Entrevistas

8 Mar 2016
Entrevistas | Por: Redacción

“En casi todos los programas de nosotros es deliberado crear esperanza. Los seres humanos necesitamos esperar que las cosas pueden cambiar.” Celina Palomo, directora de FUSAL

Celina Palomo, Directora Ejecutiva de la Fundación Salvadoreña para la salud y el Desarrollo Humano (FUSAL), nos cuenta cómo surgió esta iniciativa en el marco de uno de los sucesos más duros de El Salvador en la historia reciente: la Guerra Civil, así como de qué manera los programas que actualmente ejecuta esta fundación se han ido adaptando de acuerdo a las nuevas circunstancias que acontecen al país hasta llegar al programa televisivo “¡Sí Podemos!” que se transmite en el canal 4 de TCS todos los sábados a las 8 de la mañana.

Celina Palomo ha estado en las labores de dirección de la Fundación Salvadoreña para la Salud, podría decirse, durante toda la existencia de esta institución encargada de velar por la salud, principalmente, de la juventud y niñez salvadoreña. 29 años de su vida los ha dedicado a esta fundación. Por eso, en el marco del cumplimiento de los 30 años de FUSAL, ella nos cuenta cómo surgió esta iniciativa en el marco de uno de los sucesos más duros de El Salvador en la historia reciente: la Guerra Civil, así como de qué manera los programas que actualmente ejecuta esta fundación se han ido adaptando de acuerdo a las nuevas circunstancias que acontecen al país hasta llegar al programa televisivo “¡Sí Podemos!” que se transmite en el canal 4 de TCS todos los sábados a las 8 de la mañana. Sobre este último también nos comentó las proyecciones generadas como FUSAL para contribuir en gran magnitud a la población salvadoreña, a modo de agradecimiento por todos estos años de aprendizaje junto a ella.

¿Cómo llegó a FUSAL?

Creo que algunos seres humanos tenemos sueños. De repente, se te ocurre que hay un espacio ideal a donde quisieras estar. Yo soñaba con tener la posibilidad de trabajar por la gente, con la gente. No tenía tan claro qué quería, pero yo había tenido una experiencia personal que me había conectado con el dolor. Perdí una hija. Murió en el Hospital Bloom. Esa experiencia me llevó a encontrarme con un dolor profundo, de personas que, además de luchar contra la pérdida de un ser querido, tenían también que luchar contra un esquema de pobreza y de faltas de oportunidades grandes. Eso me dolió también mucho y me abrió un espacio de la vida, el cual quizás yo intuía pero no sabía cómo era de profundo… Mirar a las mamás tener que dormir en las bancas del hospital todas las noches porque venían de cantones y querían estar cerca de sus hijos, o hijos que se quedaban solos en el hospital porque los papás tenían que regresar, lejos, a cuidar a sus otros hijos. La verdad es que era una realidad que me golpeó mucho. Yo perdí a mi hija y eso me puso en una situación de mucha sensibilidad mayor probablemente. Y tenía en ese tiempo el deseo, la necesidad, de poder transformar el dolor en algo positivo para mi país. No me quería quedar en el espacio de la amargura, del resentimiento o del dolor. Yo quería salir de ahí mejor.

Después de muchos años, puedo creer que lo que le pedí a la vida profundamente me lo devolvió de manera que para mí fue mucho mayor. Me dio la oportunidad de trabajar en un espacio en donde encontré a gente muy maravillosa. Comencé a trabajar aquí con don Luis Poma, un hombre que ya estaba mayor pero que tenía la misma gana y el mismo deseo de construir un país distinto y también había pasado por un proceso doloroso y personal. A partir de ello, yo me di cuenta que a veces el dolor transforma y también genera posibilidades: de contribuir, de ser solidario para contribuir a otros.

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¿Cómo era FUSAL cuando usted vino?

Chiquitita. Era casi una idea, que también nació de un ambiente de pérdida y de dolor para el país: en el marco de la guerra. Y creo que su surgimiento tiene que ver con esa emoción.

En ese entonces, empezamos a trabajar juntos en un proyecto de traer cosas que en otros países abundaban y aquí se necesitaban en los hospitales. La idea de don Luis era crear ese “puente de esperanza”, decía él, entre la abundancia y los escases.

El primer programa inicial fue uno de distribución de medicamentos y desechables hospitalarios. En ese tiempo hasta se reutilizaban productos desechables como las jeringas, los guantes también se usaban varias veces. Era una época de mucha necesidad. Y ese programa funcionó súper bien. Sigue funcionando a la fecha y ha evolucionado pues las necesidades han ido cambiando.

Hoy, además de traer medicamentos y material médico también traemos otras cosas como libros para las escuelas, lentes, alimentos, entre otras cosas que también ayudan

Si quieres conocer los programas que ejecuta actualmente FUSAL puedes dar clic en este hipervínculo.

¿Cómo se ha llevado a cabo esta evolución de programas de FUSAL?

La Fundación realmente lo que está es alerta. Y también procura interpretar las necesidades de la gente. Lo que hacemos es estar atentos a lo que sucede y eso nos lleva a la construcción de programas que, de acuerdo a lo que nosotros interpretamos de la realidad y acercamiento con las poblaciones, podemos diseñar algo que esté a la medida. Por ejemplo, el programa Libras de Amor es un programa que se fue construyendo a partir de ver los indicadores de desnutrición en algunos municipios por arriba del 48 por ciento. El que se dieran estos casos era serio. Sabemos exactamente lo que significa que un niño no esté bien nutrido en sus primeros mil días, así como el que no cuente con la estimulación o atención adecuada.

Ese problema nos pareció uno muy serio e importante y construimos a partir de eso un programa que se llama Libras de Amor ahora, el cual procura atacar o hacerse cargo de todas las causas de desnutrición que pueden ser múltiples, como la situación de pobreza o no tener siembras para el consumo de las familias, incluso debido a factores culturales.

A partir de lo anterior también actuamos en las prácticas de crianza: cómo demostrar afecto, cómo jugar, cómo tratar a los niños con respeto, y todo lo que tiene que ver con establecer nuevas pautas de relación y dinámica dentro de la familia.

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¿Con eso quiere decir que las proyecciones dadas en un inicio de FUSAL están muy lejos de lo que se han transformado ahora?

Claro que sí. Y hace poco el tema de violencia, que es un tema que está, digamos, en la parte más alta de nuestras necesidades, tampoco la podemos pasar desapercibida. Entonces construimos un programa que es para la construcción de comunidades en armonía, el cual tiene que ver con jóvenes y su tiempo libre, sus sueños y sus posibilidades de vida. Sin embargo, estamos conscientes que la situación de violencia no es algo que podemos resolver, pues excede nuestra capacidad, pero creemos que tampoco nos podemos hacer los “locos” con que eso esté sucediendo. De alguna manera, nos podemos hacer cargo del problema a través de deporte, teatro, juegos, arte, de construir sueños con los jóvenes.

Todo lo anterior hace una cosa importante que nos hace falta. Esperanza. En casi todos los programas de nosotros es deliberado crear esperanza. Los seres humanos necesitamos esperar que las cosas pueden cambiar. Hay necesidad de una motivación de tener una expectativa de vida bien, para que eso nos genere acciones positivas que nos lleven a esa esperanza.

Cumplen 30 años como FUSAL, ¿pero en qué momento deciden crear el nuevo programa televisivo “¡Sí Podemos!”?

En realidad, cumplir los 30 años nos ha llevado a sentir orgullosos, a reconocer el aprendizaje de estos años. Probablemente el mismo también tiene que ver con errores que se han cometido en el camino, pues es importante reconocer todo lo sucedido en 30 años. En lo que pensábamos en la junta directiva y el personal que trabaja aquí era: ¿cómo hacemos para servir desde estos 30 años a más salvadoreños? No nos alcanza la “plata” para ir a todos los municipios, aunque yo quisiera. Entonces creímos que la plataforma televisiva es un buen medio para llegar a más lugares y creamos este programa de conversaciones con los temas que trabajamos en los distintos programas de FUSAL: Libras de Amor, Proyecto País, SolucionES, el programa con Telefónica, así como también de otros programas que ya no están vigentes pero cuyo aprendizaje se quedó. De igual manera, aquí se conversa sobre las relaciones familiares, cómo fortalecer las relaciones y acompañar a los adolescentes, así como a la atención de los mil días en los bebés. En este programa también aprendemos a cómo hacer cosas con las manos, como huertos y gallineros.

Entonces el programa se ha construido para conversar, aprender y descubrir juntos. Para validar la forma de vivir en las zonas rurales, reconocer su cultura, para sentirnos orgullosos de lo que sucede ahí. También para trabajar en darle un valor importante a toda esa población que vive en zonas rurales, la cual a lo mejor siente el deseo de migrar hacia el gran San Salvador y no se dan cuenta de las cosas valiosas que tenemos ahí, entre ellas la cultura culinaria.

Para nosotros, esta es una manera de devolverle a esta sociedad a la que amamos profundamente esa experiencia y estos aprendizajes durante 30 años.

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¿Cuáles son sus proyecciones a futuro respecto a este programa televisivo?

Todos tenemos sueños y nosotros también. Soñamos con que este programa tenga otro brazo, el cual todavía no está hecho: un equipo móvil que pueda ir a otros municipios y comunidades a realizar talleres de resolución de conflicto, a poder enseñarles en vivo o a revisar o acompañar a gente los trabajos hechos a mano que presentamos en el programa, a incluir nuevas recetas que las personas de las comunidades hacen y que nos inviten a compartirla. Queremos hacerlo más interactivo y que sea una plataforma abierta. Actualmente quienes presentan cada sección es nuestro mismo personal técnico, pero también están gente de la comunidad y que acumula bastantes aprendizajes.

¿Cuánto tiempo demoró la ejecución de este nuevo proyecto?

Como dos años (risas). Un montón de tiempo. También nosotros hemos ido aprendiendo cómo se hace un programa.

Para finalizar, ¿qué reflexiones toma de todos estos casi 30 años como directora de FUSAL?

A mí a lo que me mueve siempre esto es estar en una profunda gratitud con Dios, con la vida, con la gente. Creo que en FUSAL tenemos un equipo extraordinario. Para trabajar aquí se requiere de ciertas competencias básicas y es tener la certeza y un compromiso muy grande con el país. El trabajo no es fácil. Por eso mi reconocimiento muy especial a los equipos que trabajan afuera y adentro de FUSAL, pues muchos de ellos tienen que quedarse a vivir dentro de la comunidad. Esto implica una transformación sobre los esquemas para ver la vida y eso es lo que nutre a la fundación, esos compromisos profundos de todos los aprendizajes individuales y de toda esa consciencia colectiva que se suma a FUSAL.

Tiro al plato

Celina Palomo: soñadora

FUSAL: el regalo de mi vida

Política salvadoreña: triste

Juventud salvadoreña: la esperanza

Libro favorito: El último encuentro, de Sándor Márai

Filantropía: No me hace vibrar

Libras de Amor: mil días de oportunidades

Yo me comprometo: una campaña que une

El Salvador: amor

 

 

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