Opinión

30 Sep 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

¿Pupusas y té helado?

La diversidad de opiniones hace crecer a un país, pues apostar todo de un solo bando nunca es bueno.

El lunes 15 de septiembre, día en que El Salvador celebra su independencia, Google homenajeó a nuestra nación con un pequeño gesto en la red. Mediante un popular doodle, convirtió la letra “o” en un plato de pupusas, acompañado de un tenedor y chuchillo, además de un vaso de té helado. Cualquier salvadoreño que se respete ya conocerá los graves errores en dicha imagen, por lo que reclamos no se hicieron esperar.

Las redes sociales se inundaron de comentarios y burlas hacia la imagen, porque, claro, el pueblo salvadoreño estaba indignado. ¿Cómo era posible que las pupusas aparecieran con tenedor y cuchillo? ¿Qué hacía ese té helado ahí? Habían herido el orgullo, la cultura y la autenticidad de algo tan aparentemente intocable en nuestro querido país.

Pero vaya que aún nos falta mucho por aprender. Con nuestra indignación no hemos hecho más que dar la razón a los cientos de políticos y funcionarios que a diario nos irrespetan. ¿Cómo es posible que un simple doodle nos haya indignado tanto como para unirnos? ¿Cómo se explica que nos hayamos rasgado tanto las vestiduras para una pequeña acción virtual y no lo hacemos de la misma forma ante los miles de abusos que se cometen dentro del país?

Quizá lo mejor sería preguntarles a quienes más mostraron su enojo contra la empresa Google. Con ánimos de ser honesto, debo aceptar que también me inquietó que pusieran un plato de pupusas con un tenedor y cuchillo, pero sé que eso no es lo importante. Detrás de ello, está el mensaje que a pesar de toda la violencia y desigualdad que existe en nuestra nación, alguien recuerda el día en que un grupo de hombres valientes liberó a nuestro país.

Dentro de la enorme masa indignada, no importaron los colores, no fue relevante si habían votado por Sánchez Cerén o Norman Quijano en las pasadas elecciones, si tenían mucho o poco dinero. Si somos capaces de unirnos de tal manera y dejar las aparentes diferencias de un lado en cuestión de minutos, ¿cómo es que aún no lo hemos hecho para solucionar los problemas de nuestro país?

Nos quejamos de los diputados del partido contrario, atacamos a los funcionarios que no representan a nuestro partido, pero somos incapaces de ver las fallas propias dentro del bando que apoyamos. No parece ser sentido de unión que un expresidente y algunos exfuncionarios sean acusados de corrupción, pero sí lo es que otro expresidente sea acusado de tener un accidente manejando un auto de lujo.

No es sinónimo de indignación nacional que un exfuncionario adquiera bienes de lujo y una casa para “clase media” y sí lo es el hecho de que las utilidades de otro exmandatario hayan crecido enormemente durante los cinco años de su gestión. A todos nos indigna el vaso de té helado, el tenedor y cuchillo que acompañan el plato de pupusas, pero no todo lo anterior. ¿Así de ridículos somos?

Lastimosamente, vemos lo que nos conviene. Algunos deciden ver el tenedor y el cuchillo en esa imagen, otros prefieren ver el vaso de té helado. ¿Y las pupusas? Pocos o nadie fijan su atención en lo que importa. Al final, siempre habrá quienes las prefieran revueltas, con más curtido y menos salsa, etc. La diversidad de opiniones hace crecer a un país, pues apostar todo de un solo bando nunca es bueno.

Habrá quien diga que es ilógico comparar un plato de pupusas con algo tan complejo como una administración gubernamental. Que sin duda lo último implica una serie de factores políticos y electorales muy distantes de los que pudiera llevar un plato típico. Sí, quizá tenga razón. Ilógicos seríamos si centráramos nuestra atención en el plato principal. Los acompañamientos pudieron ser una cuchara, o un vaso de jugo de sandía; no hubiera causado diferencia alguna. De la misma forma nos hubiera indignado algo tan insignificante ante los asesinatos, abusos y demás delitos que se cometen a diario en nuestro país.

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