Colaboradores

13 Oct 2013
Colaboradores | Por: Fernando Magaña Duarte

Uno no escoge ser pobre

28 de agosto de 1963. Miles de personas se toman las calles de la capital estadounidense en una cruzada por la libertad en contra de la opresión hacia la raza afroamericana. La marcha de Washington fue uno de los eventos que le dio más fuerza al movimiento de Martin Luther King Jr. y, sin duda, captó mucha atención hacia sus intenciones. Es con demostraciones masivas como la marcha de Washington con lo que se crea conciencia hacia un problema en específico.

Hace unos días, me topé con un artículo escrito por el historiador estadounidense Howard Zinn. En este, él proponía una idea diferente: actos de desobediencia civil liderados por los pobres. Recordé entonces el movimiento de King y la marcha de Washington. Recordé cómo creó conciencia en la mente de todos los estadounidenses y cómo eventualmente ayudó a terminar con la segregación de los afroamericanos.

Al parecer, en El Salvador eso es lo que necesitamos. Necesitamos que los pobres salgan a la calle para recordarnos las dificultades con las que se enfrentan día a día. Necesitamos que salgan a la calle y nos cuenten cómo nunca consiguen medicinas, cómo su hijo menor dejó de estudiar para ayudar a la familia, necesitamos que nos recuerden que viven con menos de $1 al día.

La realidad es que uno no escoge ser pobre. Nuestra gente que vive con salarios paupérrimos pudo haber sido cualquiera de nosotros. Creo yo que por haber nacido privilegiados, le debemos mucho a esta gente que no eligió ser pobre. La realidad es, sin embargo, que la gran mayoría de las personas que tiene las capacidades para ayudar al país de forma directa decide no hacerlo ya sea por conformidad o por falta de deseo.

Todos los salvadoreños experimentamos con la pobreza a diario. Es inevitable. Ya sea en los semáforos cuando se nos acercan a pedir limosna o a un lado de la carretera Panamericana donde observamos, de primera mano, como vive la mayoría de nuestra población. Lo triste es que nosotros no hacemos nada.

Y aunque utilicen palabras bonitas para argumentarlo, se los dejo claro: solo trabajar no es una forma directa de sacar de la pobreza al país.

Los privilegiados nunca abandonarán sus privilegios, y están en el derecho de hacerlo. Sin embargo, la inacción y la conformidad hacia la pobreza ya no pueden ser aceptadas. Actualmente, el aparato estatal decide entrar en debates ideológicos en vez de sacar adelante a nuestra gente. Por eso, somos los individuos los que tenemos que tomar acción en estos temas que más influyen en la vida de todos los salvadoreños.

Quizás soy muy joven, poco experimentado o pienso muy utópicamente pero creo que si nosotros nos tomamos los problemas del país, cambiaremos vidas. Por alguna razón se nos dieron privilegios, por algo nacimos en la familia donde nacimos. Nosotros tenemos las capacidades, los recursos para sacar adelante este país, para sacar adelante a nuestra gente con la que compartimos el territorio.

 

Vamos, hagamos algo grande, saquemos adelante a nuestro país.

 

 

* Colaborador de MedioLleno

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