Colaboradores

6 Nov 2014
Colaboradores | Por: Ricardo Hernández

Véalo desde otro ángulo, Ministro Canjura

Voy a narrar un caso real que sucedió a unas compañeras docentes en Soyapango.

La seño Tanchito, una docente graduada en el año 1999 con el título de profesora de parvularia y que trabajó en dos colegios privados hace un par de años, aplicó recientemente a una plaza docente del sector público. La seño Tanchito es una maestra a quien continuamente se le llamó la atención en su último trabajo por su poca higiene personal y su bajo desempeño docente en el aula. Constantemente, los padres de familia se quejaban de su trabajo y mantenía relaciones conflictivas con otro grupo de docentes en el mismo colegio.

Al final, la seño Tanchito fue cesada de su empleo, pero a los pocos meses, luego de haber concursado por una plaza docente del sector público, fue asignada a un centro de educación parvularia de Soyapango, gracias a su año de graduación y su cercanía al centro educativo. Ahora, imaginémonos qué clase de trabajo irá a desarrollar la seño Tanchito a esa escuela.

Por otra parte, Kathya una docente que se graduó en el 2007 como profesora y en 2009 como licenciada de parvularia, tiene el nivel 1 del escalafón magisterial. Ha trabajado en instituciones privadas de prestigio, destacándose por su laboriosidad y mística de trabajo. Kathya en este momento está cursando un posgrado en una universidad privada. Ella aplicó para una plaza docente en parvularia en la misma escuela de Soyapango, donde la seño Tanchito ganó la suya, pero por su año de graduación, o porque vivía en Mejicanos, predominó la solicitud de la seño Tanchito. Este es un caso que se repite constantemente.

Es decir, podemos suponer que para el MINED poco importa la preparación y el buen desempeño de los maestros exitosos en el sector privado. Poco importa investigar la clase de recurso humano que acepta en las escuelas públicas. Para el MINED, lo primordial para asignar una plaza pública, es el requisito de la especialidad, la antigüedad del año de graduación y la cercanía del docente al centro educativo, entre otras cosas.

 

Claro, con leyes y políticas como éstas, no nos resulta raro encontrar maestros sin mística ni vocación en el sector público, maestros “gangueros”, como se les llama en el gremio, docentes que en lugar de inspirar y motivar con su dinamismo y trabajo, transmiten una cultura de apatía y desgano. A raíz de esto, no nos resulta raro escuchar frases como “hoy cualquiera es profesor”, “profesores haraganes” o “aunque sea de profe estudiá, hijo”. Triste realidad. 

 

Ahora bien, ¿cuánto le importa al MINED atraer y retener a los buenos docentes? ¿Qué oportunidades tienen los buenos maestros en el sistema educativo público nacional? ¿Qué cambio se puede esperar con este tipo de profesionales en las escuelas? El problema no está en la “comercialización” de la educación, como le han asesorado sus allegados, Ministro Canjura. El problema está en la forma de ingreso del recurso humano al sistema público de educación.

El problema radica en que no hay interés en atraer y retener a los buenos docentes formados en las IES privadas y pública. Personalmente, conozco a maestros excepcionales formados en la UES, la UCA, la Univo, el IEESES, la UMA, que sin haber sido formados en una Escuela Normal, poseen una enorme vocación y entrega a la mística docente.

Véalo desde otro ángulo, señor ministro: los malos docentes no duran en los colegios privados, pero sí son muy bien recibidos en las escuelas públicas que, además, cuentan con pocos recursos y apoyo formativo y evaluativo del MINED. ¿Entonces? ¿No le parece que hace falta una reforma de calidad que transforme la cultura educativa en las escuelas y sus mismos mecanismos legales para el ingreso?

Hasta el momento, veo con buenos ojos las propuestas que se están planteando en el Plan Nacional de Educación en Función de la Nación, pero le agradecería encarecidamente que comenzáramos por lo aquí expuesto. 

  • Salvador Chavez

    jjjjjj

  • El Loco Pacho

    La pura verdá.

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