Deportes

17 Nov 2014
Deportes | Por: Gerardo Ayala

Entonces, ¿cuál es la diferencia?

El salvadoreño es trabajador y guerrero por naturaleza, pero no hace falta más que un poco de fama para cambiar las cosas.

Sí, la Selecta mayor perdió nuevamente ante Panamá. Ahora, la frase popular fue “una lástima” que declaró Albert Roca una vez finalizado el partido. No se lamentaba por el mal desempeño ni tenía intenciones de criticar a sus jugadores. Se lamentaba por los errores de siempre a los que ya nos tienen más que acostumbrados. Lo que se puede decir es lo de siempre: errores defensivos, fallos en la defensa, en fin, la historia que todos ya conocen pero que todos creen cada año.

Es difícil hablar sobre lo sucedido y sobre el rumbo que la selecta podrá seguir en las futuras competiciones. Hay que destacar que tuvieron un buen arranque ante Colombia y Ecuador, que son selecciones con buen prestigio a nivel mundial. Sin embargo, es aquí donde se cae en las preguntas de siempre y en los buenos arranques, pero en la poca continuidad de los buenos momentos. El Salvador está más preocupado en otras cosas que en analizar las razones por las cuales la Selecta volvió a perder un partido ante un rival que parecía de su mismo nivel.

Una de esas cosas por los cuales los salvadoreños están más pendientes es justamente por la otra cara de la moneda. Hay otras ramas que están dando nombre al deporte nacional y nos han hecho de un lugar a nivel internacional. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre cómo El Salvador brilla en otros deportes y no en el fútbol once? La respuesta puede parecer más sencilla de lo que uno piensa. ¿Qué tienen en común, por ejemplo, los seleccionados de fútbol playa con los recientes ganadores en los juegos de Veracruz? En primer lugar, ninguno es el foco de las cámaras de la televisión nacional. Son jugadores y deportes que se pasaban completamente por alto en el país. Y es justamente eso lo que provocaba que quienes practicaban esos deportes se centraran en realizar un excelente trabajo y no en cobrar su salario o quedar bien ante las cámaras. El salvadoreño es trabajador y guerrero por naturaleza, pero no hace falta más que un poco de fama para cambiar las cosas.

Es importante destacar que sí hay excepciones y jugadores que conservan su integridad a pesar de las diversas situaciones. Pero sí es de aclarar que, por ejemplo, hasta el día de ayer la mayoría de salvadoreños nunca habían escuchado hablar de Marcelo Acosta, quien se agenció una medalla de oro en natación en los juego de Veracruz. O, hasta el 2012, pocos sabían quiénes eran cada uno de los jugadores de fútbol playa. A excepción del Mágico González, ningún jugador ha brillado en el fútbol once a pesar de que toda la atención nacional está centrada en este deporte. Es así como el verdadero atleta salvadoreño se desarrolla en otros campos que en la mayoría de ocasiones pasan por alto para todos los aficionados.

Se requiere de un trabajo íntegro y en conjunto. Es necesario brindar el apoyo que se merecen a los atletas que destacan en otros deportes. Tienen el talento y el compromiso, pero no el apoyo de la gente ni de las autoridades. Ya hay que dejar de buscar a otro Mágico González, ya se encontró a un Tin Ruiz. Estoy seguro de que con el apoyo necesario se encontrarán más estrellas de este tipo en otros ámbitos. La única manera de obtener resultados distintos es haciendo cosas distintas; ya es tiempo de empezar a cambiar las cosas.

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