Entrevistas

23 Jul 2014
Entrevistas | Por: Redacción

Carlos Enrique Araujo – presidente de Banco Azul

Desde liderar una gremial, una institución política hasta presidir una financiera, es el recorrido de este empresario salvadoreño.

El empresario Carlos Enrique Araujo, junto a los miembros de la junta directiva, decide emprender un banco en julio de 2012, con el objetivo de que el país pueda tener un banco para los salvadoreños.

¿Quién es usted? ¿Cómo se describe?

Un soñador que busca un mejor país.

¿Cuéntenos un poco sobre sus  estudios?

Cursé primaria en el Externado San José. Mis padres desde un inicio fueron muy claros en su misión: la educación iba a ser la verdadera herencia que pudieran dejarles a sus hijos. Efectivamente ellos se esforzaron para poder brindarnos las oportunidades educativas que ellos pensaron o sentían que nosotros podíamos necesitar. Por razones de salud decidieron migrar a Estados Unidos un tiempo. Yo soy asmático y el clima me estaba causando muchos estragos. Viajamos a California, donde continué mis estudios y me gradué de la Universidad Santa Clara, de Administración de Empresas.

¿Y decidió dedicarse a los negocios?

Siempre mi madre me decía que podía estudiar lo que quisiera, pero mi padre todos los veranos me traía al país a pasar un tiempo con ellos. Siempre me daba una semana  al venir y una semana antes de irme, pero en medio de los tres meses tenía que estar a las 8 en punto en la oficina y terminaba junto con el resto de la gente: de 5:30 a 6:00 de la tarde. Mi madre me decía: “Tu papá te quiere para los negocios y yo con la idea de lo que vos querrás”.

¿Así empieza su experiencia laboral?

Empecé mi experiencia laboral cuando todavía estaba en la universidad. Mi primer trabajo, recuerdo, todavía iba con mi padre en su carro y llegamos a la quinta avenida, donde estaba nuestra empresa, la distribuidora. Yo muy feliz llegué con él y le pregunté: “¿Y mi escritorio?”. En ese momento se tiró la carcajada como nunca lo había escuchado reírse. Mi padre le dijo al gerente: “Llevá a este cipote a la bodega y que empiece a limpiar, cargar y descargar camiones. Ese fue mi primer trabajo de verano”.

¿Y luego qué vino a su hoja de vida?

Después cada verano que venía me iba ascendiendo. Ya en el siguiente me tocó estar en la sala de ventas y en el siguiente me tocaba que andar con los vendedores. Allá por el año 68, andaba en la moto con un vendedor. Pero para mí la educación ha sido la verdadera herencia de mis padres. Por eso es que cuando mi padre falleció en 1975, desde ese momento en las empresas familiares nuestras, nosotros implementamos un sistema de becas para todos los hijos de nuestros trabajadores.

¿Y cómo se describe a sí mismo? ¿Repercutieron de alguna manera en su forma de ser todas esas experiencias que nos ha contado hasta ahora?

Me describo como un soñador que busca un mejor país. Después de que yo culminé mis estudios, mi padre me dijo: “Bueno, ahora ve a ver qué trabajo consigues” y empecé a buscar. Iba a todas las reuniones con quienes iba a graduarme para ver a dónde nos daban un trabajo y a los días llamé a mi padre muy orgulloso para decirle: “Conseguí trabajo”, (se le empieza a quebrar la voz). Entonces él me respondió: “si alguien más cree que vales algo, entonces te vas a venir a trabajar conmigo”. (Guarda silencio, con lágrimas en los ojos).

Hace poco fue condecorado por el gobierno de Chile ¿Cuénteme sobre eso?

He tenido el honor, junto con mi esposa, de ser condecorados con la Orden al Mérito General Bernardo O’Higgin. Entiendo que es la primera vez que en el país se condecora a una pareja y para nosotros fue un gran orgullo. He tenido el  honor de haber formado parte de la junta directiva de una AFP aquí en el país y fue a través de esa oportunidad como presidente de la AFP que llegué a conocer el tema del sistema previsional, el cual se trajo de las experiencias que se habían vivido en Chile. El señor embajador de Chile me propuso a su gobierno el reconocimiento.

¿Tuvo conocimiento de ese tema entonces?

Sí,  yo me acerqué mucho a ese tema. Tuve la oportunidad de viajar a Chile, para conocer más sobre el tema y ver de qué manera pues, como país, lográbamos nosotros que los salvadoreños pudiesen desarrollar un sistema parecido al de Chile, con las ventajas que esto traería. 

El empresario Carlos Enrique Araujo, junto a los miembros de la junta directiva, decide emprender un banco en julio de 2012, con el objetivo de que el país pueda tener un banco para los salvadoreños.

Tengo entendido que estuvo como presidente de la ANEP, ¿cómo es que llega a esa gremial tan importante en el país?

Hay que dedicarle tiempo no solo a nuestras empresas; también a todas nuestras gremiales, donde uno puede aprender y compartir con ellos. Estuve como director de la Cámara de Comercio, he sido director de la ASI, he sido director de ASAFONDOS; bueno, en realidad de muchas… Y fue así como decidí participar y aceptar la solicitud que unos amigos me hicieron. Estuve de presidente de ANEP de 2009 a 2011.

¿Cómo fue esta experiencia?

Fue una experiencia, por un lado de mucho trabajo, y por otro lado no puedo dejar de decir que fue un poco frustrante.

¿Por qué?

Porque no se lograba llegar a acuerdos y en el fondo creo que no se querían acuerdos. Durante mi administración, una de las cosas que logré y me llena de mucha satisfacción es que por primera vez en la historia, los sindicatos y la empresa privada llegaron a un acuerdo de aumento del salario mínimo. Somos nosotros los que invitamos al gobierno a que se uniera y ellos lo hicieron. Cuando yo hablé con Alex Segovia, me dijo que con gusto nos apoyaban. Hubo muchas otras reuniones, como el pacto fiscal, que hasta se armó una mesa de diálogo. Pero un pacto fiscal no es solo subir impuestos, sino ver cómo íbamos a crear una ruta de país. Desafortunadamente tal vez esa fue mi frustración más grande: darme cuenta de que no había ningún interés. Así que después cuando ya me tocaba la reelección dije: “a mí me gusta estar produciendo, haciendo cosas que se vean, pero estar solo ahí de…

¿No es lo suyo?

No…

También estuvo en la dirigencia de Arena, ¿nos podría contar cómo fue esa experiencia?

Efectivamente. Se me invitó nuevamente a participar en el COENA y fue una gran experiencia. Fue mi amigo, el ingeniero Archie Baldocchi, quien me invitó.

¿Y cuál fue la experiencia en el partido político?

En vista que de que necesitábamos dedicarle un poco de tiempo a las necesidades de nuestro país fue que me metí en todas estas gremiales. Uno se siente comprometido. Aunque me han invitado, siempre he tenido un criterio que es por un tiempo, en el cual siento que puedo aportar y producir y nunca quedarse ahí, creyendo que uno es la monedita de oro. A mí me ha gustado participar. Le dedico dos o tres años, cuatro  máximo, a determinados proyectos y lo hago con pasión. Además de ser miembro de la directiva del COENA, fui director del departamento de San Salvador, así que fue algo que me agradó mucho porque regresé a mis orígenes de cuando andaba con los vendedores. Conocía muy bien los lugares.

¿Cuál fue la mayor satisfacción de esos roles?

Fue una gran experiencia. Conocí mucho las necesidades de aquel entonces y las que todavía persisten en nuestro país. Y es parte de la razón por la que sigo acá, trabajando y buscando cómo podemos aportar para tener un mejor El Salvador. Afortunadamente tengo dos hijos y tres nietos y es mi sueño que ellos puedan sentir ese orgullo de ser salvadoreños.

¿Y en qué momento deja el partido y por qué exactamente?

Creo que uno debe siempre darse un plazo, un objetivo, lograrlo, hacerlo y después dejar que otros lo continúen o hagan algo nuevo. Aquí hay tanta gente capacitada que yo nunca he creído que en este tipo de puestos uno es el único que puede solventar los problemas. No es así, también hay gente joven capaz.

Ya entrando en lo nuevo que está haciendo, ¿qué lo vuelve una persona idónea para liderar un banco?

Yo creo que no es que yo sea la persona idónea, sino que tenemos un grupo idóneo. Hay una junta directiva, que venimos juntos desde 1992 cuando participamos en un banco del país. En ese entonces, muchos de nosotros teníamos un común denominador: el ingeniero Archie Baldocchi, que fue quien nos unió a todos. Desde entonces  logramos establecer una relación muy buena. Mantuvimos las amistades y relaciones y precisamente y en julio de 2012 tres de los actuales directores de Banco Azul nos invitan a una reunión.

¿Y fue fácil empezar con ese nuevo reto?

Mucha gente me pregunta cómo se hace un banco de cero. Pues la respuesta es bastante sencilla y simple: se hace contratando a la mejor gente posible que tenemos en nuestro país en estas áreas. Uno de los que no habían invitado a esa reunión era quien ahora es nuestro director ejecutivo, el licenciado Armando Rodríguez, con quien habíamos estado en la directiva de otro banco por muchos años. Entonces empezamos a platicar y trabajar. Hace dos años tuvimos esa reunión y dos años después esto es ahora.

¿Cómo surgió Banco Azul entonces?

Como ya le explicaba, la semilla germina desde julio 6 de 2012. Somos emprendedores apasionados por nuestro país. Había una serie de factores, como es el hecho de que nuestra banca está totalmente internacionalizada, lo cual dice mucho de nuestro país, de nuestro sistema de la Superintendencia. Nuestra banca es una de las más profesionales y competitivas, pero como uno de cipote a veces es tonto. Uno dice “bueno, nosotros ya lo hicimos, por qué no lo podemos hacer otra vez. Por qué no le regresamos ese orgullo al salvadoreño de tener un banco de salvadoreños para salvadoreños; por qué no podemos tener un banco que permita nuevamente personalizar la atención al usuario”.

¿Cuál es la característica más esencial de esta nueva financiera?

Conocer al cliente va más allá. Se trata de la personalización y el sentido humano. Esa sería la diferencia de Banco Azul.

¿Contra qué bancos entonces se irá hombro a hombro?

Como te decía, la banca internacional. La nuestra es muy profesional y muy competitiva, entonces para nosotros esa es una de las bases más importantes: tener un conocimiento de la gente; saber quién es quién aquí en el país. Las decisiones las vamos a tomar aquí y no afuera. No vamos a traer productos enlatados. Vamos a crear nuestros propios productos que sean los que necesitamos, lo que la gente necesita. Vamos a ser un banco mediano. Iniciamos con 60 millones de dólares y mil 410 socios accionistas. La verdad nos sentimos orgullosos.

Como presidente del Banco Azul, Carlos Enrique Araujo, proyecta llevar al banco a más de cinco mil accionistas. En la actualidad la institución financiera cuenta con 1,410 accionistas.

Al hacer un balance entre sus experiencias empresariales, ¿cuál es la diferencia entonces de liderar una institución financiera a una política o gremial?

Una institución política conlleva a muchos más consensos, apertura y diálogo. Es menos estructurada. Una institución financiera, por las mismas regulaciones, lleva una supervisión muy precisa, definida. Es más, por el momento estamos esperando la aprobación  de la Superintendencia. Lo hizo como institución bancaria para formarnos, pero no tenemos la última que nos va a permitir operar, entonces hemos logrado avanzar de una manera impresionante por el trabajo de equipo que estamos haciendo. En ambas se requiere de un gran trabajo y de confiar en el que está a tu lado, en el que está adelante, en el que está detrás.

Si se le presenta de nuevo la oportunidad de involucrase en la política ¿lo haría?

Mis amigos y familia me decían “bueno y que no te ibas a retirar y que no te ibas a dedicar a deportes”, pero creo que por el momento mi responsabilidad, por hoy, es con los mil 410 accionistas que me han honrado en pedirme que sea el presidente de ellos y con mi país. Hay muchas maneras de apoyar a El Salvador. Por ejemplo, invirtiendo y creando fuentes de trabajo, dándole confianza, buscar cómo hacemos realidad el sueño salvadoreño, para que nuestros hijos no se vayan a buscar un sueño extranjero. Por el momento estoy comprometido en esto. Es un reto grande. Es una gran responsabilidad, pero con un entusiasmo enorme de lograrlo.

¿Cuáles considera que podrían ser los grandes retos en esta nueva etapa?

Es poder buscar los entornos políticos que estamos viviendo y cómo lograr el éxito de El Salvador como país, dejando a un lado las diferencias ideológicas. Obviamente, como empresario lo que más me molesta y me frustra es el populismo, el engaño hacia la gente, cuando hay muchas maneras de que juntos trabajando pudiéramos solventar los problemas. He tenido la dicha de ver muchos ejemplos de cómo trabajar juntos poniendo a El Salvador sobre todo lo demás.

A partir de esto, ¿cuáles son entonces por el momento sus aspiraciones y proyecciones?

Llevar a nuestro a banco a que sea el orgullo de los salvadoreños. Guiarlo a tener más de 5 mil accionistas; llevarlo a crecer no por su tamaño de activos y pasivos, sino que por su calidad de servicio. Y llevar a nuestro banco a permitirle al salvadoreño lograr su sueño.

Sin duda que usted es un ejemplo a seguir para muchos jóvenes que están iniciando en el ámbito académico o profesional y empresarial, ¿cuál sería su consejo para esos jóvenes?

No importa qué carrera escojan. Una vez decidan qué es lo que quieran hacer, deben hacerlo con pasión y pensando siempre en El Salvador.

Tiro al plato:

Banco Azul: El banco de los salvadoreños

El Salvador: Mi tierra

ARENA: Partido político

FMLN: Partido político

Política: Cambios

Líder: Los salvadoreños

Salvador Sánchez Cerén: Presidente de la República

  • Ernesto Alfaro

    Felicidades y Exitos a Banco Azul y a don Carlos principalmente , buenisima persona y excelente Jefe, Bendiciones

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