Colaboradores

1 Abr 2017
Colaboradores | Por: Alejandra Machado

Volvamos a la agricultura y crezcamos como país

Hasta finales de los años setenta, el sector agropecuario era uno de los elementos principales que mantenían a flote la economía salvadoreña gracias a la producción y exportación de diferentes productos, entre ellos: el añil, algodón y café. La fertilidad de este sector y su auge era tan importante que generaba aproximadamente el 25% del Producto Interno Bruto (PIB), traducido en más del 50% de empleos en todo el país.

El éxito a gran escala de la agricultura y la agroindustria fue decayendo a partir de los años setenta, debido a diversos factores que se fueron presentando a lo largo de la historia, como, por ejemplo: la incertidumbre que se generaba por el estallido de un conflicto armado; las nuevas reformas que se presentaron; la pérdida del capital humano por las migraciones; entre otras. Lógicamente, se convirtió en un sector que se fue dejando poco a poco de lado, por lo que perdió la fuerza que le caracterizaba. Ahora este sector solo aporta menos del 13% del PIB, alcanza a cubrir solo el 20% de los empleos en el área urbana y el 40% del área rural.

Actualmente como consecuencia de la migración, las remesas del extranjero hacia El Salvador son una parte sumamente importante de las bases de la economía del país. Se han convertido en el 17% del PIB. Tanto que, según datos del Banco Central de Reserva (BCR), se recibieron un aproximado de 4 mil 576 millones de dólares en el año 2016. Este fenómeno es sumamente delicado dentro de la economía de un país, ya que al no ser un país productor, ni con los suficientes recursos naturales para explotar o ser autosostenible, al depender de los ingresos de otro país, si en algún momento surgen nuevas políticas, leyes o las relaciones entre los países se ven dañadas o afectadas en cualquier aspecto, automáticamente la economía se vendría abajo y, como consecuencia, El Salvador se vería sumergido en una crisis. Aún más de la que actualmente posee.

Pero, estos ingresos aún no son suficientes, ni con las contribuciones o impuestos que día tras día salen a la luz; si no que para lograr efectuar diversos proyectos, por ejemplo: el país se vale de numerosos préstamos financieros, los cuales generan un enorme número en rojo, como déficit. Convirtiéndose la deuda externa considerablemente mayor que lo que produce el país.

A la agricultura y agroindustria se le ha dejado de un lado, se ha descuidado al pasar de ser uno de los mayores ingresos a la economía del país y generadora de numerosos puestos laborales hasta llegar a ser un sector que no recibe el apoyo por parte de aquellos encargados de las decisiones del país. Nuestros gobernantes. Con una economía como la de El Salvador, con un déficit y una necesidad urgente de producción, y con la ubicación geográfica más que adecuada para ciertos cultivos, si se dirigieran más fondos al crecimiento y sostenimiento del sector, se podría aumentar el aporte que brinda a la economía del país.

Los jóvenes, por otro lado, también ya no se involucran en estas áreas, ni muestran interés, aunque haya universidades y escuelas que se dediquen a la formación de expertos en dicho sector. Este sería otro proceso en el que se deberían enfocar esfuerzos, en volver a hacer de esta área laboral más atractiva. Se daría un incremento progresivo a favor de la economía, mejores salarios, más empleos. Todos ganamos.

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