Colaboradores

25 Oct 2013
Colaboradores | Por: Michelle Cerén

¿Vale la pena votar?

Los últimos días se ha hablado mucho de juventud y política, de progreso y futuro, de las esperanzas en las nuevas generaciones. Por ello, me animo a escribir sobre la otra cara de la moneda de la que todo mundo habla, la juventud.

Soy parte del gran grupo de jóvenes que el próximo año le corresponde votar y a unos meses de las elecciones lo que impera no es el patriotismo colectivo sino la indecisión, y no por falta de criterio o voluntad; a la juventud sí le interesa el rumbo del país, sin embargo las noticias de “inconstitucionalidad”, las campañas vacías que presentan los partidos políticos, la decepción que viene de años sin importar quién este al mando, nos hace preguntarnos: ¿en verdad vale la pena votar?

Como ciudadana, me siento comprometida a asistir a las urnas, pero como salvadoreña que si bien es cierto no vivió en carne propia la guerra, que sabe que muchos trabajan de sol a sol sobreviviendo con un dólar al día, que se da cuenta de cómo para algunos la palabra “pobreza” es aquella que les dijeron que tienen que erradicar pero siguen llenándose las manos de billetes y poder, pensar que con mi voto voy a cambiar todo eso, simplemente eligiendo a un representante, es un insulto.

Soy de la generación que poco a poco despierta del sueño en el que los medios y el contexto social nos tenían presos, porque ahora política es mucho más que calcomanías en los carros o banderas en las ventanas: se acabaron los tiempos de esperar en la televisión los resultados de alguna elección. Y no me refiero con esto a que por el hecho de votar soy menos ignorante que antes, pues estoy convencida de que votando no estoy mejorando mi país: la mejor arma que tiene la juventud es la educación y por esta razón me levanto cada mañana pensando que preparándome estoy contribuyendo a que los que vienen más adelante no vivan las desilusiones que mi generación está viviendo actualmente.

Partiendo de esto, dirijo mis pensamientos hacia una realidad preocupante: vivimos en un país donde las carreteras son más importantes que los libros y los mareros viven mejor que los maestros. Quizás cuando esto cambie dejará de existir tanta corrupción, falsas promesas y “amaños”,  dejarán de jugar con un pueblo que lucha todos los días ya no por vivir, sino por sobrevivir. Probablemente a la juventud le falta experiencia, pero nos sobra corazón, y el sufrimiento de toda una nación no  puede pasar desapercibido. No nos podemos quedar de brazos cruzados esperando que alguien más materialice las ideas de progreso, y  verdadero progreso, no solo para el 10% de la población.

Para las próximas elecciones, los jóvenes no vamos a confiar en un candidato, vamos a comprometernos a ayudarnos nosotros mismos para poder ayudar a los demás, a seguir luchando para que un día las cosas no sigan igual, a vencer obstáculos,  porque no somos el futuro; somos el presente que observa, piensa, se prepara y que no se deja vencer por la decepción.

*Colaboradora de MedioLleno

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