Colaboradores

12 Ago 2018
Colaboradores | Por: Rodrigo Mundo

¿Y si mandamos la basura a la LUNA?

Un poco de contextualización MUY MUY breve: El Salvador es un botadero a cielo abierto de más de 21, 000 Km2. Nos estamos ahogando entre nuestros mismos desechos sólidos.

¿Y de ahí qué? ¿Qué hacemos con el mayor problema: ¿el plástico? ¿Lo mandamos a la Luna?

Seguramente no soy la primera persona que se le ha ocurrido esta idea. Pero pensado más seriamente, ¿Y si lo metemos bajo la alfombra? ¿O lo enterramos? ¿O lo mandamos al fondo del Mar?

Antes de analizar estas opciones, veamos cuál es el problema real de los desechos plásticos: ¡Son demasiados perfectos! Químicamente hablando son estructuras tan estables que ningún ser vivo es capaz de descomponerlos para utilizarlos como alimento. Por otro lado, la incineración es la forma más factible para países en vías del desarrollo, convirtiéndolos en una fuente de energía. La mayoría de los plásticos puede descomponerse en dióxido de carbono (CO2) y agua. Y aunque el CO2 sea un gas de efecto invernadero, este es extraído de la atmósfera cada segundo por plantas.

El problema radica en que si además de solucionar el “asunto” de los desechos plásticos, también quisiéramos reducir nuestro impacto en el calentamiento global; tendríamos que emitir menos CO2 que el que nuestros bosques pueden secuestrar.

¿Y cómo hacemos eso a corto plazo?

¡Mandando los plásticos a la luna! (por un tiempo). Aunque una opción aún más viable que invertir en expediciones espaciales seria asegurar el recurso en formas que, sin afectar los ecosistemas, estén disponibles para el momento que sean necesarios.

Como ya es sabido por muchos (¡pero no por eso ha pasado de moda!); el problema principal del plástico es su incidencia en los ecosistemas, por lo cual almacenarlos en lugares que “no afecte a nadie” es la mejor solución a corto plazo.

Necesitamos una manera compacta de almacenar desechos plásticos, pero sin reducir su vialidad de reciclaje/combustión actual. ¡He aquí el dilema!  Sólidos compactos poseen una menor relación Superficie/Peso, lo cual los vuelva aún más de interés a cualquier proceso fisicoquímico.

Una solución casi milagrosa son los ECO LADRILLOS. La idea es compactar bolsas plásticas y demás plásticos flexibles dentro de recipientes robustos que nos permitan contenerlos por un periodo de unos 50 años, pero que sean fácilmente extraíbles para su procesamiento.

¿Un contenedor física y químicamente fuerte? ¿Qué tal las botellas de refrescos carbonatados? Las botellas de refrescos son una de las obras de ingeniería más importantes de la historia. Empezando por el diseño de los taparroscas, son capaces de contener tanto liquido como gas a altas presiones.

Matando dos pájaros de un tiro. ¡O hasta tres!

Al compactar los plásticos poco densos de botellas, el impacto estético y hacia los ecosistemas se reduce en gran medida. Por otro lado, al asegurarnos que no sean incinerados, contribuimos a detener un poco el calentamiento global. ¿El tercer pájaro? Los eco ladrillos pueden utilizarse en diferentes proyectos de construcción tales como muros perimetrales, bancos, etc.

 

 

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