Colaboradores

6 Dic 2015
Colaboradores | Por: Rocío Rivera

Yo almorcé con “el diablo”

Inició con sus cartas credenciales: había sido el segundo al mando de la M18, después de El viejo Lin, le llamaban “El Diablo”, “No se imaginan todo lo que hice para ganarme mi nombre, ahora me arrepiento, hice cosas malas para llegar a ser el segundo” nos dijo con una voz serena y mirada profunda, yo apenas podía tragar…

Era jueves y llegaba como de costumbre a la Fundación Vínculo de Amor. Hacía el año 2008 y no tenía la menor idea de cómo iba a cambiar mi visión sobre las pandillas esa tarde. El director de la Fundación, que además dirigía otra ONG encargada de reinsertar a la sociedad a ex pandilleros en etapa de confianza, me presentó a Edgar, quien estaba en este programa; un hombre moreno, fornido, de edad media, tatuado de brazos y cara. Fijé la vista en el 18 que abarcaba el alto de su cuello pero rápido volví la mirada tratando de disimular mi temblor al darle la mano consiguiendo que un “mucho gusto” con voz trémula y apenas audible saliera de mi boca.

Ante el “hoy comeremos juntos” del director, no supe cómo excusarme a pesar de lo incómodo que me resultaba. Después de la bendición de los alimentos comenzó a narrarnos la historia de su vida en un ambiente afable y entre el “tome, aquí está el arroz…me pasa la ensalada”, algo más bien surrealista para una nutricionista clínica que pretendía evaluar niños desnutridos ese día.

Inició con sus cartas credenciales: había sido el segundo al mando de la M18, después de El viejo Lin, le llamaban “El Diablo”, “No se imaginan todo lo que hice para ganarme mi nombre, ahora me arrepiento, hice cosas malas para llegar a ser el segundo” nos dijo con una voz serena y mirada profunda, yo apenas podía tragar…

Edgar tenía 8 años cuando se fueron con su madre y hermano mayor a los E.U. huyendo de la guerra. La madre y el hermano eran drogadictos. Vivió en el este de Los Ángeles, CA, en el área de 18th street, de donde evidentemente provenía el nombre de la pandilla. Explicó que de niño nunca le hablaron de valores, ni de Dios, “¿cual amor?” enfatizó; creció en la calle, y después de hacernos una reseña sobre el origen de las pandillas de la mafia mexicana y de contarnos sobre sus 27 códigos de obediencia en un impecable inglés, prosiguió contando que se unió a la M18 a los 13 años, de la cual formó parte casi 2 décadas. Pasó una gran parte de su vida en cárceles y dijo ya sentirse cansado. Había compartido celda los últimos 3 años en el Penal de Zacatecoluca con Carlos Mojica Lechuga, alias el viejo Lin.

Lo más impresionante e inesperado fue escuchar su cambio de vida: se habían peleado con su compañero de celda y no se hablaban, era Domingo y prefirió salir para unirse a un grupo evangélico que visitaba el penal que quedarse en la celda de pocos metros en un ambiente de insoportable tensión. Mientras el grupo alababa, “sintió algo que le hizo doblar rodillas y caer al suelo llorando como niño” fue allí que comenzó su conversión que duraría casi un año, en el que se dedicó a estudiar la biblia, hasta convertirse en predicador. Su primera prédica la hizo desde la cárcel y eligió la carta de San Pablo a Timoteo (1ª.Tim 1, 12-14), pasaje que nos recitó de memoria.

Recalcó que sólo pudo dejar la pandilla porque era de un alto mando, pero si un miembro cualquiera trata de dejarla, no lo dejan. Ya para esas alturas, ni le veía los tatuajes, lo escuchaba casi sin parpadear.

Habló también sobre El viejo Lin, líder de la Pandilla18, que creía que “Jesucristo ya nos había salvado y no importaba lo que hiciéramos, solo bastaba con arrepentirnos y pedir perdón unos minutos antes de morir”, que había sido guerrillero durante la guerra y le tenía un odio especial a ARENA y que se la pasaba leyendo en la cárcel.

Así concluyó esta comida con el que una vez fue el diablo, pero para ese entonces vivía modestamente con su señora e hijas. De forma inesperada, este ex-pandillero, moría unos días más tarde abatido a balazos por sus mismos compañeros cuando venía de dar su testimonio en una escuela.

Quizás se cumplió el proverbio: el que a hierro mata a hierro muere, pero yo comprendí que por la falta de educación, por provenir de familias disociadas, por falta de valores, de Dios y de amor, es que éste fenómeno social va más allá de ser una estructura de Crimen organizado o delincuencia común. El problema de la violencia y la criminalidad cobra la vida de un promedio de 22 salvadoreños por día. (según datos de Sep. y Oct. de Medicina Legal, publicados en EDH, 4 Nov. 2015)

Por definición una pandilla proporciona amistad, compañía, solidaridad, apoyo mutuo, y permite encauzar y expresar las energías vitales de los jóvenes. Habría que buscar sucedáneos, invertir en educación, en valores, en deportes. Fracasados planes mano dura, super mano dura, mano amiga y la tregua nos deberían llevar a apostarle a la educación como afirmó el director de Medicina Legal Dr. José Miguel Fortín Magaña “No se debe dialogar con criminales. Educación con valores”, el desafío es además buscar modelos exitosos de rehabilitación y reinserción.

18 Nov 2018
¿Qué hay detrás de los resultados de la PAES?
Colaboradores | Por: Walter Iraheta

¿Qué hay detrás de los resultados de la PAES?

11 Nov 2018
Comunidad El Espino, el reflejo de la desigualdad
Colaboradores | Por: Lourdes Hernández

Comunidad El Espino, el reflejo de la desigualdad

11 Nov 2018
¿En verdad el aborto es para el bien de la mujer?
Colaboradores | Por: Andrea Marroquín

¿En verdad el aborto es para el bien de la mujer?

27 Oct 2018
El rostro del mundo del siglo XXI
Colaboradores | Por: John Guzmán

El rostro del mundo del siglo XXI