Opinión

9 May 2017
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

100 años de Fátima

Por ser mañana el día de las madres y el sábado el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima, quiero dedicar este artículo con mucho amor a nuestra madre; que a pesar que muchas veces le sacamos las lágrimas con tanta maldad, injusticia, discriminación, violencia hasta en la misma familia, siempre sigue amándonos e intercediendo por cada uno de nosotros ante Dios y ante su hijo Jesús; y a los 3 pastorcitos, que por su humildad y sencillez tuvieron la oportunidad de ver a la Virgen, y recibir mensajes de ella para el mundo.

El amor de nuestra madre hacia nosotros, los seres humanos, es igual de infinito que el amor que nos tiene Dios. Lo que pasa es que nosotros, sus hijos, nos olvidamos de hablarle sin miedo, de hijo a madre, y de buscar a Dios y a ella tanto en los momentos buenos, como en los malos. No solo cuando tenemos un problema que lastimosamente ya se salió de nuestras manos o cuando queremos un milagro, o que algo salga bien a favor nuestro; a Dios y a la Virgen hay que tenerlos siempre en nuestro corazón, y nuestra mente.

El camino más fácil y más corto para llegar a Dios, y al cielo, es por medio de su madre, la Virgen María, y el mejor medio para llegar a ella es el Santo Rosario, en el cual meditamos la vida de Jesús. Este, que a su vez, fue uno de los pedidos que la Virgen de Fátima le hizo a los próximos santos Francisco, Jacinta y Lucía para lograr la paz. La oración más perfecta y amada por la Virgen es el Ave María, es la oración perfecta y amada por ella porque cada una de las Ave María es una rosa que cada uno de nosotros le regalamos a nuestra madre, y por supuesto a Dios.

Me llama mucho la atención la vida de los tres pastorcitos porque, a pesar de no haber recibido una educación, como la mayoría de nosotros, ellos trabajaban con amor en pastorear las ovejas y hacer todo lo que les decía sus padres. Al principio, no podían orar todo el Ave María, pero no dejaban un minuto sin recordar a Dios y a nuestra madre, tenían mucha fe y esperanza. Creyeron siempre en la Virgen, el ángel que se le apareció primero y en Dios, guardaron el secreto siempre. Confiaron fielmente en las palabras de Nuestra Señora, con su fe cuando el alcalde los metió presos, hicieron que los que estaban en la celda con ellos se convirtieran y rezaran el rosario, a pesar que eran malos al principio, pero los pastorcitos les movieron el corazón. Nunca dijeron no a Dios, ni a nuestra madre, aunque tenían mucho problemas en la ciudad y con su familia a causa de ser fieles a Dios.

Podemos tomar como ejemplo a estos tres pastorcitos que gracias a su fe, lealtad, confianza, humildad, entrega, sencillez, esperanza, madurez espiritual y emocional pudieron soportar todas las cruces que Dios les envió. Demostraron fidelidad como hijos y amigos de Dios, y para con nuestra madre; hoy, son grandes santos y estoy seguro que están junto a la Virgen y a Dios en el cielo.

No dejemos nunca de pensar y de tener en nuestro corazón a Dios y a nuestra madre la Virgen María, a pesar que estamos en los peores momentos; porque ellos siempre nos aman y nunca nos dejan solos.

¡¡FELIZ DÍA DE LAS MADRES!!

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