Colaboradores

26 Mar 2016
Colaboradores | Por: Andrés Carranza

¿Y el respeto?

Una tempestad incesable atormenta aquel país de fértiles campiñas. Los tambores de un estado fallido se escuchan a una distancia preocupante. La esperanza de una tan esperada primavera se esfuma.

Son más las gotas de sangre, que las de lluvia, alimentando nuestras tierras. El país está de luto. Sus hijos caen, como dominós, en el campo de batalla. El miedo caza a un pueblo laborioso. La incertidumbre invade a sus familias y juega con su pan de cada día. ¿Qué nos habrá llevado a tocar fondo en esta fosa abismal?  En medio de tanto dolor y muerte, es conveniente reflexionar sobre los valores que están escasos en nuestra sociedad, y particularmente en nuestros gobernantes. La lista se resume a uno: el respeto.

En El Salvador se ha perdido el respeto a la vida humana. Los asesinatos son meramente estadísticas, algo que se da por añadidura en nuestra vida cotidiana. La empatía y el consuelo se han vuelto nuestro último recurso; mas en realidad somos imponentes espectadores. Las masacres ocurren, las extorsiones incrementan, nuestra juventud emigra, nuestro país se desbarranca. Y cuando nos preguntamos donde están aquellos gobernantes con quienes firmamos un contrato social a través de la democracia, en el cual prometieron velar por nuestro bienestar, se nos vacía la mente. Nuestros “líderes” se esconden sigilosamente en sus residencias recién adquiridas. Se reúnen misteriosamente en sus círculos. Mientras la ciudadanía gime dolor, ellos la bombardean con propaganda antagónica a la realidad nacional. Mientras las familias velan a sus seres queridos, ellos negociaban con los perpetuadores de dichos crímenes; concediéndoles favores, financiados con nuestros impuestos, por supuesto. Cuando el país se conmociona ante la masacre de sus seres, quienes no debían nada más que su deseo de superación, ellos abandonan el país, honrando el parasitismo ideológico que domina sus acciones y prioridades. Cuando la libre prensa les cuestiona legítimamente, estos la acusan de desarrollar una campaña de desestabilización, o golpe suave, como dicen. Si nos alarmamos por las cifras de crimen, somos exagerados y tenemos problemas de percepción. Los negocios cierran, el trabajador es pisoteado y nuestros gobernantes no hacen mucho.

El “respeto respetuoso” que en algún momento nos llenó de risa, ejemplifica el problema. Tenemos líderes que tanto a lo largo de su pasado, como en la actualidad, no tienen respeto al prójimo. Líderes que reinan por su indiferencia y desactualización con la realidad de su pueblo. Líderes que le dan prioridad a agendas propias y no tienen interés alguno en solucionar los problemas nacionales. Ya que este es el caso, dichos gobernantes no sienten ni el más mínimo respeto por el pueblo que ellos representan. Al no querer buscar soluciones, se vuelven parte del problema, y perpetuadores de más sufrimiento. No respetan su cargo ni el sistema que los puso en él. No respetan el luto que ellos, con su ineptitud, han contribuido a causar. Al negarse a admitir que hay un problema, ignoran a todos aquellos compatriotas que han sido víctimas. Maquillar esta situación tan crítica, no hace más que hacer esta crisis un objeto electoral. Sin embargo, la vida humana no es un juego y tampoco es cuestión de votos.  Esta idea no se limita a una sola bancada de gobernantes, pero le corresponde al gobierno de turno, que claramente ha empeorado la situación, tomar acción.

El respeto es piedra angular en el funcionamiento y la efectividad de un gobierno. Define las intenciones que este tiene y el subsecuente rumbo que tomará. Si un candidato no muestra, tanto en su pasado como en el presente, que el respeto es parte integral de su persona, este debería de ser inelegible para cualquier cargo público. No es cuestión de abolir partidos políticos, como muchos lo pintan, sino de exigir que estos estén integrados por individuos que valoren al prójimo. Los únicos que pueden hacer eso somos nosotros, la sociedad civil, a través de una constante presión y castigo, a aquellos que lo merecen, en las urnas. El problema de la seguridad es muy complejo, pero se puede comenzar a solucionar teniendo gobernantes que respeten la vida y dignidad de aquellos que representan.

 

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