de dicha red social que decía: “Pregúntale al Mayor D’aubuisson y las mujeres y niñas asesinadas en el Mozote”. Esto  llamó mi atención porque el tema estaba totalmente fuera de contexto, ya esa persona hablaba de matanzas masivas que cometían ambas partes hace más de 20 años, y yo hacía referencia a un fenómeno social que es tan común en nuestras comunidades en la actualidad.

 

Como jóvenes, no estuvimos tan expuestos de manera consiente sobre lo que pasaba, como los adultos durante la guerra, pero podemos ver como también jóvenes se vuelven susceptibles por los que ven o se les transmite de los hechos que se suscitaron en la década de los ochentas.

 

Considero que como salvadoreños debemos tener en mente lo que sucedió, es parte de nuestra historia, de nuestro legado. Sin embargo, no es sano para la sociedad que el odio y repudio se transmita de generación en generación. No es justo condenar a un joven por el simple hecho de ser soldado o culpar a descendientes, no importando el bando, de los dirigentes de aquella época. Esto es algo que a mi parecer no se debe hacer. Parte de progresar, es dejar el pasado en donde debe estar, en el pasado. Debemos ver hacia el futuro y nosotros enfocarnos en no cometer los errores que nuestros antecesores cometieron.

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