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11 Jul 2013
Noticias | Por: Redacción

Tras el proceso de canonización

El proceso de canonización es el “acto pontificio por el que el Santo Padre declara que un fiel ha alcanzado la santidad. Es uno de los procesos que está regido por una norma específica y con ella se autoriza al pueblo cristiano la veneración del nuevo santo según las normas litúrgicas y es un acto exclusivo de la autoridad pontificia”, afirma el sitio web Catholic.net, especialista en temas católicos y que es parte de la Red Informática de la Iglesia en América Latina.

Según José María Reyes Vizcaíno, sacerdote doctorado en Derecho Canónico y pertenece a la congregación Opus Dei en Argentina, “para llegar a la declaración de canonización pueden haber intervenido decenas de jueces y oficiales especializados en la Santa Sede, quienes examinan con detalle todos y cada uno de los pasos que se han dado para canonizar a un fiel”. Este acto se suele celebrar con una misa del Papa y constituye una de las ceremonias más solemnes de la Iglesia Católica.

De acuerdo con El Vaticano, en su Canon 1403, en una causa de canonización se desarrollan varios procesos. El primero es la beatificación, dentro del cual se requieren de dos procesos más. Uno es el de las virtudes heroicas y el otro que se declare probado que Dios ha obrado un milagro por intercesión del fiel que se pretende beatificar.  Luego de la beatificación, se procede a la canonización, en la cual se debe declarar como comprobado un nuevo milagro por intercesión del beato.

Fase previa al proceso de beatificación

José María Reyes Vizcaíno asegura que la iglesia pide que se introduzcan causas de beatificación de fieles que hayan fallecido con fama de santidad y que sea constante y difundida en diversos lugares. Para ello, deben haber transcurrido cinco o más años del fallecimiento del fiel y que no haya pasado los 50 años. En este proceso, la Iglesia prohíbe que se dé apariencia de culto público al fiel que ha muerto con fama de santidad.

Fase diocesana del proceso de beatificación

Según Reyes Vizcaíno existen dos vías. La primera es por virtudes heroicas, el cual tiene por finalidad “la declaración de que el fiel vivió las virtudes cristianas en grado heroico. Al introducir este proceso, se establece la duda procesal de si el fiel en verdad vivió esas virtudes”, sostiene el sacerdote. La segunda vía es el proceso de martirio. En él se establece la duda de si el fiel en realidad sufrió el martirio a causa de su fe.

Fase romana del proceso de beatificación

Esta fase está a cargo de la Congregación para las Causas de los Santos, que pertenece a la Santa Sede de la Iglesia Católica. Dentro de dicha congregación existe el Colegio de Relatores, el cual se encarga de recibir las causas que llegan e impulsarlas. Uno de los relatores prepara las ponencias sobre las virtudes o sobre el martirio del fiel propuesto. Esta fase suele prolongarse por muchos años, pues depende de la importancia de las causas que llevaron al fiel a ser llamado Siervo de Dios. Esta ponencia se presenta a la Comisión de Teólogos, quienes emiten su voto. Si resulta favorable, se entrega a los cardenales y obispos miembros de la Congregación. Si también es favorable, se presenta al Santo Padre la propuesta para que se apruebe el decreto. Una vez aprobado dicho decreto, el fiel recibe el título de Venerable.

Sin embargo, como lo asegura Reyes Vizcaíno, si la causa de la beatificación se sigue por la vía del martirio no se procede a la declaración de Venerable. Para la beatificación de los mártires no es necesario el proceso del milagro. Una vez aprobada la ponencia por la Congregación y la Comisión se presenta al Papa, quien procederá, de estimarlo conveniente, a promulgar el decreto con el cual se aprueba el martirio del fiel y ordenará su beatificación.

Fase final: la canonización

Una vez beatificado, para llegar a la canonización se debe hacer un nuevo proceso, el cual es similar para los beatos mártires y los de la vía de las virtudes heroicas. En la canonización se espera a la intervención de Dios. Lo que se debe probar es que ha habido un milagro atribuible a la intercesión del beato. Por lo tanto, se requiere de un milagro para proceder a la canonización. Este debe ser posterior a la canonización.

Una vez terminado el proceso en el que se prueba que ha habido un milagro, el Santo Padre, si lo estima procedente, promulgará el decreto por el que se ordena la canonización. La fecha se decide en un Consistorio de Cardenales. Por lo tanto, para proceder a la canonización de un siervo de Dios, debe probarse en juicio que ha habido dos milagros. Sin embargo, si el proceso es por vía de martirio se debe probar solo un milagro.

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