Gumercindo Ventura
Gumercindo Ventura
31 octubre de 2011

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Fotos de la entrevista para MedioLleno por Clifford Escalón de Cámara 8

MedioLleno te trae una exclusiva el rector del INCAE Business School Arturo Condo.  Platicamos sobre temas de política y negocios regionales, así como la visión que tiene de El Salvador para los futuros empresarios.

MedioLleno: ¿Cómo surge su interés por dedicarse a la administración de empresas, pero desde el ámbito académico?

Arturo Condo: Soy ingeniero de entrenamiento y me fascinaba de más joven toda la parte de tecnología. Yo nací en Ecuador, y crecí allá, pero veía que donde realmente había potencial de liderazgo era más en la parte gerencial, o sea las empresas necesitaban líderes.

Entonces cuando vine a INCAE, el tema de la parte gerencial se combinó con una institución que a mí me llamó mucho la atención porque no era una típica escuela de negocios que forma MBAs para que vayan y hagan plata. Sino que desde su formación, tenía en su misión ni siquiera educar, la misión de INCAE no dice “la misión de INCAE es educar…”, no. La misión de INCAE es cambiar la región a través de educar líderes, entender lo que pasa en la región y fomentar el diálogo. Eso me hizo mucho clic, me llamó mucho la atención. La verdad es que a mí siempre me había gustado la docencia en alguna edad, pero nunca había pensado dedicarme a eso.

¿Cómo fue el camino para llegar hasta donde está ahorita en INCAE?

Fui a INCAE y cuando estuve ahí me ofrecieron quedarme como investigador con miras a sacar un doctorado y ser profesor, lo cual en ese momento por primera vez lo consideré y me gustó. Hice mi doctorado, regresé y me involucré en cosas de impacto, que es lo que me interesaba. La primera responsabilidad administrativa que tuve fue ser director del tanque de pensamiento que tiene INCAE que es CLACDS y es donde dediqué una parte importante de mi energía. Cuando el período del rector antiguo, Roberto Artavia, estaba por terminar, me consultaron si estaba interesado y ahí tuve un momento de reflexión donde varios amigos cercanos participaron en el que francamente me enfrenté a bueno, “si realmente te importa tanto, deberías estar dispuesto a hacer el esfuerzo.” Entonces, me consideraron y aquí estoy.

¿Cómo ha cambiado INCAE desde que usted ha llegado?

INCAE está cambiando mucho y la razón es que INCAE es una institución extraordinaria en mi opinión, pero una donde el potencial que tiene es todavía más grande. O sea creo que han hecho mucho, tenemos 13,000 graduados, más de 5,000 graduados en la maestría en toda América Latina. La mayoría está aquí en Centroamérica pero hay un número importante en Suramérica que hacen un montón por su país. Esos trece mil graduados de INCAE generan miles sino es que millones de empleos en todos los países donde viven. Y muchos van más allá. El año pasado el graduado distinguido fue Ricardo Sagrera, un salvadoreño y Ricardo es un empresario que obviamente ha tenido éxito, pero que también ha ido mucho más allá. ¡Que tiene proyectos como Supérate! Cuando uno mezcla el ADN del empresario con la pasión de quien tiene una motivación de que su país sea mejor, hay algo muy chivo. Un empresario tiende a soñar en grande.

Ahora dicho esto, el potencial es enorme. Porque solo en Centroamérica somos cuarenta millones de personas, pero de esos cuarenta millones son como diez millones de jóvenes. Entonces la necesidad de la región es enorme, y eso solo en Centroamérica, ya no digamos Latinoamérica. Hoy en día está claro de que a partir del crecimiento de empresas grandes no alcanza. O sea si yo agarro a las cincuenta empresas más grandes de El Salvador y las duplico mañana, el nivel de desempleo no baja significativamente porque la masa de empresas en esta economía son pequeñas, como pasa en todo el mundo. La masa del empleo y la riqueza se genera en las empresas pequeñas. Entonces necesitamos definitivamente una reconversión de la juventud de estos países y esa es nuestra tarea. Entonces, trece mil es un montón y ha hecho muchísimo pero necesitamos cientos de miles. ¿Cómo llegar allá? Falta y entonces son un montón de cambios que nos deben llevar allá.

Como usted decía, un montón de empresarios exitosos han pasado por las aulas de INCAE,  ¿Cuál creería usted que serían los 3 atributos que son el común denominador de todos ellos?

Yo diría que el número uno es que son ambiciosos, entran porque tienen sueños y normalmente no es de plata, es de hacer algo, con lo que viene plata, es construir empresas, “imagínate si logramos hacer tal cosa”, eso sería para mí la primera. La segunda, de los exitosos por lo menos, es que todos tienen una mente geográficamente grande, nunca ven solo su país como el mercado o como el lugar de hacer negocios  si no como mínimo la región. Si te tuviera que decir una tercera, la tendría debatida entre dos, y no sé cuál sería más importante. Yo veo a la gente exitosa pragmática y súper trabajadora, no son empresarios de fin de semana o sea tal vez jueguen golf pero no es que juegan golf de ocho a once y van 3 horas al trabajo si no que es gente que se apasiona por lo que hace. Pero por otro lado son pragmáticos, yo no conozco ningún empresario que ha tenido éxito que le ha ido bien siempre, todos los días de su vida. Todos tuvieron grandes golpes, todos, y todos cuando se sentaban y chocaban contra la pared lo que hacían es dar la vuelta aprender del error y seguir, entonces un pragmatismo de aprender de cuando te va mal. Yo diría que una de esas dos sería mi tercera, un empate.

Según su experiencia, ¿cree que los líderes nacen o se hacen?

Ambos, aunque yo diría que todos nacemos. No conozco a ninguna persona que bajo una circunstancia no podría ser un líder. La persona más tímida del mundo puede serlo. Cuando yo era joven en la Universidad, estaba en un brigada de bomberos de voluntario y ahí había gente que tu decías “no va a liderar nada”. Cuando en un momento dado hay un incendio de una cosa química donde tú decís “Nos vamos a quemar” y el “nerd” que no decía nada dice “dame chance” y se mueve y organiza todo. El tipo en 5 minutos dice “esto es lo que puede pasar y esto es lo que tenemos que hacer”, “usemos espuma” o “usemos agua”. Entonces sí, eso es liderazgo. Yo no he conocido nunca a nadie que no tenga el potencial de ser líder bajo ciertas condiciones, nunca. Aunque sí creo que es una decisión, y en ese sentir es parte del “se hace”.

INCAE cuenta con un reconocido Centro de Liderazgo para la Mujer, que pone en evidencia el especial compromiso de su institución en tomar en cuenta a las mujeres, históricamente minoritarias en MBA. ¿A qué cree que se debe esta leve participación?

En INCAE la mujer siempre fue una minoría, pero hay que decir que siempre hubo mujeres, desde los años sesenta. ¿A qué se debe la poca cantidad de mujeres en MBA? Lo que la evidencia parece indicar es que es una combinación de características del ambiente, con motivaciones de las personas. El ambiente en trabajos ejecutivos requiere alto involucramiento, disponibilidades de todas horas; un montón de cosas que no son compatibles con el rol tradicional de las mujeres como jefas de familia. Incluso mujeres que trabajan, que tienen un MBA, y que dejan de trabajar para ser madres, cuando tratan de regresar, su carrera no va donde ellas la dejaron. Entonces, se encuentran en un panorama donde otra gente ya entró y ya no tienen posibilidades de promoción. Entonces, uno, el ambiente parece no ser conducente a que se pueda combinar maternidad y vida familiar, con la vida profesional. La segunda explicación son las mujeres mismas. Cuando se enfrentan a una decisión de vida, ellas valoran otras cosas más que solamente la vida profesional.

¿Qué está haciendo INCAE para atraer mujeres?

Por ejemplo, damos descuentos a parejas. Porque una mujer que trabaja y casada con un hombre profesional, es más probable que haga un MBA si es un proyecto de ambos, a si solo es un proyecto de ella. Nosotros tenemos la meta que 50% de nuestros estudiantes sean mujeres para el 2014. Estamos alrededor de 40% pero todavía nos falta. La otra cosa que estamos haciendo es hablar del tema: que la gente se de cuenta de lo que se está perdiendo.

Usted es investigador asociado del Instituto para la Estrategia y la Competitividad que inicia el profesor Michael Porter en Harvard. El profesor Porter es un gurú en la estrategia empresarial y en los últimos años conocido por la noción de “valor compartido” (shared value) en el tema de Responsabilidad Social Empresarial. ¿Cuál es su opinión sobre el valor compartido? ¿Es realizable este modelo? Y por su experiencia, ¿qué piensa sobre la Responsabilidad Social Empresarial en Centro América?

Definitivamente el concepto de valor compartido es absolutamente viable. Es una conceptualización que Porter hace de observaciones, a partir de empresas que han hecho cosas que en su opinión,  y yo concuerdo con él, realmente estratégicas bajo lo que se ha llamado hasta ahora Responsabilidad Social. De hecho la critica que él hace es que bajo el término responsabilidad social, se listan iniciativas corporativas que van desde la purísima filantropía hasta cosas muy estratégicas que caerían dentro de lo que es valor compartido.

Él propone esta categoría más conceptual para diferenciar entre  lo que es estrategia y filantropía. La filantropía es importantísima, sobre todo para situaciones urgentes, como las que está pasando El Salvador estos días. Hay gente que necesita que otras personas altruistamente –literalmente- regalen recursos. Pero lo que Porter propone es algo que realmente estratégico para la empresa. El valor compartido es cuando la empresa hace algo que le genera valor económico para la empresa, para sus accionistas y a la vez que genera valor positivo social. En Centro América creo que aún hay muy pocas. La mayoría son empresas que hacen programas de donaciones, filantrópicos.

¿Entonces no existe “valor compartido” en Centroamérica?

Esto ha venido cambiando.  Más empresas comienzan a conectarse y se enfocan en cosas donde crean valor para la sociedad, creando valor para ellos mismos. En Costa Rica hay una empresa que tiene un programa muy sofisticado de reducción de uso de agua porque para ellos el agua es un insumo para producir sus bebidas. Incluso hay cosas en las que INCAE está involucrada.  Venimos algunos años trabajando con Expreso, la compañía que produce estas capsulitas de café para trabajar con sus proveedores en desarrollar un modelo de negocios más sostenible.

¿Sería que la filantropía es más a corto plazo y no necesariamente le va a producir un beneficio a la compañía y responsabilidad social le produce un beneficio tanto a la compañía como a la sociedad?

Exacto, más que poca plata es que no tiene esas dos dimensiones. Hay que llamar “al pan pan y al vino vino”. A lo que es más estratégico llamarlo estratégico, y a lo otro llamarlo la filantropía, que está bien.

¿Cómo analizaría usted la educación salvadoreña y qué se debería hacer o en qué se debería invertir para dar el salto al desarrollo así como hizo Singapur hace décadas?

En el caso de El Salvador hay varias cosas. Hay un tema todavía de acceso: no todo mundo termina el colegio. Lo que El Salvador necesita hacer para invertir en su futuro es lograr que el 100% de los jóvenes termine secundaria y tenga  mejores oportunidades para su vida.

Un segundo tema es que tenemos muchos jóvenes que dejan el colegio y entonces tenemos una masa de ciudadanos que, no habiendo terminado la educación formal, están allá afuera. Hoy en día, a diferencia de hace diez años y gracias a la tecnología, estar desterrado del sistema formal, no significa estar afuera de alcance. De hecho, los indicadores de El Salvador en los índices de competitividad del Foro Económico Mundial muestran índices limitados en el proceso formal pero califican mejor la capacitación vocacional, donde entra mucho la empresa privada. Es interesante porque parecería que El Salvador sí tiene algunos mecanismos de entrenar mejor que el sistema formal de educación. Cobertura hay que darles a todos pero, para los que no existe, el tratamiento remedial también tiene que tener un espacio.

¿Le parece que una integración centroamericana sería algo a que aspirar para el desarrollo de Centroamérica? ¿Qué ventajas o que desventajas ve en un proyecto así?

A mí me parece que es crucial, básicamente porque somos un área muy chiquita y un mercado muy pequeño para ser seis países distintos. En los países que tienen movilidades amplias como Estados Unidos, la Unión Europea, la India, si uno nace en una área rural de la India pero tiene talento, en principio nadie le impide moverse adonde ese talento es valorado. Si uno está dispuesto a hacer un esfuerzo y es muy buen estudiante, termina en un instituto de tecnología en otra ciudad mucho más lejos y pueden conseguir trabajo en cualquier empresa de la India. Eso no pasa en Centroamérica, y ahí son 1,200 millones de personas, aquí somos 40 millones. Pero aquí, si uno nace en un pueblo pequeño de Honduras, las posibilidades de llegar a un colegio técnico en El Salvador son cero porque no puedo cruzar la frontera. Una integración es fundamental para mejorar  el bienestar de las personas, incluso para las que están mejor.

¿Y a nivel comercial?

También necesitamos mayor integración para el comercio. Digamos, una empresa pequeña que tenga un producto interesante hoy en día es prácticamente imposible, es demasiado caro mover productos lejos alrededor de la unión. ¿Quiénes mueven los productos alrededor de la unión?  Wal-Mart, porque tiene la escala para tener un departamento de 30 personas para lidiar con todas las trabas, cobros en aduana, fronteras. Para una empresa pequeña, es imposible.  Una empresa pequeña en Estados Unidos tiene 300 millones de consumidores enfrente, una empresa de El Salvador tiene seis. No tiene a los otro veinticuatro en la región, pero están ahí y nos parecemos.

En su discurso del informe de seguridad ciudadana en Costa Rica en el año 2008 usted afirmó que el problema de la delincuencia es un problema de país, de la sociedad en general y no de un sector en particular.  Esto puede ser aplicado a los demás países de la región.  ¿Cuál es en su opinión el nivel y la calidad de la articulación de los diversos actores de la sociedad ante este problema?

Bueno, no quiero ser demasiado duro pero yo creo que en este momento del año 2011 en Centroamérica  hemos llegado a un punto de que estamos todos en un grave problema.  Es un problema muy grande en todo el triángulo norte pero está claro que de Nicaragua para abajo no están inmunes. Hay una conciencia importante de que el problema es regional, no solo nacional. Tenemos otros problemas que se comparten como la pobreza y la falta de educación, la realidad de las drogas; todo derivado de una realidad socioeconómica.

Dicho esto todavía no veo a los actores que tienen que estar articulados, articulándose.  Todavía no veo a los gobiernos trabajando de la mano de una forma estratégica.  Al menos que hagamos algo realmente importante en esa dirección regional, lo que estamos haciendo es tapando la hemorragia pero no curando la persona. Entonces solamente enfocarse en las guerras en contra del delito, que es importante, no resuelve el delito. En Colombia lo que hizo fue mover el problema del narcotráfico hacia Venezuela y hacia nosotros. El éxito de México es similar. No quiero ser todo negativo: veo poca articulación pero veo mucha más que antes. Como sociedad, como ciudadanos, necesitamos coordinar, no solo quejarnos, sin eso no veo cómo lo resolvamos.

¿Estaría usted de acuerdo en la despenalización de las drogas, o algunas de ellas, como una medida eficiente para combatir el narcotráfico y la violencia?

Personalmente sí. Es algo que vale la pena intentar. Puedo ver lo difícil que eso es, pedirle por ejemplo a Estados Unidos que despenalice las drogas, es algo que parece costarles muchísimo. Son los consumidores por excelencia del mundo, bueno Europa también por supuesto, y sin embargo les cuesta aceptar ciertas realidades.

No hay que estancarse en posiciones ideológicas, hay que ser más pragmáticos. Entonces, si uno pone un poco más de un análisis más pragmático y más enfocado en el bienestar de los centroamericanos: ¿cómo les está dañando? Centroamérica no es un gran consumidor de drogas, todavía, es más una zona de paso. Ahora, hay efectos de ese paso sobre el bienestar de los ciudadanos. Me enfocaría en cómo cambiar ese efecto negativo, y si despenalizar algunas cosas contribuye a que sea menos el daño, yo personalmente creo que es algo que habría que intentar. Reconozco lo difícil políticamente de hacer eso, pero creo que como sociedad deberíamos estar dispuestos a intentar algunas cosas.

¿Cómo se podría aplicar en El Salvador una despenalización en la región?

Yo no soy un experto para decir exactamente cuál podría ser el programa. De hecho, aunque conozco un poco más el tema de despenalización, hay que entender que no es penalizar o despenalizar, es cambiar el enfoque de un problema criminal a un problema de salud. Es dejar de ver a la persona adicta (por ejemplo, en el caso del consumo), como un criminal y comenzar a verla como una persona que tiene un problema de salud. Los países europeos que han hecho ese cambio, no es que despenalizan solamente, sino que toman un enfoque diferente.

Eso, sin embargo, aplica menos a Centroamérica en el sentido de que la adicción no es el problema principal. El problema aquí es el tráfico y es el efecto institucional del tráfico, entonces aquí lo lógico sería despenalizar el tráfico de drogas, que son otros cien pesos, porque ahí tenemos un problema político adicional: que es que un país como los Estados Unidos, que es adonde el tráfico se dirige, se opone fuertemente. Cualquier solución de este tipo, fuera del paradigma actual, requiere que Estados Unidos sea parte de la conversación.

Tiro al plato

Arturo Condo: Híjole, me fregaste… Alguien con ganas

INCAE: Una cuna de líderes

El Salvador: Un país con enorme potencial

Centroamérica: Una región que debería ser una sola cosa

Negocios: El principal motor de generar riqueza y bienestar

Política: La única forma de organizarnos como sociedad

Jóvenes: El futuro, la única esperanza. Las generaciones que lideran ahorita no lo han hecho, la única esperanza, en un sentido no filosófico sino práctico.

Michael Porter: Un líder intelectual a nivel mundial que le importa mucho el impacto de lo que sus ideas pueden tener.

Si en este momento tuviera la audiencia de todos los jóvenes salvadoreños, ¿qué les quisiera comunicar?

Que no sigan recetas que nadie les quiera vender. Realmente estamos en un momento en que las soluciones a los problemas de El Salvador nadie las tiene. Los jóvenes, de todas partes, de El Salvador también, no tienen a quién seguir. Los líderes de las próximas dos décadas tienen que venir de gente entre 25-35 años y de ahí va a venir. Dejen de buscar afuera y comiencen a buscar entre estos jóvenes soluciones a todo lo que les importe.

*Jefe de Entrevistas

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