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29 Mar 2013
Noticias | Por: Redacción

Las 14 estaciones del Viacrucis

El Viacrucis es una de las celebraciones mA?s solemnes que se realizan en la Semana Santa, representa las diferentes etapas vividas por Jesucristo, desde el momento que fue capturado por los romanos hasta su crucifixiA?n.

Ai??

Una de las procesiones de Viacrucis mA?s importantes que se realizan en el paAi??s es la de la Parroquia El Calvario en San Salvador, el cual tendrA? lugar este dAi??a viernes 29 de marzo.

Ai??

Las actividades del Viernes Santo iniciarA?n a las 7:00am con La Sentencia del SeAi??or, luego saldrA? el Viacrucis desde la Iglesia Sagrado CorazA?n, recorrerA? las principales calles del Centro HistA?rico y culminarA? en la Iglesia El Calvario de esta capital donde se representarA? el acto de crucifixiA?n. Posteriormente se realizarA? la ProcesiA?n del Santo Entierro, de acuerdo con la pA?gina de Facebook de la arquidiA?cesis de San Salvador.

Ai??

Las estaciones

El Viacrucis estA? dividido en 14 estaciones que representan los momentos previos a la muerte de Jesucristo. A continuaciA?n se presenta la descripciA?n de cada una de ellas, de acuerdo con el portal Fe y Esperanza.

Ai??

Primera EstaciA?n

Ai??

JESAsS ES CONDENADO A MUERTE

Ai??

V.Ai??Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Ai??Reo es de muerteAi??, dijeron de JesA?s los miembros del SanedrAi??n, y, como no podAi??an ejecutar a nadie, lo llevaron de la casa de CaifA?s al Pretorio. Pilato no encontraba razones para condenar a JesA?s, e incluso tratA? de liberarlo, pero, ante la presiA?n amenazante del pueblo instigado por sus jefes: Ai??A?CrucifAi??calo, crucifAi??calo!Ai??, Ai??Si sueltas a Ai??se, no eres amigo del CAi??sarAi??, pronunciA? la sentencia que le reclamaban y les entregA? a JesA?s, despuAi??s de azotarlo, para que fuera crucificado.

Ai??

San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas despuAi??s, junto a la cruz de JesA?s estaba MarAi??a su madre. Y hemos de suponer que tambiAi??n estuvo muy cerca de su Hijo a lo largo de todo el VAi??a crucis.

Ai??

CuA?ntos temas para la reflexiA?n nos ofrecen los padecimientos soportados por JesA?s desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negaciA?n de Pedro, flagelaciA?n, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversiA?n y salvaciA?n.

Padrenuestro, AvemarAi??aAi??yAi??Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Segunda EstaciA?n

JESAsS CARGA CON LA CRUZ

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Condenado muerte, JesA?s quedA? en manos de los soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de Ai??l. Llegada la hora, le quitaron el manto de pA?rpura con que lo habAi??an vestido para la burla, le pusieron de nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que habAi??a de morir y salieron camino del Calvario para allAi?? crucificarlo.

El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de JesA?s, convertido en espectA?culo de la chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su patAi??bulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sAi?? el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: Ai??Si alguno quiere venir en pos de mAi??, niAi??guese a sAi?? mismo, tome su cruz cada dAi??a, y sAi??gameAi??.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Tercera EstaciA?n

JESAsS CAE POR PRIMERA VEZ

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre perdida en la flagelaciA?n, debilitado por la acerbidad de los sufrimientos fAi??sicos y morales que le infligieron aquella noche, en ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayA? bajo el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectaciA?n del pA?blico. JesA?s, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logrA? levantarse para seguir su camino.

IsaAi??as habAi??a profetizado de JesA?s: Ai??Eran nuestras dolencias las que Ai??l llevaba y nuestros dolores los que soportaba. YahvAi?? descargA? sobre Ai??l la culpa de todos nosotrosAi??. El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados, infidelidades, ingratitudesai??i??, de cuanto estA? figurado en ese madero. Por otra parte, JesA?s, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle, nos enseAi??a aquAi?? que tambiAi??n nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdA?n.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Cuarta EstaciA?n

JESAsS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

En su camino hacia el Calvario, JesA?s va envuelto por una multitud de soldados, jefes judAi??os, pueblo, gentes de buenos sentimientosai??i?? TambiAi??n se encuentra allAi?? MarAi??a, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de JesA?s que ve a MarAi??a triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasiA?n que se transmiten.

Nos es fA?cil adivinar lo que padecerAi??an JesA?s y MarAi??a pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirAi??an en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas mA?s patAi??ticas del VAi??a crucis, porque aquAi?? se aAi??aden, al cA?mulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicciA?n de los afectos compartidos de una madre y un hijo. MarAi??a acompaAi??a a JesA?s en su sacrificio y va asumiendo su misiA?n de corredentora.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Quinta EstaciA?n

JESAsS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

JesA?s saliA? del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caAi??da puso de manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la vAi??ctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el centuriA?n obligA? a un tal SimA?n de Cirene, que venAi??a del campo y pasaba por allAi??, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la llevara detrA?s de JesA?s. Tal vez SimA?n tomA? la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia, la abrazA? con resignaciA?n y amor y fue para Ai??l y sus hijos el origen de su conversiA?n.

El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente de los discAi??pulos de JesA?s, que toman su cruz y le siguen. AdemA?s, el ejemplo de SimA?n nos invita a llevar los unos las cargas de los otros, como enseAi??a San Pablo. En los que mA?s sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Sexta EstaciA?n

LA VERAi??NICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESAsS

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Dice el profeta IsaAi??as: Ai??No tenAi??a apariencia ni presencia; lo vimos y no tenAi??a aspecto que pudiAi??semos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varA?n de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuentaAi??. Es la descripciA?n profAi??tica de la figura de JesA?s camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudorai??i?? Entonces, una mujer del pueblo, VerA?nica de nombre, se abriA? paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpiA? piadosamente el rostro de JesA?s. El SeAi??or, como respuesta de gratitud, le dejA? grabada en Ai??l su Santa Faz.

Una letrilla tradicional de esta sexta estaciA?n nos dice: Ai??Imita la compasiA?n / de VerA?nica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazA?nAi??. Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la VerA?nica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasiA?n del SeAi??or, quien nos recuerda: Ai??Lo que hagA?is con uno de estos, mis pequeAi??os, conmigo lo hacAi??isAi??.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

SAi??ptimaAi??EstaciA?nAi??

JESAsS CAE POR SEGUNDA VEZ

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

JesA?s habAi??a tomado de nuevo la cruz y con ella a cuestas llegA? a la cima de la empinada calle que daba a una de las puertas de la ciudad. AllAi??, extenuado, sin fuerzas, cayA? por segunda vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que tenAi??a que ser crucificado, y JesA?s, empeAi??ado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aA?n logrA? reunir fuerzas, levantarse y proseguir su camino.

Nada tiene de extraAi??o que JesA?s cayera si se tiene en cuenta cA?mo habAi??a sido castigado desde la noche anterior, y cA?mo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frA?gil que es la condiciA?n humana, aun cuando la aliente el mejor espAi??ritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las caAi??das cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. JesA?s, por los suelos una vez mA?s, no se siente derrotado ni abandona su cometido. Para Ai??l no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos cuA?ntas son las personas que se sienten derrotadas y sin A?nimos para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga podrAi??a sacarlas de su postraciA?n.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Octava EstaciA?n

JESAsS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALAi??N

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Dice el evangelista San Lucas que a JesA?s, camino del Calvario, lo seguAi??a una gran multitud del pueblo; y unas mujeres se dolAi??an y se lamentaban por Ai??l. JesA?s, volviAi??ndose a ellas les dijo: Ai??Hijas de JerusalAi??n, no llorAi??is por mAi??; llorad mA?s bien por vosotras y por vuestros hijosAi??; aAi??adiAi??ndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensaAi??aba como veAi??an con el Justo, ya podAi??an pensar cA?mo lo harAi??a con los culpables.

Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra JesA?s, no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibAi??an, tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. JesA?s, sin duda, agradeciA? los buenos sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo mA?s necesario y urgente: la conversiA?n suya y la de sus hijos. JesA?s nos enseAi??a a establecer la escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lecciA?n sobre el santo temor de Dios.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Novena EstaciA?n

JESAsS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Una vez llegado al Calvario, en la cercanAi??a inmediata del punto en que iba a ser crucificado, JesA?s cayA? por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que venAi??a y la continua subida lo habAi??an dejado sin aliento. HabAi??a mantenido su decisiA?n de secundar los planes de Dios, a los que servAi??an los planes de los hombres, y asAi?? habAi??a alcanzado, aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que habAi??a de ser inmolado.

JesA?s agota sus facultades fAi??sicas y psAi??quicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la meta y desplomarse. Nos enseAi??a que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por mA?s caAi??das que se produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre vacAi??os de nosotros mismos y dispuestos a beber el cA?liz que tambiAi??n nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

DAi??cima EstaciA?n

JESAsS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Ya en el Calvario y antes de crucificar a JesA?s, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa costumbre de los judAi??os para amortiguar la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. JesA?s lo probo, como gesto de cortesAi??a, pero no quiso beberlo; preferAi??a mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a JesA?s, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas en la carne viva, y, despuAi??s de la crucifixiA?n, se las repartieron.

Para JesA?s fue sin duda muy doloroso ser asAi?? despojado de sus propios vestidos y ver a quAi?? manos iban a parar. Y especialmente para su Madre, allAi?? presente, hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud, y que ella habrAi??a guardado como recuerdo del Hijo querido.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

UndAi??cima EstaciA?n

JESAsS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Ai??Y lo crucificaronAi??, dicen escuetamente los evangelistas. HabAi??a llegado el momento terrible de la crucifixiA?n, y JesA?s fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedA? entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que habAi??a a mitad del palo vertical. En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de JesA?s, pusieron el tAi??tulo o causa de la condenaciA?n: Ai??JesA?s el Nazareno, el Rey de los judAi??osAi??. TambiAi??n crucificaron con Ai??l a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

El suplicio de la cruz, ademA?s de ser infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectA?culo mueve a compasiA?n a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles sentimientos. Pero siempre ha sido difAi??cil entender la locura de la cruz, necedad para el mundo y salvaciA?n para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: Ai??A?Dulces clavos! A?Dulce A?rbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!Ai??.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

DuodAi??cima EstaciA?n

JESAsS MUERE EN LA CRUZ

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Desde la crucifixiA?n hasta la muerte transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonAi??a para JesA?s y de altAi??simas enseAi??anzas para nosotros. Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco despuAi??s ocurriA? el episodio del buen ladrA?n, a quien dijo JesA?s: Ai??Hoy estarA?s conmigo en el paraAi??soAi??. San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demA?s: Viendo JesA?s a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre: Ai??Mujer, ahAi?? tienes a tu hijoAi??; luego dice al discAi??pulo: Ai??AhAi?? tienes a tu madreAi??; y desde aquella hora el discAi??pulo la acogiA? en su casa. DespuAi??s de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo JesA?s que ya todo estaba cumplido, dijo: Ai??Tengo sedAi??. TomA? el vinagre que le acercaron, y aAi??adiA?: Ai??Todo estA? cumplidoAi??. E inclinando la cabeza entregA? el espAi??ritu.

A los motivos de meditaciA?n que nos ofrece la contemplaciA?n de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo, se aAi??aden los que nos brinda la presencia de MarAi??a, en la que tendrAi??an un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus entraAi??as.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Decimotercera EstaciA?n

JESAsS ES BAJADO DE LA CRUZAi??Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Para que los cadA?veres no quedaran en la cruz al dAi??a siguiente, que era un sA?bado muy solemne para los judAi??os, Ai??stos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los soldados sA?lo quebraron las piernas de los otros dos, y a JesA?s, que ya habAi??a muerto, uno de los soldados le atravesA? el costado con una lanza. DespuAi??s, JosAi?? de Arimatea y Nicodemo, discAi??pulos de JesA?s, obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discAi??pulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibiA? en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.

Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor, expresiA?n de la piedad y ternura de una Madre que contempla, siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza habAi??a atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara SimeA?n acabA? de atravesar el alma de la MarAi??a.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Decimocuarta EstaciA?n

JESAsS ES SEPULTADO

Ai??

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

JosAi?? de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo de JesA?s de los brazos de MarAi??a y lo envolvieron en una sA?bana limpia que JosAi?? habAi??a comprado. Cerca de allAi?? tenAi??a JosAi?? un sepulcro nuevo que habAi??a cavado para sAi?? mismo, y en Ai??l enterraron a JesA?s. Mientras los varones procedAi??an a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que solAi??an acompaAi??arlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dA?nde y cA?mo quedaba colocado el cuerpo. DespuAi??s, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y regresaron todos a JerusalAi??n.

Con la sepultura de JesA?s el corazA?n de su Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitarAi??a, como Ai??l mismo habAi??a dicho. En todas las situaciones humanas que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrecciA?n es el consuelo mA?s firme y profundo que podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera transiciA?n la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Ai??

Decimoquinta EstaciA?n

JESAsS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Ai??

Pasado el sA?bado, MarAi??a Magdalena y otras piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro. Llegadas allAi?? observaron que la piedra habAi??a sido removida. Entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del SeAi??or, pero vieron a un A?ngel que les dijo: Ai??BuscA?is a JesA?s de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no estA? aquAi??Ai??. Poco despuAi??s llegaron Pedro y Juan, que comprobaron lo que les habAi??an dicho las mujeres. Pronto comenzaron las apariciones de JesA?s resucitado: la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la Magdalena, a SimA?n Pedro, a los discAi??pulos de EmaA?s, al grupo de los apA?stoles reunidos, etc., y asAi?? durante cuarenta dAi??as. Nadie presenciA? el momento de la resurrecciA?n, pero fueron muchos los que, siendo testigos presenciales de la muerte y sepultura del SeAi??or, despuAi??s lo vieron y trataron resucitado.

En los planes salvAi??ficos de Dios, la pasiA?n y muerte de JesA?s no tenAi??an como meta y destino el sepulcro, sino la resurrecciA?n, en la que definitivamente la vida vence a la muerte, la gracia al pecado, el amor al odio. Como enseAi??a San Pablo, la resurrecciA?n de Cristo es nuestra resurrecciA?n, y si hemos resucitado con Cristo hemos de vivir segA?n la nueva condiciA?n de hijos de Dios que hemos recibido en el bautismo.

Padrenuestro, AvemarAi??a y Gloria.

JesA?s, pequAi??: Ten piedad y misericordia de mAi??.

Bendita y alabada sea la pasiA?n y muerte de nuestro SeAi??or Jesucristo y los dolores de su santAi??sima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. AmAi??n, JesA?s.

Oremos:Ai??SeAi??or Jesucristo, tA? nos has concedido acompaAi??arte, con MarAi??a tu Madre, en los misterios de tu pasiA?n, muerte y sepultura, para que te acompaAi??emos tambiAi??n en tu resurrecciA?n; concAi??denos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseAi??ado. TA? que vives y reinas por los siglos de los siglos. AmAi??n

 

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